Las cinco ‘erres’ de la economía circular

La economía circular está cada vez en boca de más personas, medios de comunicación, agendas políticas, redes sociales… sólo hay que darse una vuelta por Google Trends y ver cómo, en los últimos cinco años, las búsquedas se han multiplicado por 10. Durante lo que llevamos de 2021 hemos alcanzado los picos máximos y la tendencia es que siga subiendo.

Es decir, más allá de las modas pasajeras, hay interés por la economía circular. Saber qué es, en qué nos afecta, qué propone; en resumen, ¿para qué sirve?

Empecemos con una pregunta: ¿qué le ocurre a nuestro cuerpo cuando alcanza los 38º? Oficialmente, ya tenemos fiebre. Sentimos escalofríos, dolor de cabeza, aumenta la sudoración, tenemos mal cuerpo, no nos encontramos bien y nos tomamos algún medicamento o, lo que sería más correcto, vamos al médico. Es probable que tengamos alguna infección o sea síntoma de alguna otra anomalía en nuestro cuerpo. Y todo por un aumento de 1,5º en la temperatura de nuestro cuerpo, desde los 36.5º que solemos tener habitualmente.

Algo muy parecido le está pasando a nuestro planeta. Ese grado y medio que no nos parece tanto puede tener consecuencias muy negativas. ¿A qué está unida esta subida de temperatura?, principalmente a los gases de efecto invernadero (GEI) como el dióxido de carbono o el metano. Ambos están ligados al desarrollo humano: a mayor desarrollo, más emisiones de GEI

Gráfico 1.- Concentración de dióxido de carbono en partes por millón (ppm)

Fuente: National Oceanic and Atmospheric Administration (Noaa).

[Con la colaboración de Red Eléctrica de España]

Este tipo de desarrollo también está unido al uso de recursos. Cada vez necesitamos más para cubrir nuestras necesidades en movilidad, tecnología, edificación, industria. De esta forma, necesitamos casi tres planetas para poder mantener el ritmo actual.

Mapa 1.- Reservas (verde) o déficit (rojo) ecológico

Fuente: Global Footprint Network.

Esta foto inicial o cúmulo de información no es para desanimar o desmotivar, es para ponernos en situación. En muchas ocasiones nos falta el dato concreto y hablamos sin una base científica.

Como alternativa a este panorama, se presenta la economía circular. Por definición, es regeneradora y restaurativa, no busca sólo la eficiencia en el uso de recursos, sino que apuesta por la recuperación del medio ambiente. Desvincula el crecimiento económico del uso de recursos vírgenes (de la mano de un desarrollo sostenible) e introduce el concepto de las 5 erres:

  • Reducir: el mejor residuo es el que no se genera. Es necesario un consumo más responsable y racional. En muchas ocasiones, los productos que compramos siguen reglas emocionales. Por ejemplo, podemos echar un vistazo a nuestros armarios o trasteros. No siempre los residuos terminan en un vertedero o incineradora.
  • Reutilizar: dar una segunda vida a nuestros productos. Después de revisar nuestro trastero, ¿qué cosas podemos donar, regalar o vender?
  • Reparar: cambiar el componente averiado para prolongar la vida del producto. Es cierto que, en muchas ocasiones, es más barato comprar un producto nuevo para reemplazar el viejo, pero está muy lejos del modelo circular y se ha de revertir este modelo. Aquí entra el concepto de ecodiseño.
  • Re-fabricar: recuperar los componentes válidos para incorporarlos al proceso productivo. Siguiendo con el ecodiseño, los productos se deben desmontar con facilidad para reemplazar o recuperar sus componentes. Es, muy posiblemente, la erre con más capacidad de desarrollo.
  • Reciclar: como último recurso para extraer los materiales que forman parte de los productos (plástico, metal, madera). Es la erre más reconocida con la economía circular y en el ojo del huracán del greenwashing. Se ha de plantear como última alternativa, sólo si no podemos aplicar ninguna de las anteriores, ya que separar los materiales es bastante costoso. Por ejemplo, separar los diferentes tipos de metales o plásticos que forman parte de un electrodoméstico no siempre es posible, lo que dificulta su reciclabilidad.

Según avanzamos de una erre a la siguiente, el valor que se preserva del recurso es menor y requiere de más esfuerzo mantenerlo. Es decir, reparar necesita menos medios que re-fabricar y preserva más valor de los recursos que forman parte de nuestro producto.

Gráfico 2.- Las cinco ‘erres’ de la economía circular

Fuente: Reloops.

De esta manera, de la mano de la economía circular aparecen nuevos modelos de negocio que giran sobre el hecho de preservar recursos y optimizar su eficiencia:

  • Servitización: se basa en pagar por uso, en vez de hacerlo por propiedad.
  • Integración de inteligencia: recopilar datos del usuario para mejorar la experiencia.
  • Prolongar la vida de los productos, basándose en la reparación o la re-fabricación.
  • Logística inversa como necesidad, no como obligación.
  • Fabricación modular, que facilite la implantación de las cinco erres.

Para que funcione todo el modelo que propone la economía circular, es necesaria la participación de tres actores principales: la sociedad, la empresa y la Administración. Los tres están avanzando y deben acompasar esta evolución. De nada nos sirve que uno o dos de ellos cobren especial protagonismo: si alguno de ellos queda relegado, no habrá avance.

En este sentido, éstos son los avances legislativos que se están desarrollando desde los ámbitos europeo, nacional y local.

