Mujeres en política: empoderamiento y presencia

Existen maneras diversas de reivindicar y visibilizar el papel de las mujeres en las sociedades modernas. Una de ellas es el estudio de su incorporación a la vida política mediante el análisis de su presencia en la política parlamentaria. Queda camino por recorrer, pero un vistazo a la realidad permite valorar la evolución de los parlamentos españoles hacia una representación más o menos equilibrada, con diferencias territoriales y entre partidos, pero con un mayor empoderamiento de las mujeres.

De los 1.820 parlamentarios que existen actualmente en las 19 cámaras de representación en España (no se cuentan Ceuta ni Melilla), 824 son mujeres (el 45%). Se trata de un dato de relevancia si se compara con el 6% de parlamentarias a comienzos de los 80 o el 34% de comienzos de siglo XXI. España es, actualmente, uno de los países con mayor presencia femenina en el segmento parlamentario de la élite política. No cabe duda de que este salto es fruto del convencimiento de los valores de la diversidad y la inclusión para la política. Éste se plasma en el recurso a las cuotas que empezaron a aplicar algunos partidos, la aprobación de las leyes estatales y autonómicas que promueven una presencia equilibrada de hombres y mujeres, y la lucha de muchas personas para visibilizar, participar y transformar para incorporar a más mujeres a la esfera pública. 

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Se ha hecho un esfuerzo de inclusión que debe sostenerse en el tiempo, muy especialmente allí donde parece que hay más problemas para que las mujeres tengan una presencia mayor: el Senado, con un 39% de senadoras (Grafico 1). Este farolillo rojo de la clasificación va acompañado de las asambleas de Castilla-La Mancha (42%), La Rioja (42%) y Castilla-León (43%). Por el contrario, despuntan en presencia femenina Galicia (53%), Navarra (52%), Aragón (49%) y Murcia (49%). El Congreso (44%) se ubica cerca de la media. 

Estas proporciones son el resultado de cuatro micro-decisiones que arrancan en quienes deciden en cada partido quién va en sus listas electorales y su posición; sigue con quienes aceptan esa selección, la ciudadanía que vota por un partido u otro (la agregación de votos y su conversión en escaños está afectada por la barrera electoral, el tamaño de la circunscripción y la fórmula d’Hondt) y terminan con las personas elegidas que deciden tomar posesión y permanecer en el escaño o irse a otros menesteres. En ese contexto, cobra relevancia la contribución que hacen los partidos a la mayor o menor presencia de mujeres en la política parlamentaria. 

La coalición Unidas Podemos es la que hoy ubica proporcionalmente a más mujeres en los escaños de las 15 cámaras en las que está presente (57,5%), como puede observarse en el gráfico 2. Aunque en Asturias, Cataluña y País Vasco las mujeres son un tercio de su delegación parlamentaria, en el resto supera o iguala el 50% de presencia femenina. PNV y ERC tienen un 53% y 52%, respectivamente, de parlamentarias, aunque sus grupos son más reducidos y están concentrados territorialmente. En el caso de los republicanos catalanes, el esfuerzo es meritorio, puesto que era (como otros partidos nacionalistas en Cataluña, a diferencia de los nacionalistas vascos) un partido esencialmente masculinizado. El PSOE tiene casi la mitad (48%) de sus escaños ocupados por mujeres, resaltando por arriba el 64% de Navarra o el 57% de Cantabria y, por abajo, el 42% de Andalucía y Castilla-La Mancha y el 44% de Valencia. Ciudadanos cuenta con una proporción de mujeres más baja (43%), aunque es el único partido estatal liderado por una mujer. El PP se sitúa también por debajo de la media de parlamentarias (40%), aunque destaca el 50% de Galicia, Murcia y País Vasco o el 33% de Cantabria y La Rioja. Por último, el partido más nuevo es el que menos mujeres incorpora a las 13 cámaras en las que está presente: un tercio de los escaños de Vox (34%) están ocupados por mujeres, destacando el 27% de Cataluña o el 29% del Congreso y, por arriba, el 60% de diputadas en Valencia.

Con las variaciones normales por territorio y partido, ésta es la situación actual. Habrá quien la considere insuficiente o quien la crea justa. De gustibus et coloribus non est disputandum, pero desde el punto de vista de la inclusión y la diversidad, parece que las cosas se están haciendo relativamente bien en la política parlamentaria, aunque convenga seguir insistiendo en esos dos valores.

