La ‘hipótesis verde’ de Errejón en tiempos de crisis

Los espacios políticos de nuestro país se han ido europeizando en los últimos años. El surgimiento con gran fuerza de una nueva izquierda de corte populista pronto dejó paso a un fenómeno ampliamente conocido en muchos países europeos: la derecha radical abandonaba la marginalidad. En la actualidad, y a propósito de los resultados de las elecciones madrileñas, la ola verde plenamente vigente en Alemania o en Francia amaga con llegar también a España de la mano de Más País.

Esta formación ha abandonado su carácter inicial de partido de candidato, plataforma ad hoc para sostener el híper-liderazgo de Manuela Carmena-Íñigo Errejón, y ha preferido construirse una identidad propia a partir del concepto de partido verde. Los dirigentes ‘errejonistas’ han detectado en Europa un ‘momento ecologista’ que vendría a sustituir al ‘momento populista’.  Son conscientes, además, de la necesidad del issue medioambiental como forma de diferenciación respecto a sus competidores directos (PSOE y Podemos).

Todo esto nos lleva a preguntarnos si realmente es viable un partido verde en España; es decir, ¿existen condiciones socioeconómicas y políticas suficientes para sostener que una formación que priorice la ecología por encima de otras combinaciones ideológicas pueda triunfar en España? Para responder a esta pregunta necesitamos primero unos referentes teóricos válidos.

¿De qué depende el triunfo de los partidos verdes?

Presentamos una breve revisión de la literatura académica más destacada y de algunos datos recientes de interés que podrían ayudarnos a debatir con mayor rigor sobre la ‘hipótesis verde’ ‘errejonista’.

La Ciencia Política europea no ha incidido tanto en el estudio de los partidos verdes como en el de los de la derecha radical (Grant y Tilley, 2019), pero sí se cuenta ya con un sólido conjunto explicativo de factores que permiten entender el surgimiento y el éxito de este tipo de formaciones. Tratando de sintetizar distintas investigaciones de este tipo (Miller, 2020; Grant y Tilley, 2019; Holmberg, 2016; Müller-Rommel, 1998 y Kaelberer, 1998), seleccionamos las explicaciones más relevantes y repetidas y las agrupamos en cuatro grupos de factores:

  1. Post-materialismo.- Debe ser entendido como un factor de la demanda electoral que parte de la clásica tesis del recientemente fallecido Ronald Inglehart (1977) sobre el cambio de valores en las sociedades occidentales post-industriales. Conforme se ha generalizado en ellas un mínimo de seguridad existencial para sus habitantes (cuestiones materialistas), el eje del conflicto político habría pivotado de una política basada en los enfrentamientos económicos/de clase a narrativas basadas en la calidad de vida  (valores post-materialistas), como la participación ciudadana, la calidad del medioambiente o el reconocimiento de los derechos de las minorías. Este factor ha sido analizado en virtud de los datos de paro y crecimiento del PIB  (entendiendo su buena marcha como un indicador de creciente post-materialismo en la sociedad) o partiendo de los indicadores de post-materialismo de la Encuesta Mundial de Valores, proyecto hasta hace poco dirigido por el propio Inglehart. ¿Ha alcanzado España unos niveles de desarrollo económico suficientes como para defender que se ha producido una sustitución mayoritaria de las preocupaciones y valores materialistas? Es más, la crisis económica derivada de la Covid-19 y los problemas de sectores esenciales como el turístico o el de la restauración, ¿no devuelve al centro del debate la cuestión material? Independientemente de la respuesta a lo anterior, ¿puede que ese cambio de valores deba ser entendido, más que a nivel nacional, como localizado (urbano) y generacional?
  1. ¿De verdad pensamos en el medioambiente como algo que nos afecta personalmente en nuestra vida diaria?- Lógicamente, la existencia de conflictos medioambientales abiertos en una sociedad favorece el surgimiento de nuevas formaciones verdes, poniendo en agenda el issue e incrementando su importancia electoral. La medición más habitual empleada en este punto es la existencia o no de centrales nucleares en un país o su dependencia de este tipo de energía, dado que el movimiento antinuclear, especialmente durante los años 80, ha sido uno de los caballos de batalla más clásicos del mundo verde. Ahora lo nuclear parece poco relevante para este ámbito, y son los desastres naturales los que podrían impactar más directamente en la conciencia ciudadana. El caso del Mar Menor en la Región de Murcia, los incendios forestales, el sistema agroalimentario o las inundaciones como efecto de un clima cada vez más extremo constituirían buenos ejemplos de situaciones que, al interpelar tan directamente la vida cotidiana de las personas, introducirían el tema medioambiental como cuestión relevante en la decisión electoral. El pronóstico de que el cambio climático empezará a alterar a peor nuestra vida diaria podría hacer que el ecologismo dejara de ser algo accesorio, generalista o macro, para convertirse en una ideología con beneficios directos sobre la existencia individual.
  1. Estructura institucional.- Encontramos un amplio consenso en torno a la descentralización y el federalismo como incentivador del éxito de los partidos verdes, al ofrecerles una arena política más accesible que la nacional desde la que poder constituirse como opciones de voto confiables (es paradigmático de este punto que Más Madrid haya conseguido hacerse con el liderazgo de la oposición en su Comunidad Autónoma). En el caso español, habría que preguntarse hasta qué punto el éxito de Más Madrid se debe a su configuración como partido verde o, más bien, trae cuenta de la rápida expansión de partidos regionalistas que tan bien ha funcionado recientemente en nuestro país. Dicho de forma más resumida: ¿cuánto de ‘Die Grünen’ hay en Más Madrid y cuánto de Compromís o Teruel Existe?

