Las primarias penalizan a las mujeres

En los últimos años, cada vez un mayor número de partidos europeos (tanto los tradicionales como, sobre todo, los de nueva creación como Ciudadanos o Podemos en España), utilizan un sistema de elección del líder del partido mediante una votación directa de sus militantes, método de selección al que se le suele llamar en el sur de Europa como primarias y en los países anglosajones como one-member-one-vote (Omov). Dicho método suele tener un amplio respaldo entre la ciudadanía según diversas encuestas de opinión, pues se le suele considerar como un método más democrático que otros tradicionales como, por ejemplo, por congresos de delegados elegidos por los militantes.

Sin embargo, los investigadores especializados en la selección de candidatos y líderes de los partidos suelen ofrecer una visión menos complaciente de las primarias. El libro de los canadienses e israelíes Cross, Kenig, Pruysers y Rahat (‘The Promise and Challenge of Party Primary Elections’, 2016) es un buen ejemplo de ello. De hecho, otros investigadores, Katz y Mair, propusieron que la introducción de las elecciones primarias, lejos de suponer un proceso de democratización interna de los partidos, era un instrumento para reforzar el poder de sus líderes al dotarse así de una aparente “legitimidad” para eliminar voces discordantes con su liderazgo.

Otros investigadores, Rahat, Hazan y Katz (‘Democracy and Political Parties’, Party Politics 14:6, pp. 663-683, 2008), sin llegar a una postura tan extrema, sí que sugirieron que el sistema de selección por primarias puede conllevar un trade-off entre dos valores democráticos: por un lado, el de la inclusión de los miembros que forman un colectivo en su toma de decisiones y, por otro, el de la representación de grupos sociales que han estado tradicionalmente excluidos de sus puestos de liderazgo (“representación descriptiva”). En concreto, señalaban que la selección por parte de la militancia de los partidos podía entrañar que las mujeres tuvieran dificultades añadidas para llegar a tales puestos. Esta propuesta no había sido estudiada hasta la fecha con profundidad por la escasez de datos existentes.

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En una investigación recientemente publicada en la revista espacializada Party Politics, mi colega de investigación, Andreu Paneque, y yo hemos examinado el efecto que tiene el método de selección de los líderes de los partidos en la probabilidad de que una mujer gane cuando compite con otros candidatos masculinos. Para someter dicha propuesta a un test empírico más sólido, hemos construido una base de datos de dichas competiciones por el liderazgo realizadas en los principales partidos del centro-derecha y del centro-izquierda, tanto a nivel nacional como regional, en ocho democracias occidentales (Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Canadá, España, Portugal y Reino Unido) desde 1985 hasta la actualidad. Dicha base de datos contenía, así, 608 candidatos masculinos y femeninos que compitieron en 168 competiciones mixtas.

Nuestro estudio estadístico muestra que, controlando por otros factores influyentes, mientras que la probabilidad de ganar de un candidato varón apenas varía según el tipo de método de selección, en el caso de una candidata mujer su probabilidad de ganar cae significativamente con las primarias frente a otros métodos (principalmente, por congresos de delegados). De hecho, mientras que bajo otros sistemas de selección la probabilidad de ganar la competición de hombres y mujeres es prácticamente la misma (aunque a favor de la mujer, la diferencia no estadísticamente significativa), en el caso de unas primarias una mujer tiene una probabilidad de ganar 14 puntos porcentuales más baja que un candidato varón.

¿Problema de demanda –quién se presenta- o de oferta –quién vota?

Igualmente, en el estudio nos hemos planteado si dicha diferencia puede deberse a que las primarias difieran de otros sistemas de selección no sólo en quién participa en la votación (si los afiliados de base o los delegados y dirigentes del partido), sino también por el tipo de candidato, tanto varón como femenino, que se presenta. Podría ocurrir que en los congresos y otros métodos de selección más restringidos sólo diesen el paso de presentarse a la selección aquellas mujeres que de antemano estuviesen bien seguras de que iban a ganar (por ejemplo, por tener una larga experiencia dentro de los partidos), mientras que en las primarias osasen competir una variedad mayor de mujeres en la creencia de que la selección por la militancia elimina en los partidos las barreras de los gatekeepers tradicionales.

Nuestro estudio señala, sin embargo, que incluso controlando por el ‘tipo’ de candidato (medido por su edad y experiencia política), las mujeres obtienen peores resultados bajo las primarias. Esto lleva a pensar que hay realmente un problema de demanda (es decir, en los selectores) y no tanto un problema de oferta (de quienes se presentan a la competición). Las mujeres y hombres, que se presentan a primarias por el liderazgo del partido no son muy distintos de los que se presentan en los congresos de delegados.

Con todo, posteriores estudios deben aclarar si esto es así por una simple cuestión de una mayor infravaloración de la capacidad de liderazgo de las mujeres por parte de la militancia de los partidos con respecto a los delegados y líderes, o esconde algún otro tipo de problemas (menor grado de conocimiento sobre los aspirantes por parte de los militantes).

Nuestro estudio confirma, por tanto, la propuesta de los investigadores Hazan et al. de que la introducción de la selección por primarias, en su formato actual, suponen un hándicap más para que las mujeres rompan el ‘techo de cristal‘. 

¿Hay que evitar las primarias si queremos más mujeres en puestos de liderazgos?

No necesariamente. Una posibilidad puede ser la combinación de co-liderazgos mixtos, tal como se ha introducido en varios partidos (por ejemplo, los Verdes alemanes y, más recientemente, el SPD alemán) y selección por primarias, con una competición para los candidatos varones y otra para las mujeres. Este sistema de cuota aseguraría la presencia de mujeres en el liderazgo de los partidos. 

(Trabajo de referencia: Astudillo, J., Paneque, A. (enero 2021). ‘Do Party Primaries Punish Women? Revisiting the trade-off between the inclusion of party members and the selection of women as party leaders’. Party Politics)

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