  • Desde Europa se lanzó en 2019 el Pacto Verde Europeo y ya se está desplegando desde 2020 el segundo Plan de Acciones (2020-2024) de la economía circular.
  • En España, están activos desde el año pasado la Estrategia Nacional de economía circular y el primer plan de acciones para el periodo 2021-2023.
  • Y a nivel local, por parte de las comunidades autónomas, se están aprobando leyes, estrategias y planes de acción que tienen en cuenta las características y peculiaridades de cada uno de sus territorios.

En todos ellos vemos reflejado el mensaje de desvincular el crecimiento económico del uso intensivo de recursos. Pero no olvidemos que la energía se encuentra entre estos recursos y es un agente protagonista. Por un lado, debido a las emisiones de GEI, que continúan aumentando y, por otro lado, al crecimiento de la economía, que requiere de un mayor uso energético, principalmente de origen fósil.

Así pues, la transición hacia un modelo económico circular nos lleva a otra transición, la energética, que reduzca las emisiones de GEI, apueste por la incorporación de energías renovables y por un uso más eficiente de la energía; todo ello dentro del marco de un crecimiento sostenible.

El reto planteado podría parecer a priori insalvable: si queremos seguir creciendo, consumiremos más energía. Pues no es así, y ya tenemos un ejemplo en la Unión Europea que nos demuestra que es  posible: el Objetivo 20-20-20, que se ha ido desarrollando en la pasada década con diferentes estrategias y planes de acción para alcanzar los siguientes objetivos:

  • Una reducción del 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero (respecto de los niveles de 1990).
  • Que un 20% de la energía de la UE proceda de fuentes renovables.
  • Un 20% de mejora de la eficiencia energética.

En estos momentos se están recogiendo los datos de 2020, pero la visión general es que se han alcanzado los objetivos, e incluso se ha ido más allá en alguno de ellos. En el caso de las energías renovables, disponemos del informe de 2018, que nos dice que, a pesar de la disparidad de resultados entre países (12 cumplidores, y algunos de ellos con creces), se había alcanzado la cota del 22% en participación de las energías renovables. Estaremos atentos a los datos finales, conclusiones y perspectiva a 2030.

Los datos de emisiones de GEI disponibles son todavía de 2019, con una reducción del 24% respecto a 1990, lo que supondría, de confirmarse, otra mejora sobre el objetivo de 2020. En cualquier caso, no hay que perder el foco sobre 2050 y la neutralidad climática ala que se ha comprometido el Pacto Verde Europeo.

Gráfico 3.- PIB y consumo de energía final (CEF)

Fuente: Comisión Europea.

En el caso de la eficiencia energética, los resultados hasta 2018 no son tan prometedores y necesitarían de un análisis en detalle, aunque como se ve en el gráfico, se rompe la tendencia de a mayor crecimiento económico, mayor consumo energético. Como línea general, hay que destacar el incremento de CEF en el periodo 2014-2017 (mayor crecimiento e inviernos más fríos). Otro punto es el sector del transporte, con una mayor eficiencia, pero un crecimiento continuo en el consumo energético en este mismo periodo. Por último, la mejora en eficiencia de los sectores residenciales y terciarios va a cobrar protagonismo como uno de los motores de recuperación frente a la crisis de la Covid-19.

Como resumen, se están produciendo avances en eficiencia energética, pero no se ven acompañados de una reducción de consumo de energía. Los planes de actuación para esta nueva década se van a centrar en este punto.

Haciendo balance, la expectativa es que los objetivos a 2020 secarían alcanzado, incluso con algunas mejoras. Pero no podemos perder de vista que este logro es sólo de la Unión Europea; a nivel global, el resultado es diferente. Las emisiones de GEI siguen creciendo y el consumo energético, también.

Gráfico 4.- Evolución del consumo eléctrico global

Fuente: Enerdata.

Una vez revisados los Objetivos 20-20-20, y a falta de tener los datos finales, hay que plantear los nuevos, con la meta en 2030:

  • Una reducción del 40% de las emisiones de gases de efecto invernadero (respecto de los niveles de 1990), con una posible revisión al 55%.
  • Un 32% de la energía de la UE procedente de fuentes renovables.
  • Un 32,5% de mejora de la eficiencia energética.

La transición energética continúa su paso firme de la mano del avance de las energías renovables, que van a ganar un mayor peso dentro del sector fotovoltaico y eólico off-shore, pero sin perder de vista un modelo circular que tenga en cuenta las necesidades de materias primas críticas y el análisis de ciclo de vida de sus componentes. El ejemplo lo tenemos en la gestión de los primeros parques eólicos y fotovoltaicos, que han llegado al final de su vida útil, junto a los primeros cementerios de palas de aerogenerador.

La mejora de la eficiencia, y desligar el crecimiento económico del consumo  de energía, es otro de los pilares de la transición. Las lecciones aprendidas en la década anterior deben permitir alcanzar el objetivo para 2030, con el foco puesto en la movilidad y la edificación (antigua y nueva). Todo lo anterior son herramientas para lograr la reducción prevista de GEI y el ambicioso objetivo de neutralidad climática en 2050.

Dos agentes serán claves para alcanzar estos objetivos: la generación de redes energéticas y la digitalización de todo el sistema. Son dos, pero en realidad van juntos. La transición energética propuesta no se logrará si no se consigue generar una red eléctrica europea lo suficientemente amplia, robusta y flexible que pueda gestionar excedentes y necesidades en todo el continente (y zonas limítrofes como norte de África y/o Rusia).

Pero estas consideraciones van más allá de este rápido análisis sobre economía circular y transición energética.

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