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  1. Estrategia de los partidos ‘mainstream’.- La existencia previa en España de dos partidos con sólidas bases identitarias en el lado izquierdo del espectro (sin haber atravesado la socialdemocracia nacional una crisis tan profunda como en el resto del continente) y la histórica incorporación de la temática verde realizada por los socialistas y, más intensamente, por Izquierda Unida plantea un problema importante de validez a la ‘hipótesis verde’ ‘errejonista’. Son diversos los autores que piden no ignorar el efecto del posicionamiento que adopten los partidos dominantes ante el issue medioambiental. La formulación más completa de este efecto tal vez sea la propuesta por Grant y Tilley (2019) en función de Meguid (2008): cuando los partidos de centro-izquierda y centro-derecha deciden hablar de ecología, los partidos verdes con poco recorrido y poca implantación en el electorado salen perjudicados, mientras que saldrían beneficiados si han logrado mantenerse en pie durante varias elecciones y comienzan a cosechar cierta credibilidad entre el electorado (en este caso, la estrategia de los partidos mainstream sólo vendría a aumentar la presencia política de un issue donde el elector tiene como preferencia al partido verde auténtico). El PSOE ha intentado, desde la creación del Ministerio de Transición Ecológica, con Teresa Ribera a la cabeza, adueñarse del discurso ecologista en España; conscientes, como su colega francesa Anne Hidalgo, de que el espacio progresista del siglo XXI pasa por dos ismos rectores: el feminismo y el ecologismo. El ejemplo más reciente de cómo el PSOE trata de levantar la bandera verde es el impulso de la Ley de Cambio Climático. También Podemos ha seguido la vía iniciada por IU a la hora de plantear un ideario rojiverde a través de señas distintivas como la defensa de los derechos animales. La figura de López de Uralde, antiguo portavoz de Equo, actualmente fuera de la órbita errejonista (es diputado de Podemos), puede demostrar que el espacio verde difícilmente será aglutinado por un solo partido en España.

¿Somos ecologistas los españoles?

