Las primarias en Argentina evitan la fragmentación y moderan la competencia

El pasado 24 de julio venció el plazo para la presentación de las listas para las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (Paso) del 12 de septiembre, de cara a las elecciones de medio término que se celebrarán en Argentina en el mes de noviembre. En esta oportunidad, se renuevan 127 escaños en la Cámara de Diputados y 24 en la Cámara de Senadores, por ocho provincias: Chubut, Córdoba, Corrientes, Catamarca, La Pampa, Santa Fe, Mendoza y Tucumán.

Este cierre de listas para las Paso deja una certeza, algunas pistas para la investigación politológica, muchas lecturas políticas inagotables en unos cuantos caracteres y una campaña que sigue abrevando en la grieta, pero esta vez con una pandemia que se le superpone.

La certeza

En un escenario cada vez más complejo de gestión pandémica y sus olas, que a pocos meses de arrancar el Gobierno de Alberto Fernández no hizo más que revelar con crudeza extrema los problemas sociales y económicos estructurales que Argentina arrastra de gestión en gestión, una campaña de vacunación federal que fue y es objeto de múltiples polémicas, una crisis económica con pobreza (especialmente infantil) in crescendo e inflación que no cede, presencialidad escolar como eje de disputa política y definición de liderazgos en los tres niveles de gobierno y en las principales fuerzas políticas, el país no se pudo ahorrar también en los primeros meses del año la clásica discusión sobre la utilidad de las Paso.

Esta vez, al debate sobre el coste de realizar una elección nacional, sobre si su utilidad es la de ser una gran encuesta nacional o realmente una herramienta para evitar la fragmentación del sistema de partidos, sobre si su utilización es funcional sólo para las oposiciones porque los oficialismos no las usan, se sumaba la discusión acerca de la oportunidad de movilizar grandes masas de población en el medio de una pandemia.

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¿Sirven o no sirven las Paso?, se repetía una vez más en Argentina. Y más allá de los múltiples argumentos esgrimidos para repetir una y otra vez que sí, esta ocasión parece traer la evidencia empírica de que sí, sirven.

Si se observa lo sucedido en cada una de las provincias con el oficialista Frente de Todos, se afianza la regularidad observada elección tras elección: los oficialismos ordenan, y el oficialista Frente de Todos va con listas de unidad (o sea, que no tendrá competencia interna) en 18 provincias. Sin embargo, en seis distritos sí habrá competencia, cuatro de los cuales son gobernados por Juntos por el Cambio o partidos provinciales y dos donde, si bien gobierna la coalición oficialista nacional, lo que se disputa es el liderazgo del Partido Justicialista local; no sólo de cara a las elecciones de noviembre, sino con la mirada puesta en 2023: Tucumán y Santa Fe. En ambas, los gobernadores actuales juegan en las listas como suplentes, dando una muestra de lo importante de la disputa local más allá de la elección nacional; y en ambas gobernador y vicegobernador/a local se enfrentan en la interna integrando listas en oposición.

En estas dos provincias se observa que cuando los oficialismos no pueden ordenar y resolver de puertas adentro, las Paso sirven. Con el correr de los años y su implementación, disminuyen los incentivos para ir por fuera, y lo que podría haber significado (sin Paso) una ruptura sin solución hasta la elección general, o incluso después, se resolverá internamente en septiembre, fortaleciendo a la coalición nacional gobernante a partir de la resolución electoral de una disputa interna.

Se refuerza también la tendencia respecto al uso de las Paso que hacen las oposiciones Así, Juntos por el Cambio es la coalición que mayor competencia presenta a nivel nacional. Tendrá internas en 17 de los 24 distritos, superando las cinco listas en las provincias de Santa Cruz, Tierra del Fuego, Misiones, La Pampa y Santa Fe, y las cuatro en Córdoba y Chubut. En tres de las siete provincias donde se lograron listas de unidad la UCR, socio de la coalición, es oficialismo local (Mendoza, Jujuy y Corrientes).

El dato que puede leerse como aprendizaje de los partidos y alianzas en la oposición es que, a diferencia del ‘pan-peronismo’ en las elecciones intermedias de 2017, que no logró acuerdos y fue con listas separadas en varios distritos, dividiendo el voto propio y logrando aquel resultado de Cambiemos casi histórico para una fuerza no peronista; o la experiencia de la merma por la derecha de las elecciones nacionales que sufrió la coalición en 2019, esta vez Juntos por el Cambio dirimirá diferencias y liderazgos internamente y en las Paso. Todos adentro y ¿unidos? después de septiembre. No, los signos de pregunta no son un error de tipeo. Algunas lecciones se aprenden completas y otras por partes… la historia dirá como se aprendió ésta.

