Las elecciones mexicanas: cinco claves y un pronóstico reservado

En pocos días, México va a celebrar las mayores en la Historia. El próximo domingo 6 de junio, las 94,9 millones de personas habilitadas para votar elegirán a quienes ocuparán los 21.368 cargos en juego: las 500 diputaciones federales, 15 gubernaturas, 30 legislaturas y autoridades municipales en 30 entidades federativas.

Para interpretar estos comicios, celebrados en medio de la pandemia, hay cinco puntos clave relativos a los fenómenos políticos que están afectando a su desarrollo y que, con toda probabilidad, tendrán un impacto en sus resultados en los meses posteriores: la agenda política enfocada en viejos problemas, las campañas polarizantes y ‘cirqueras’, la violencia política contra candidatas y candidatos, el papel central de las autoridades electorales y los intentos de deslegitimarlas.

La agenda es… la corrupción

Esta macro-jornada electoral se celebrará con México sumido en una crisis económica, laboral y social agravada por una pandemia que, a pesar de las señales positivas en buena parte del planeta, aún no ha concluido. A ello se suma el manejo gubernamental de estas cuatro crisis, aunque no parece que será muy tenido en cuenta por los electores.

El presidente Andrés Manuel López Obrador (Amlo), quien legalmente no puede participar en la campaña y que ni siquiera se presenta (es una elección de medio periodo y está prohibida la reelección), ha logrado de nuevo imponer su agenda para estos comicios recurriendo al discurso que le llevó a la victoria en 2018. A pesar de los esfuerzos de la oposición por cuestionar su gestión y convertir esta convocatoria en un voto de castigo hacia el presidente y su gestión, éste ha mantenido la corrupción en el centro del debate.

Las mañaneras (conferencias de prensa diarias) permiten al presidente controlar la agenda política y mediática de cada jornada, promoviendo ciertos temas e ignorando otros; fijando quiénes son los amigos-enemigos y estableciendo los tiempos y humores de la contienda electoral. En los meses que lleva la campaña, desde el 4 de abril, Amlo ha utilizado este espacio para colocar la corrupción como el problema central del país y atacando a los partidos de la oposición, a las élites empresariales e intelectuales, a las organizaciones de la sociedad civil e internacionales como actores responsables de este fenómeno. Este relato se ha visto amplificado por las recientes denuncias penales contra algunas candidaturas y por el proceso de desafuero contra el gobernador panista de Tamaulipas.

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La ciudadanía parece compartir este diagnóstico y desestimar la importancia de la pandemia y de las otras crisis. A partir de marzo, cuando concluyó la alta ola de contagios y decesos (que duró de diciembre a febrero), la Covid-19 y la crisis económica dejaron de ser las principales preocupaciones de la población, en beneficio de la inseguridad y la corrupción. Es verdad que en los últimos meses se ha incrementado la incidencia delictiva de distintos tipos: la pandemia trajo una ola de violencia familiar y feminicida, así como otros delitos como los robos y las extorsiones, según los datos del Observatorio Nacional Ciudadano.

La violencia ‘de temporada

La violencia política también ha impactado en el proceso electoral, uno de los más sangrientos en la historia moderna de México. Hasta finales de mayo se habían registrado 720 agresiones contra políticos, incluyendo los asesinatos de 34 personas candidatas, 54 integrantes de partidos políticos, 99 servidores públicos, 10 colaboradores y operadores y 34 familiares (ver aquí y aquí).

Esta ola de violencia política está vinculada con el crimen organizado, pero también con el uso de este método como un recurso (efectivo) de lucha y mantenimiento del poder empleado por los actores políticos. Es un problema grave y, sin duda, afectará a los resultados electorales, sobre todo porque el 78% de las víctimas pertenecían a candidaturas opositoras a las fuerzas que gobiernan en los estados y municipios (más información, aquí). Sin embargo, prevalece la impunidad y no recibe la atención necesaria por parte del Ejecutivo. A una semana de la jornada electoral, López Obrador lo calificó como algo “normal” y como un “asunto de temporada”.

La centralidad de las autoridades electorales

El sistema mexicano está altamente regulado y las autoridades electorales (INE, la Fiscalía y el TEPJF) ejercen el papel de garantes activos de la legalidad de los comicios. En este proceso, el INE ha adoptado una serie de decisiones que han afectado a las postulaciones de las candidaturas. Por un lado, el Instituto promovió acciones afirmativas adicionales a las previstas expresamente por la ley, para lograr postulaciones paritarias a las Gubernaturas y para obligar a los partidos a registrar a personas indígenas, afro-descendientes, de diversidad sexo-genérica y con discapacidad entre las candidaturas legislativas.

Por otro lado, en ejercicio de su facultad fiscalizadora, el Instituto ha cancelado 132 candidaturas a distintos cargos a las personas que incumplieron con las obligaciones de presentar reportes de gastos de precampaña. Algunas de estas cancelaciones han sido muy polémicas, como la de Félix Salgado Macedonio, candidato a la gubernatura de Guerrero y que finalmente fue sustituido en la candidatura por su hija.

