La Cuba que les dejaron

En abril de 2021 se celebró el VIII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC). Las palabras del presidente Miguel Díaz-Canel al despedir a Raúl Castro recuerdan su papel en la formación de la defensa del país: “Dirigió durante casi medio siglo el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), cuyo aporte a la independencia de Angola, Namibia y el fin del apartheid fueron decisivos. Al mismo tiempo, propició que se alcanzaran resultados relevantes en la preparación del país para la defensa, y en el desarrollo de la concepción estratégica de la guerra de todo el pueblo”. El presidente de Cuba continuó con sus alabanzas, describiendo el proceso de adaptación de las FAR: “Bajo su mando, se convirtieron en el más disciplinado y eficiente órgano de la composición del Estado”.

La revolución socialista más prolongada de América Latina entra en una nueva etapa, en la cual es visible la apertura económica, pero no así la política. En tiempos en los que la izquierda parece ganar nuevamente espacios en varias naciones de la región, el papel que desempeñe Cuba tiene un impacto innegable en la configuración del mapa latinoamericano. Nos interesa especialmente recortar de esa realidad el rol que ejercen las Fuerzas Armadas Revolucionarias, un actor central pero casi desconocido.

¿Hacia dónde va Cuba?

Desde su llegada al Gobierno, Raúl Castro implementó distintas medidas económicas en respuesta a la crisis de Venezuela, la llegada de Barack Obama a la Presidencia de Estados Unidos y su reemplazo por Donald Trump. La unificación cambiaria, los reajustes de precios, las actividades de los cuentapropistas, los incrementos de salarios y pensiones, la ampliación de las tiendas en Moneda Libremente Convertible (MLC) y la reforma de algunos programas sociales, como el Sistema de Atención a la Familia (SAF) tienden a mostrar una apertura económica.

Las reformas económicas, muy especialmente la unificación monetaria y la apertura de Tiendas en Moneda Libremente Convertible, han ido acompañadas por una creciente movilización social; ya sean quejas por las largas colas para comprar alimentos, reclamos para impedir una detención, proclamas para difundir una canción o protestas por los costes de internet, la sociedad cubana está expresando de forma clara su hartazgo con las limitaciones que se imponen en el país.

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El salario mínimo es de 2.100 pesos que, al cambio oficial, son aproximadamente 87 dólares. En julio del 2020, el Gobierno cubano abrió las tiendas en MLC. En ellas, un refrigerador doble tiene un precio (en abril de 2021) de 2.290 dólares, por lo que se necesita el salario de dos años y dos meses para pagarlo. Un queso entero cuesta 60 dólares. Raúl Castro afirmó en el último Congreso que la idea era atraer las remesas de los familiares en el extranjero para incentivar la economía. Las tiendas MLC han profundizado las desigualdades económicas y sociales en Cuba. Castro deja al país con una economía desdoblada: una subdesarrollada, agrícola, con un imaginario comunista, y otra dolarizada dependiente de los cubanos emigrados.

El último Castro deja una sociedad civil activada. Esta incipiente sociedad civil puede dividirse en distintos grupos. Los disidentes históricos como Unpacu, fundada por José Daniel Ferrer, constituye una organización paraguas que incluye varios de ellos. Otras organizaciones como Nuevo País u Otro 18 se definen como opositores, pero no han alcanzado relevancia ni internacional ni nacional.

El arribo de las redes sociales ha permitido que los jóvenes artistas, periodistas o escritores hayan pegado un salto cualitativo en las críticas hacia el Gobierno. Jóvenes como Luis Manuel Otero Alcántara, artista y uno de los fundadores del Movimiento San Isidro, han logrado, a pesar de sus escasos medios materiales, convertirse en un problema gubernamental. Luis Manuel y sus compañeros del MSI han dejado bien claro que van a la cárcel sólo por su manera de pensar y porque sus obras le disgustan al Ejecutivo. Hay algo muy importante que los distingue de las tradicionales denuncias a antagonistas: a ninguno de ellos el Gobierno les puede acusar de ser financiados por el de Estados Unidos.

Los jóvenes del Movimiento San Isidro, a pesar de una persecución constante, han llamado al diálogo con el régimen. Confían en que la resistencia pacífica, el diálogo, la movilización ciudadana y la presión internacional, posibiliten ciertos cambios democráticos.

El presidente Díaz-Canel fue lapidario: “Quienes diseñaron la farsa de San Isidro se equivocaron de país, se equivocaron de historia y se equivocaron de cuerpos armados”.

