El de la vivienda no es mercado para jóvenes

Es el año 2008. María tiene 22 años. Generación millennial, la de ese humorista entonces desconocido: David Broncano. Se acaba de graduar, justo antes de la caída de Lehman Brothers. En la década anterior había sido una observadora pasiva de la burbuja inmobiliaria. En pleno crecimiento económico y en la España va bien, los jóvenes ya alzaban la voz en aquellas manifestaciones cuya lema era No tendrás una casa en tu puta vida. Y era verdad. En 2008, el cociente entre el precio medio de la vivienda y el salario mediano (aquél del ciudadano que se sitúa justo en la mitad de la distribución salarial) es de 7,84; calculado para un piso de 70 metros cuadrados. Una barbaridad. Casi ocho años de sueldo bruto íntegro para pagar una vivienda. María ha leído que los valores internacionalmente aceptados se sitúan en el entorno del 4. Aunque luego bajó, nunca se ha acercado a esa cifra. Porque aunque el precio de la vivienda se estuvo ajustando hasta 2014, los salarios perdieron poder adquisitivo todo ese tiempo (Gráfico 1).

Gráfico 1.- Precio de la vivienda/salario mediano

Fuente: elaboración propia a partir de datos del Ministerio de Fomento y de la Encuesta de Estructura Salarial del Instituto Nacional de Estadística (esta encuesta es trianual y el último dato es de 2018. Los datos para 2019 y 2020 han sido proyectados a partir de los datos de la Encuesta de Coste Laboral).

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En cualquier caso, en sus primeros años de vida laboral se da cuenta de que la compra no es una opción. Sus primeros ingresos (Gráfico 2) están por debajo de ese salario mediano, se sitúan alrededor del del cuartil primero (el que supera al del 25% de la población): algo más de 13.000 euros brutos al año. ¡Cómo va a conseguir ahorrar el 20% (más gastos) del precio de un piso con su sueldo! Y eso que se puede considerar afortunada, porque nunca ha estado en el paro. En su generación, el desempleo de los menores de 25 años nunca ha bajado del 30% y ha llegado a estar por encima del 50% (Gráfico 3). Además, los bancos ya no dan préstamos sin el 20% de ahorro, como hacían años antes utilizando el truco de sobre-tasar los pisos (sí, eso de inflar las tasaciones para que pareciera que el valor del piso era mayor y, así, poder dar préstamos a personas sin ahorro y con contratos temporales, personas que luego serían desahuciadas). Y no se queja; ahora los bancos hacen mejor su trabajo.

Gráfico 2.- Salarios real mediano y del cuartil 1

Fuente: Encuesta de Estructura Salarial del Instituto Nacional de Estadística (INE).

Gráfico 3.- Tasa de paro de los menores de 25 años

Fuente: Instituto Nacional de Estadística (INE).

No pasa nada, piensa María. Los millennials son positivos y creen mucho en la economía del uso, más que en la de propiedad. La Constitución garantiza el derecho a la vivienda, pero no tiene por qué ser en propiedad. Intentemos alquilar, piensa María. A los millennials no les importa moverse, con lo que el mercado del alquilerni tan mal. Pero entonces, acude a un mercado que no estaba preparado para su llegada y la de sus coetáneos. En 2011, según el Censo de Población y Viviendas (INE), sólo el 14,5% del total de viviendas son en alquiler (10 años atrás no eran ni el 10%). Hoy continúa sin alcanzar el 20%. Durante unos años, la cosa no le fue mal del todo. Con su salario (ya mediano) dedicaba alrededor del 37% de su sueldo a la vivienda; un poco más de lo aconsejable (33%), pero soportable. Desde 2015, cada año es peor. Su sueldo crece mucho menos que el alquiler medio y ahora necesitaría dedicar más del 50% al pago del alquiler de su (ya) ex pisito de 70 metros en su ciudad media. Insostenible. Y se pregunta:¿renuncio a mi ciudad o a un piso de 70 metros? No quiero ni pensar en los jóvenes que cobran un salario en el primer cuartil, tendrían que dedicar más del 70% de su sueldo a mi piso de 70 metros en mi ciudad media (Gráfico 4). ¡Y qué decir del 40% de menores de 25 en paro! Imposible que se emancipen.

Gráfico 4.- Porcentaje del salario que representa el alquiler

Fuente: elaboración propia a partir de los datos de Idealista e INE.

María es un personaje ficticio; o no exactamente, porque su perfil está basado en los datos aquí presentados. Datos de un perfil medio-alto del joven de esa generación, la olvidada; la que era considerada la generación mejor preparada de la Historia; la que ha vivido en un mercado de trabajo disfuncional y precario; la de los sueldos que pierden poder adquisitivo; la que cada año que pasa tiene más complicado tener una vivienda (en propiedad o alquiler).

Según el Boletín Económico 2/2019 del Banco de España, aunque la tendencia hacia un mayor peso del alquiler es generalizada, el grupo de edad en el que ha avanzado en mayor medida es en el de los jóvenes de 16 a 29 años, seguido del grupo de entre 30 y 44 años. Ellos son los que han empujado la demanda. Es evidente que ha acontecido un cambio de paradigma en estos colectivos en cuanto a la importancia de la propiedad. Además, el sesgo impositivo que favorecía la compra de vivienda sobre el alquiler se ha reducido en este periodo debido a los cambios fiscales introducidos; principalmente, la eliminación de la deducción por la compra de vivienda habitual en el IRPF.

No obstante, el motivo principal lo constituyen los factores ligados al impacto que la recesión de 2008 ha tenido en estos segmentos de población, debido al empeoramiento de las condiciones del mercado laboral. Según los datos de la Encuesta de Estructura Salarial (INE), la ganancia media cayó entre 2008 y 2016 un 15% para los trabajadores de entre 20 y 24 años, y un 9% para aquellos de entre 25 y 29. Pero es que los jóvenes también vieron cómo se deterioraban otras condiciones laborales: la tasa de desempleo para menores de 29 años alcanzó su máximo del 42,4% en 2013, un año más tarde lo hizo el de la incidencia del paro de larga duración (hasta el 52,1%), y en 2017 el de la ratio de temporalidad (57,4%).

Aunque estos indicadores fueron mejorando, el encarecimiento del alquiler fue tan intenso (crecimiento acumulado del 52%) que las cosas sólo empeoraron. Sin ahorros, con un paro juvenil por encima del 40%, con precariedad laboral, el precio del alquiler en niveles históricos y sin la alternativa de viviendas en alquiler social, los jóvenes tienen difícil el acceso a la vivienda. Y más todavía con la pandemia pues, las personas que se han visto más afectadas son, con diferencia, los más jóvenes y los nacidos fuera de España. En ambos casos, el aumento del índice de Gini es muy superior al que experimenta el conjunto de la población (CaixaBank Research, 11/2020).

Además de la situación de quienes lo intentan, cada día hay más jóvenes que ni lo hacen. De acuerdo con los datos de Eurostat (2020), la edad media de emancipación en la UE-27 es de 26,2 años, mientras que en España es de 29,5, el sexto país por la cola. Y el retraso de la edad de salida de casa de los progenitores no ha dejado de ensancharse desde 2008: si en 2010 un 53,3% de jóvenes entre 18 y 34 años vivía aún con sus padres, en 2019 se encuentra en esta situación el 64,5% (Injuve, 2020). El de la vivienda no es mercado para jóvenes.

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