Una pregunta clásica de la Encuesta Mundial de Valores puede tomarse como termómetro de las inclinaciones ecologistas de la población. Se trata de darle a elegir a los participantes entre dos alternativas: proteger el medio ambiente o apostar por el crecimiento económico y la creación de empleo. Por lo general, en perspectiva longitudinal y comparada, observamos que:

1) La opción de proteger el medio ambiente es mayoritaria entre los españoles frente al crecimiento económico y la creación de puestos de trabajo, y sus apoyos han crecido desde finales de los años 90 hasta nuestros días. Ahora bien, el grado de apoyo de los españoles al ecologismo es muy sensible al contexto económico. En la sexta ola de la Encuesta Mundial de Valores (2010-2014), el 58% de los entrevistados prefirió el crecimiento económico a la protección del medioambiente. Podemos intuir que un tiempo de crisis puede ser negativo para el ecologismo político.

Gráfico 1.- Proteger el medioambiente vs. crecimiento económico

Fuente: World Values Survey Wave – Time Series.

2) Comparando los datos de España en la séptima ola de la EMV con los datos de Dinamarca (país nórdico usado como referente) y Alemania y Francia (países con implantación relevante de los verdes), hallamos que todavía estamos por debajo en prevalencia de valores ecologistas respecto a Alemania y Dinamarca, pero, curiosamente, apostamos más por proteger el medioambiente que los franceses. ¿Cómo se explica el éxito del discurso ecologista en las recientes elecciones municipales del país galo? El error es tomar los resultados nacionales como una tendencia homogénea. En general, los valores ecologistas se distribuyen desigualmente según la edad, los niveles formativos, el tipo de hábitat e incluso el sexo. Puede que los públicos urbanos más ilustrados y jóvenes privilegien el discurso ecologista que, además, suele venir acompañado de feminismo y defensa del colectivo LGTBIQ+.

Gráfico 2.- Proteger el medioambiente vs. crecimiento económico: comparativa entre Dinamarca, Francia, Alemania y España

Fuente: World Values Survey Wave 7 (2017-2020).

3) No todos en España somos ecologistas por igual. Los datos de EMV en su séptima ola revelan que las personas más jóvenes son las que más apuestan por proteger el medioambiente y que también lo hacen más las mujeres que los hombres. Un análisis profundo debiera determinar si estas diferencias resultan significativas estadísticamente, pero lo que resulta claro es que el ecologismo como ideología se dirige a unos públicos muy segmentados; tanto es así que se puede hablar de un partido verde en España como un ‘partido de jóvenes’ o como el de los ‘millennials’ y ‘posmillennials’.

Gráfico 3.- Proteger el medioambiente vs. crecimiento ecónomico (datos de España por grupos de edad y sexo)

Fuente: World Values Survey Wave 7 (2017-2020).

Tomando por último datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el crecimiento del ecologismo como etiqueta de autodefinición ideológica ha sido prácticamente inexistente en la última década, mientras que el feminismo se ha disparado. En el Estudio 2859 del CIS (2011), los que se autodefinían como ecologistas, tanto en primera respuesta como en segunda, alcanzaban el 10,8%; los que lo hacían como feministas entonces sumaban, en primera y segunda respuesta, un discreto 4,5%. Ocho años más tarde, en el estudio 3280 del CIS (2019), los que se definieron como ecologistas casi no habían cambiado (9,9%), mientras que los feministas crecieron significativamente (9,8%). Al final de la serie disponible (Estudio 3277, marzo 2020), los primeros seguían estables (9,6%), pero los segundos volvieron a crecer (11%).

Esto nos permite pensar, tentativamente, que el espacio ecologista no ha crecido en el país en la última década, pero sí se ha mantenido constante y con niveles cercanos al 10% de la población (base social relevante). El crecimiento del feminismo como etiqueta de autodefinición ideológica obliga al ecologismo a establecer una alianza y plantear un eco-feminismo inclusivo que sume a la principal ideología post-materialista en expansión.

La capacidad para construir una intersección eco-feminista, la percepción del Gobierno de coalición como un Ejecutivo ecologista, la vigencia y crudeza de la crisis económica provocada por la Covid-19 y la presencia cada vez más cotidiana de problemas relacionados con el medioambiente marcarán las posibilidades de Más País como gran partido verde nacional.

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