Cabe rescatar la frase del dramaturgo Yunior García Aguilera: “La realidad de un país está más cerca de la creación de sus artistas que de los discursos de sus políticos”. Los artistas piden vivir en libertad para expresar su arte ya que la ideología gubernamental reprime a los ciudadanos, que se sienten cautivos de un discurso único. Tal como dice el dramaturgo: “La revolución no es una cosa estática, no puede ser algo que está ahí, en algún lugar, y que tú puedes estar a favor o no. La revolución es un proceso, un proceso que incluye a todos los cubanos, estén de acuerdo o no con determinadas medidas”.

El VIII Congreso no ha cambiado nada. La economía, frente a la debacle venezolana, se refugia en las remesas. El último de los Castro ha dejado a Cuba a la deriva con un presidente débil y unas Fuerzas Armadas desmilitarizadas, pero económicamente empoderadas.

Un revolución con clases sociales

El PCC tiene, después del VIII Congreso, un presidente (Díaz-Canel), un presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular y del Consejo de Estado (Esteban Lazo Hernández) y 14 miembros del Buró Político; seis integrantes del Secretariado y Jefatura de los departamentos del Comité Central, y 95 miembros en el Comité Central. Una estructura de conducción compleja, que disminuye la burocracia de 145 a 114 miembros.

La destitución del general de Cuerpo de Ejército Leopoldo Cintra Frías como ministro de las FAR, considerado héroe de la República, no puede deberse solamente a una renovación de cargo. Además la asunción, en su lugar, del general de Cuerpo de Ejército Álvaro López Miera, quien también ostenta una larga trayectoria desde muy joven en el Ejército Rebelde, no supone una renovación.

Si bien es imposible entender Cuba sin incluir un análisis de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, uno de los problemas más importantes es la falta de transparencia en todo lo que se refiere a los militares. Lo más destacable no es el poderío militar de las FAR, sino su poder económico. Su sistema empresarial creó el Grupo de Administración de Empresas (Gaesa), con licencias para tener y administrar hoteles a través de la empresa Gaviota, la inmobiliaria Caribe, las tiendas con monedas libremente convertibles MLC, aerotaxis, etc. Se calcula que las FAR tienen más de 800 compañías y que administran casi el 80% de las divisas que entran en la economía cubana. En este contexto, se da el sinsentido que el Estado debe solicitarle a Gaesa los recursos necesarios para las obligaciones del país. Se desconoce si las empresas contribuyen a la Oficina Nacional de la Administración Tributaria (Onat). El Gobierno cubano siempre justificó su secretismo respecto a los asuntos militares para evitar que la información ayude a Estados Unidos.

El proceso de monopolización de la economía por las FAR se acentuó con la llegada de Raúl Castro al poder. En 2016, el Banco Financiero Internacional fue absorbido por Gaesa. Después de esta operación, se crearon los Fondos FAR de la Reserva Estatal, que fueron utilizados para pagar parte de la deuda externa.

En este contexto, Luis Alberto López-Calleja, el poderoso ex yerno de Raúl Castro, se ha convertido en uno de esos personajes de los que muchos hablan y pocos conocen. De acuerdo con algunos informes de la prensa, sería uno de los hombres más poderosos de Cuba porque dirige todas las empresas de las FAR. A partir del último Congreso del Partido, forma parte del Buró Político del PCC.

Gaesa ha creado dos estados paralelos en la isla: por un lado, uno que maneja negocios en dólares controlado por el Ejército y, por otro, uno administrativo que se ocupa del lado improductivo de la economía.

En ese contexto, existe un grupo de oficiales de las FAR que ostentan una situación privilegiada. No sólo mandan en las instituciones armadas, también hacen de ministros, gerentes empresariales, operadores turísticos y financieros, elaboradores de planes agrícolas, jefes de la Policía y representantes en los órganos políticos y partidarios. Sin embargo, la mayor parte de los miembros de las FAR son ciudadanos de a pie, que hacen largas colas para abastecerse de alimentos, para tomar un transporte público que viene atiborrado de gente o para conseguir un medicamento en las farmacias.

El último legado de los hermanos Castro

Desde 2016 analizamos el rol de las Fuerzas Armadas en Cuba. Nuestra conclusión es que aquellas fuerzas revolucionarias que lucharon por hacer desaparecer las clases sociales son actualmente las que dividen a la sociedad cubana en clases.

Fidel murió empecinado en un proyecto que languidecía y Raúl se retira viendo los despojos de la Revolución y paralizando cualquier cambio. Díaz-Canel no posee la legitimidad de origen que alguna vez tuvieron los Castro y tampoco obtuvo su legitimidad en el ejercicio del poder. Mientras hay signos de debilitamiento del modelo revolucionario, las FAR se mantienen como columna vertebral de un régimen en caída libre.

El futuro de Cuba es una incógnita y el presente, un peligroso juego de poder entre los que se apropiaron de la economía de una nación pobre y un grupo de jóvenes que quieren construir ciudadanía, derechos, libertades y democracia política.

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