Polarización y gobernabilidad en Cataluña tras el 14-F

Las elecciones del 14-F mantienen el equilibrio existente entre los bloques independentista y unionista, pero nos han dejado tres cambios interesantes. El primero, la posibilidad de una mayoría alternativa de izquierdas, centrada en el eje socio-económico y no en el nacional.  El segundo, el bloque unionista se modera notablemente tras la debacle de Ciudadanos y el crecimiento del PSC. Y tercero, el bloque independentista también se modera, aunque más levemente, tras la victoria mínima de ERC sobre JxC; esto permite al primero asumir el liderazgo del bloque independentista y probar su estrategia de desescalada del conflicto. 

¿Será una legislatura de bloques, como la anterior, o de geometría variable? Cataluña, como la mayoría de las sociedades postindustriales, experimenta altos niveles de fragmentación y polarización. Analicemos cada una por separado. En relación con la primera, más allá del número total de partidos, es útil estudiar el poder de negociación de éstos. El primer gráfico muestra la distribución del poder de negociación de cada partido en el Parlament usando el Índice de Banhaf, que ya utilicé para analizar el panorama nacional tras las elecciones de abril y noviembre de 2019. El índice calcula la probabilidad de cada partido de cambiar el resultado de una votación por mayoría absoluta (68 escaños en este caso) según su número de escaños. Vemos cómo los tres principales partidos poseen el mismo poder de negociación, y cómo las diferencias entre los cuatro escaños del PP o los 11 de Vox no se traducen en índices diferentes. Es decir, cualquier suma entre dos de los tres grandes partidos sólo necesita de uno de los cinco pequeños para obtener la mayoría. 

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El Índice de Banzhaf sólo tiene en cuenta el criterio numérico para calcular el poder de negociación de cada actor, y no otros elementos como la cercanía de preferencias ideológicas o la compatibilidad de temas que remarca cada partido. El nivel de polarización es clave para entender qué partidos pactarían entre si, y las posibilidades que tendría ese pacto de sobrevivir el resto de la legislatura. Uno de los efectos identificados de la polarización es que cuando ésta aumenta, es más probable que se reduzcan la cantidad de coaliciones viables; y, por tanto, que el sistema partidista acabe dividido en una serie de bloques, con vetos cruzados entre sí, y que ningo pueda obtener mayoría por sí solo, como ha sucedido recientemente en Israel.

En Cataluña, tanto un bloque de izquierdas como un bloque independentista tendrían la mayoría. No obstante, el predominio del eje nacional sobre el socio-económico nos invita a pensar que habrá un Gobierno de ERC y JxC, con al menos apoyo parlamentario de la CUP.

Sin embargo, ¿podría esa coalición aguantar el resto de la legislatura? La polarización reduce el numero de alternativas políticas viables, y un cambio en sus niveles alteraría los escenarios de negociación. El siguiente gráfico muestra dos escenarios alternativos, sobre cómo cambiaría el poder negociador de cada partido si mantenemos el numero de escaños necesarios para la mayoría pero excluimos a alguno de los actores de las posibles combinaciones debido a la polarización. En un escenario elimino a la CUP y a Vox, y en el otro, además, a JxC. Los resultados muestran que el poder de negociación de cada actor, pequeño o grande, aumenta de forma casi simétrica conforme excluimos a alguno de los actores. Unos resultados tan ajustados, tanto por la parte alta como baja de la tabla, dificultan la formación de mayorías ajustables en la tradición de la ‘geometría variable. Si un bloque se parte, la única alternativa es prácticamente el otro bloque. 

Un cambio en los niveles de polarización se podría traducir en tres escenarios posibles donde la polarización alrededor del eje nacional se mantiene, disminuye levemente o de forma considerable tras la formación de un Gobierno apoyado por ERC, JxC y la CUP. En los tres escenarios, Esquerra se encontraría en una posición muy ventajosa dado a su carácter casi de bisagra entre los dos bloques.

  • Si la polarización en el eje nacional se mantiene alta o aumenta, ERC liderará un Ejecutivo independentista, seguramente con los mismos problemas de cohesión que tuvo Joaquim Torra. Pero lo lideraría y podría beneficiarse de ello en el medio plazo, especialmente en un escenario de recuperación económica post-pandemia.
  • Si la polarización en el eje nacional disminuyera levemente, ERC podría usarlo para disciplinar a JxC e, incluso, abrirse a los comunes en detrimento de la CUP. Una reducción de la polarización reduce los costes, electorales y reputaciones, que tendría para ERC alejarse del bloque independentista, aun cuando éstos se mantienen lo suficientemente altos como para no cambiar de socios. En cualquier caso, Esquerra puede amenazar recurrentemente a JxC con expulsarlos del Gobierno si no ceden en sus posiciones, esperando que ceda. Más teniendo en cuenta que un nuevo Ejecutivo no debería pasar por una nueva votación de investidura siempre que se mantenga el mismo president. JxC, por su parte, tendría incentivos para ceder pues sabe que, habiendo una alternativa viable dentro del Parlamento, la amenaza de ERC es más que creíble. De hecho, la estrategia de JxC de encallar el conflicto identitario refuerza su poder de negociación al aumentar los costes que para ERC tendría cualquier alternativa. Éste sería, seguramente, el escenario más beneficioso para ERC, pues permitiría una acción de gobierno más cercana a sus verdaderas preferencias, pero presenta un equilibrio incierto y difícil de prolongar a largo plazo; más si tenemos en cuenta las incompatibilidades entre los comunes y JxC.
  •  Si la polarización en el eje nacional disminuyera notablemente, y hasta aumentara en el eje socio-económico, ERC podría cambiar a JxC por los comunes a costa de depender del PSC en el Parlament, pero fortaleciendo su control del Ejecutivo. Esta estrategia sería arriesgada, pues representaría una clara revalorización del eje izquierda-derecha y, además, se enmarcaría en un marco de gobernabilidad en Cataluña a cambio de gobernabilidad en España.

En resumen, la polarización alrededor del eje nacional nos invita a pensar en la formación de un Gobierno del bloque independentista, pero variaciones en los niveles de polarización a corto y medio plazo abren escenarios alternativos cuyo común denominador es el papel central de ERC. 

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