Sabemos que una cosa es la presencia y otra el poder y la influencia. Puede que los partidos se hayan adaptado a la presencia equilibrada que marca la ley para las listas y que se refleje en sus grupos parlamentarios, tal como ya se ha estudiado hasta 2011. ¿Ocurre lo mismo en los centros de decisión institucional? Uno de ellos es la Diputación Permanente (DP). Por su naturaleza y funciones incluye a los líderes de cada partido y, por tanto, concentra al grupo de personas que toma decisiones e influye en el devenir político (véase como ejemplo la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados). Una medida eficaz del empoderamiento de las mujeres en la política parlamentaria estriba en comparar su presencia actual en las cámaras y en la Diputación Permanente, como se ha hecho hasta 2011. Tomado en su conjunto, no hay desviaciones en la actualidad: de las 423 personas que constituyen estos órganos en los 18 parlamentos, el 45% son mujeres (en Cataluña debe constituirse la nueva DP tras las elecciones). La media del período hasta 2011 es del 28%. Castilla y León (29%), Aragón (33%) y el Senado (35%) son las cámaras en las que las mujeres están menos presentes en esos centros de poder. Por el contrario, Valencia (59%), Baleares (56%), Navarra y Extremadura (54%) tienen los parlamentos donde las mujeres tienen más peso en las Diputaciones Permanentes (Gráfico 1).  

Simbólicamente es importante que haya mujeres en espacios de exposición pública (política, ciencia, medios de comunicación, arte) porque traslada mensajes de capacitación, inclusión y diversidad a la población. Sustantivamente, es también importante porque varios estudios muestran que la presencia significativa de mujeres introduce cambios en las prioridades, temas de debate y políticas.  

La segunda encuesta a parlamentarios (autonómicos y estatales) que se hizo en España en 2018 muestra que, en su mayor parte, hay pocas diferencias entre hombres y mujeres, incluso en los costes de dedicarse a la política. Tiene más relevancia la ideología que el género a la hora de explicar multitud de fenómenos políticos. No obstante, se detectan algunas diferencias. Las mujeres suelen tener mayores credenciales educativas y provenir menos del Derecho y más de las Ciencias Sociales, Artes y Humanidades. Suelen estar más frecuentemente solteras o divorciadas que sus compañeros de Cámara, quienes suelen tener más hijos.

Los nuevos partidos incorporan en su mayor parte mujeres en las listas, pero los tradicionales hacen un esfuerzo notable de inclusión. Las primarias discriminan contra la selección de mujeres, que entran en los parlamentos con más frecuencia que los hombres tras ser seleccionadas por líderes del partido. Es decir, las oligarquías organizativas de las que hablaba Michels incluyen a mujeres para equilibrar las listas electorales que las primarias configuran con sesgos claros de género. Por ejemplo, mientras un 23% de los hombres declaran que están en el Parlamento gracias a la selección de un líder nacional o regional, la proporción aumenta al 33% entre las mujeres. Éstas suelen combinar con más frecuencia que los hombres varias identidades territoriales (sentirse tan española como catalana o valenciana, por ejemplo) y también mostrar con mayor frecuencia cierta ambición política: el 60% quieren dedicarse a la política en el medio y largo plazo por el 55% de los varones, algo que ya se había observado 10 años antes. Creen con más intensidad que los hombres (90% frente a 81%) que las personas que se dedican a la política lo hacen por vocación de servicio público y no como una profesión más, y ellas mismas piensan que el servicio público está en la base de su dedicación a la política con un poco más de intensidad que los varones. 

Nota metodológica. Algunos porcentajes de presencia de mujeres pueden diferir de los de otras investigaciones. El motivo es la construcción de la base de datos utilizada para el análisis. Habitualmente, se incluyen en las bases de datos a las personas elegidas y que toman posesión de su escaño. Pero no se suele tener en cuenta que durante la legislatura se producen bajas y altas, sustituciones, que pueden afectar, por ejemplo, a la composición por género de un grupo parlamentario. Para reducir estos efectos, nosotros usamos Bapolau® y Bapolcon®, que se construyen siguiendo unos criterios explicados en este trabajo. En el caso de las sustituciones, incluimos en la base de datos a la persona que haya estado más tiempo en la cámara de representación.

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