La movilidad eléctrica, clave en la transición energética

Estamos inmersos en el proceso de transición energética, el gran camino de transformación de nuestra manera de generar y consumir energía, que nos llevará en el año 2050 a alcanzar en Europa una economía neutra en emisiones, sustituyendo los combustibles fósiles por energías renovables. 

Para avanzar en el objetivo común de la neutralidad climática, uno de los ámbitos de actuación más relevantes es el sector del transporte, que presenta grandes oportunidades para su descarbonización: por una parte, es el principal sector de consumo de energía y el principal emisor de gases de efecto invernadero, por lo que la actuación sobre el mismo es tan clave como urgente.  Por otra parte, presenta la ventaja de que la introducción de la movilidad eléctrica, tecnología madura y en fase comercial, permite abordar a día de hoy esa descarbonización de una parte muy importante del transporte. 

En la actualidad, este sector representa en España alrededor del 37,8% del consumo de energía final total del país, y produce el 27% de las emisiones nacionales de gases de efecto invernadero. Dentro del transporte, la mayor parte (un 89%) del consumo corresponde al transporte por carretera, seguido por el aéreo, el marítimo doméstico y el tren, que representan el  7%, el 3% y el 1% del consumo, respectivamente. 

Desde la perspectiva tecnológica, actualmente es posible abordar, a través de la movilidad eléctrica, el 50% de la ‘descarbonización’ del transporte rodado, el que se realiza con vehículos ligeros para el transporte de personas y en menor medida de mercancías, además de completar la electrificación del sector ferroviario. Asimismo, los progresos tecnológicos permitirán en los próximos años avanzar en la electrificación del transporte rodado de mercancías y en el marítimo en puertos y para pequeñas embarcaciones. 

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Objetivos ya marcados 

Los instrumentos de prospectiva y planificación energética, tanto europeos como nacionales, contemplan objetivos y medidas concretas para el fomento de la electrificación del transporte. La principal medida es la introducción del vehículo eléctrico en el transporte ligero de pasajeros y mercancías, seguida del impulso a la electrificación de puertos y al cambio modal a transporte de mercancías por ferrocarril. El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) contempla, para el año 2030, cinco millones de vehículos eléctricos entre turismos, furgonetas, autobuses y motocicletas.

La ‘Estrategia de Descarbonización a Largo Plazo’ contempla la conexión de los barcos a puerto durante su fase de atraque y la electrificación de embarcaciones de pequeño tamaño, algo de gran relevancia para la reducción de la contaminación atmosférica en las ciudades costeras. 

Por otra parte, la red ferroviaria de transporte de pasajeros a media y larga distancias ya tiene un elevado grado de electrificación y se ha ampliado mucho en años recientes. Sin embargo, queda mucho por hacer en relación con el transporte de mercancías, en el que el ferrocarril tiene una cuota del 2 % frente a un promedio europeo del 18 %. En la actualidad, el 95% del transporte de mercancías en España se realiza por carretera.

¿Es la electricidad un combustible medioambientalmente competitivo?

La respuesta es sí. Con el mix de generación eléctrico actual, en el que la generación renovable representa un 44% de la generación total, un vehículo eléctrico emite una media de 36,1 gCO2/km. Esta cifra supone una reducción de más del 69% de las emisiones de gases efecto invernadero respecto a los vehículos convencionales, que emiten una media de 118 gCO2/km, tomando como referencia un vehículo de combustión matriculado en 2019. Progresivamente, con la incorporación de las energías renovables en la producción de electricidad, las emisiones de los vehículos eléctricos se irán reduciendo, hasta alcanzar las 0 grCO2/km en el año 2050. 

Además de la ventaja medioambiental de la movilidad eléctrica, por su contribución a la reducción de gases de efecto invernadero y a la mejora de la salud, la movilidad eléctrica tiene otras aportaciones como son: 

  • Oportunidad energética. La introducción de la electricidad en el sector del transporte impulsa la integración de las energías renovables en el sistema eléctrico, contribuyendo adicionalmente a la seguridad de suministro, al tratarse de fuentes renovables de origen autóctono. 
  • Oportunidad económica. Dado que el 76% de nuestras importaciones de hidrocarburos tienen como destino final su consumo en la actividad de transporte, la movilidad eléctrica tiene un importante efecto sobre la balanza de pagos, equilibrándola, y reduciendo la dependencia energética del país.
  • Oportunidad industrial. Permite desarrollar un tejido empresarial en torno a la movilidad que puede exportarse a otros países y eso es particularmente relevante por la importancia del sector de la automoción en el empleo, en el PIB y en las exportaciones.

El sistema eléctrico, preparado para la movilidad eléctrica

La buena noticia es que el sistema eléctrico está preparado para integrar la demanda asociada a la recarga del vehículo eléctrico. Teniendo en cuenta las necesidades de movilidad actuales, el consumo de energía para la recarga de los cinco millones de vehículos eléctricos en un año representaría un incremento del 4,1% de la demanda nacional, que se produciría a lo largo de un periodo de 10 años. El sistema eléctrico ha soportado con éxito en el pasado incrementos de demanda muy superiores.  

Además, el vehículo eléctrico representa una oportunidad para mejorar la eficiencia del sistema eléctrico, debido a la flexibilidad que presenta la recarga, que puede realizarse cuando el usuario desee, en función de sus necesidades y preferencias. Esta capacidad de poder gestionar la demanda presenta importantes ventajas, ya que ofrece a los usuarios la posibilidad de gestionar la recarga en momentos que resulten favorables para el sistema eléctrico, en función de señales económicas o información de la situación del sistema en cada momento. Y al sistema eléctrico le ofrece la ventaja de disponer de un recurso de flexibilidad que puede gestionarse para la integración de las energías renovables, a través de los mecanismos y señales adecuadas. 

Asimismo, en el futuro, el vehículo eléctrico puede potencialmente constituirse como un almacenamiento distribuido, devolviendo al sistema eléctrico la energía almacenada en la batería, que no resulta necesaria para las necesidades de movilidad. 

En este sentido, actores como los agregadores de demanda, empresas de servicios energéticos y comercializadores serán clave para lograr movilizar la flexibilidad que ofrecen los vehículos eléctricos. 

El concepto de movilidad, también en transformación

La eléctrica se desarrolla en un contexto de transformación de la movilidad, donde se está experimentando un cambio en la relación de las personas con los vehículos: el impulso de las peatonalizaciones, las restricciones de tráfico en momentos de mayor contaminación, el impulso al vehículo compartido, la promoción del uso de la bicicleta, la mejora y promoción del transporte público, etc. Además, el sentido de propiedad ha dado paso a conceptos compartidos como opción preferida y los carsharing son, a día de hoy, una opción real demandada por la sociedad. La bicicleta eléctrica o los patinetes eléctricos son buena muestra de ello, tanto compartidos como en propiedad.

Asimismo, los avances en la conducción autónoma y el vehículo conectado se van a seguir desarrollando conforme la movilidad eléctrica se vaya implantando. Todo ello, junto a las mayores exigencias de las ciudades respecto a los niveles de contaminación, que están configurando un panorama muy diferente con relación a como hemos venido entendiendo la movilidad hasta el momento. 

En definitiva, la movilidad eléctrica, en todos sus aspectos, supone una oportunidad única para convertir el transporte de Europa en más eficiente energéticamente, más amigable con el medio ambiente y, sobre todo, menos contaminante, mejorando la calidad del aire y la salud de las personas. 

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