El INE también implementó nuevas reglas para evitar la sobre-representación de los partidos en la Cámara de Diputados o para impedir que el presidente utilice las conferencias matutinas para influir en la contienda electoral, algo expresamente prohibido por ley a partir de una iniciativa que impulsó el propio López Obrador hace unos años para evitar estas injerencia presidenciales en las campañas (sobre estas y otras decisiones relevantes se puede leer más aquí).

Los ataques a las autoridades electorales

Estas decisiones del INE y del TEPJF han derivado en un conflicto entre la autoridad electoral y el partido en el Gobierno. En particular, el INE ha sido objeto de ataques por parte del presidente, quien cuestionó abiertamente su legitimidad y objetividad, y también de dirigentes de su partido y de los candidatos afectados quienes, incluso, amenazaron los miembros del Consejo del Instituto (ver aquí y aquí). Amlo y su partido, Morena han planteado la urgencia de una nueva reforma que devolvería la organización de las elecciones a las manos del Ejecutivo (ver aquí y aquí).

Todo ello ha contribuido a enrarecer más, si cabe, el ambiente y el debate público, cada vez más polarizado e intolerante con las expresiones, ideas y propuestas políticas contrarias.

Las campañas sí importan

La pandemia y las restricciones sanitarias han obligado a partidos y candidaturas a adaptar sus estrategias de campaña. Se redujeron o eliminaron los grandes mítines, y se incrementaron la presencia en los medios electrónicos y redes sociales y la presencia en las calles. En consecuencia, un rasgo distintivo de estas convocatorias, especialmente las estatales y locales, han sido los vídeos de candidatas y candidatos cantando y bailando (aquí y aquí). Más allá de los duros juicios emitidos en redes sobre sus habilidades coreográficas y como cantantes (@CandidatosOut), la determinación de las postulaciones y el desarrollo de las campañas parece haber tenido un impacto importante en las preferencias electorales de la ciudadanía.

En enero de 2021, Morena lideraba las preferencias en 14 de los 15 estados en los que se eligen gubernaturas, aunque la oposición estaba en posiciones de competencia en seis de ellos. A finales de mayo, las encuestas dibujaban escenarios más complejos para el partido en el Gobierno, con una victoria segura en la mitad de las gubernaturas. En Campeche, la ventaja de Morena se redujo del 48% al 34%, lo que plantearía una contienda más competida. En Nuevo León, el 26% de preferencias iniciales por Morena se han reducido al 19%. Estos cambios en la intención del voto evidencian que, a pesar de las tendencias centralizadoras y de un mismo discurso articulado por los partidos políticos nacionales, quiénes lideran las candidaturas y cómo desarrollan sus campañas sigue teniendo su importancia para determinar los resultados electorales.

El pronóstico, reservado

¿Qué pasará, entonces, el 6 de junio? ¿Quién ganará? De acuerdo con Oraculus, el análisis integral de las encuestas electorales apunta a que el partido gobernante y sus aliados mantendrán la mayoría en la Cámara de Diputados. Parece casi seguro que obtendrán más de la mitad de los escaños, aunque es posible que se queden a pocas diputaciones de alcanzar la mayoría cualificada (de dos terceras partes, es decir, 334 asientos), necesaria en caso de que pretendieran realizar modificaciones en la Constitución.

Las predicciones a nivel estatal son complejas, pues los sondeos certifican que la contienda está muy competida en al menos cinco entidades, por lo que Morena podría ganar entre siete y 11 gubernaturas. Los estados de Baja California, Sinaloa, Zacatecas, Colima, Tlaxcala, Nayarit y Guerrero parecen victorias seguras para el partido gubernamental y sus aliados; en Michoacán, Sonora, Campeche, San Luis Potosí y Nuevo León la competencia es más cerrada entre Morena y la oposición, mientras que Querétaro, Baja California Sur y Chihuahua parecen aseguradas para el PAN (El Financiero). Está por ver cómo se distribuirán las preferencias electorales y cómo se dará la relación entre la votación emitida en las federales y en las estatales.

Debido a esta incertidumbre, una cosa está clara: la batalla electoral no terminará el 6 de junio. Los altos niveles de polarización y las batallas cerradas en muchos lugares, la intervención del presidente en el proceso, las acusaciones de corrupción y compra de votos y los constantes cuestionamientos de la imparcialidad de las autoridades electorales apuntan a una alta judicialización en la recta final. Es de esperar que los partidos políticos (tanto Morena como la oposición) cuestionarán la legalidad de las elecciones y de los resultados, buscando anular aquellos que no los favorezcan. La palabra final, por tanto, la tendrá el Tribunal Electoral, tras un un verano y otoño de intensos conflictos post-electorales.

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