Por su parte, el Frente de Izquierda de los Trabajadores-Unidad (Fitu) también va a internas en varios distritos. Esta coalición, que puede entenderse como hija directa de las Paso y su umbral del 1,5% para participar en la elección general, llega a estas primarias buscando afianzarse como una tercera fuerza nacional.

Sí, las Paso se usan y cumplen su objetivo: ordenar la oferta, evitar la fragmentación, incentivar los sellos nacionales sin reprimir las diferencias internas ni las expresiones locales. Y son, siendo osada quizás, la madre del ‘bi-coalicionismo nacional’ hoy protagonista de la política argentina.

Las pistas para la investigación politológica

Hace algunos años, encontramos con dos colegas evidencia para sostener que la probabilidad de perder una elección general a intendente aumentaba cuando previamente se había ido a primarias y éstas habían sido competitivas. La afirmación se sostenía en virtud de la evidencia de los 135 municipios de Buenos Aires, provincia en la que entonces la reelección para este cargo era indefinida, por lo que el efecto pato rengo no fue una variable de control.

En 2016, el Poder Legislativo de la Provincia de Buenos Aires, por medio de la Ley Nº 14.836, eliminó la reelección indefinida, por lo que en 2023 95 de los 135 intendentes de la provincia deberán dejar sus cargos, 51 de los cuales pertenecen a Juntos por el Cambio y, en su mayoría, son radicales.

Si bien es pronto para sacar conclusiones, se da un fenómeno que politólogas y politólogos deberán seguir de cerca en los próximos años. Aunque la oficialización de las listas de cargos municipales provinciales en la justicia será el próximo 31 de julio, lo cierto es se observaría para septiembre una importante competencia a nivel local para cargos a concejales y consejeros escolares en la Provincia de Buenos Aires, lo que se puede asociar al impedimento a la reelección indefinida de intendentes y, por tanto, un incentivo a generar nuevos dirigentes locales que puedan tomar el testigo de los clásicos líderes municipales para 2023. Quizás, más allá del deseo de los dirigentes históricos locales, la renovación dirigencial que se pedía allá por 2001 haya encontrado la herramienta institucional para hacerse presente desde el territorio.

Algunas lecturas políticas de este cierre de listas: la ‘grieta’ sobre el virus

Hace poco más de un año, exactamente el 31 de mayo de 2020, y sabiendo que todo lo que allí se dijera podía ser desmentido por el paso del tiempo, se cerró un libro editado con colegas de América Latina en el que se pretendía dar cuenta, más o menos sistemáticamente, del devenir de los estados de la región en la gestión de la pandemia. El desafío de escribir sobre Argentina en aquel momento fue enorme, y en aquel cierre ya se vislumbraba cómo la realidad comenzaba a desmentir el título del capítulo local Un virus sobre la grieta, para que empezaran a configurarse (por razones que exceden en mucho a estas letras) otras dinámicas: una ‘grieta’ sobre el virus.

Si en aquel momento parecía que oficialismo y oposición encontraban puntos de acuerdo, la propia dinámica del calendario electoral argentino (elecciones ejecutivas cada cuatro años y legislativas cada dos en todos sus niveles) comenzó a marcar a los actores que era necesario pensar en 2021. Las dos grandes coaliciones nacionales afrontaban desafíos propios. Mientras que en el FdT el desafío era su consolidación como tal, fortaleciendo los liderazgos internos a partir de la diferencia sin romper (sin mencionar la propia gestión de la pandemia y de una economía que no encuentra aún estabilidad), en JxC la construcción de nuevos liderazgos de cara a 2023 empezaba a presentarse como una necesidad. El PRO con sus internas (Bullrich, Macri, Larreta, Vidal etc.), la CC en su rol de tercero en discordia o de balance, y la UCR buscando (nuevamente) su identidad.

Sí, las Paso sirven, y dieron a aquel escenario la salida institucional que consolidará la oferta electoral, evitando la fragmentación y poniendo a disposición de ciudadanos y ciudadanas una oferta clara, transparente y, por qué no, menos extrema de cara a noviembre.

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