¿Joven y verde/viejo y rojo?

A pesar de los recientes avances en algunas elecciones nacionales, casi todos los partidos socialdemócratas de Europa occidental y del norte han perdido una parte importante de su cuota de votos en las últimas décadas. Algunos de esos partidos, como el PvdA neerlandés o el PS francés, luchan por alcanzar porcentajes de dos dígitos.

Estas caídas son aún más pronunciadas cuando se centran en grupos de edad específicos. Incluso en las federales alemanas de este año, en las que el SPD ganó apoyos y consiguió ser el partido más fuerte, las encuestas a pie de urna desvelaron importantes diferencias de edad en su base de apoyo: el porcentaje de sufragios obtenido del grupo más joven (el 15% entre los votantes alemanes de 18 a 24 años) fue 20 puntos inferior en comparación con el de los mayores de 70 años. El Gráfico 1 revela que las diferencias etarias considerablemente grandes dentro del electorado socialdemócrata germano se acentuaron en los últimos comicios. Dicho esto, la situación en Alemania es similar a la de otros países de Europa occidental. Además, parecen observarse pautas similares en otros (antiguos) bastiones socialdemócratas como Suecia, donde el porcentaje de votos del SAP en las últimas encuestas ha sido dos veces mayor entre los electores de mayor edad que entre los de menos.

Gráfico 1.- Porcentaje de voto al SPD por grupos de edad

Por el contrario, otros partidos de (centro)izquierda han tenido éxito tanto entre el conjunto del electorado como entre los votantes más jóvenes: en las federales de 2021, los Verdes alemanes han ampliado aún más su cuota de papeletas entre los nuevos votantes.

Este partido se convirtió (junto con el liberal FDP) en el más fuerte entre los electores de 18 a 24 años, con el 23%. El Gráfico 2 muestra la evolución del apoyo al partido ecologista por franjas de edad en los últimos 20 años: resulta interesante observar que, aunque ha aumentado especialmente su apoyo entre los más jóvenes, lo ha ganado en todos los grupos de edad, con los mayores de 60 años mostrando los niveles más bajos.

Gráfico 2.- Porcentaje de voto a Alianza 90/Los Verdes por grupos de edad

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Una vez más, es necesario subrayar que este éxito electoral verde no es una historia alemana: en otros países de Europa occidental y septentrional, estos partidos y otros de izquierda alternativa han ganado también un número considerable de votos. En Finlandia, Suiza, Bélgica, los Países Bajos o Austria, los partidos verdes-alternativos han ampliado su cuota y se han hecho tan fuertes (o incluso más) como los socialdemócratas entre los jóvenes. En conjunto, parece haber una importante brecha por edad en la izquierda política de la Europa occidental del siglo XXI: los electores más mayores prefieren a los partidos socialdemócratas, mientras que sus homólogos más jóvenes parecen votar más bien a la alternativa verde.

Diferencias entre el ciclo de vida y la cohorte

Dicho esto, esta evolución no tiene por qué preocupar a los partidos socialdemócratas. Tener un electorado de edad avanzada no tiene por qué ser, en última instancia, algo malo para un partido, sobre todo si se tienen en cuenta los posibles beneficios electorales: como han demostrado varias investigaciones, los votantes de más edad acuden a votar con más regularidad y frecuencia que los de menos. Además, Europa está experimentando un constante envejecimiento de sus sociedades. Con el aumento de la esperanza de vida y el descenso de las tasas de fertilidad, las poblaciones europeas están envejeciendo notablemente, y potencialmente lo seguirán haciendo. Por lo tanto, es muy probable que la influencia política de los votantes mayores aumente en términos constantes en las próximas décadas. Cuando el comportamiento de voto resulta ser volátil a lo largo de la vida de un votante y, por tanto, cabe esperar que cambien para apoyar a un partido específico cuando se hagan mayores, las formaciones socialdemócratas parecen encontrarse en una posición electoralmente bastante cómoda. Según esa idea de que el voto sigue el ciclo vital de una persona, se estima que los ciudadanos adaptan su comportamiento político cuando envejecen. Si estos supuestos se mantienen, el futuro electoral de la socialdemocracia podría ser bastante brillante, a pesar de los bajos niveles de apoyo entre los votantes jóvenes en toda Europa. En otras palabras, convertirse en un partido de jubilados puede considerarse incluso una estrategia electoralmente exitosa, y sería una explicación potencial del triunfo electoral de Olaf Scholz en 2021.

Sin embargo, esta explicación subestima la estabilidad de las actitudes políticas y los hábitos de comportamiento, una vez que se han formado. En particular, las explicaciones que asumen la volatilidad del comportamiento de voto en función de la edad socavan la importancia de los procesos de socialización política que tienen lugar en los años de formación de los votantes. Estos procesos son cruciales para fomentar las identidades políticas de los electores que llegan a la mayoría de edad. Así, una vez que los adolescentes han formado su identidad política, suelen mantenerse fieles a sus valores y actitudes fundamentales, a su identificación partidista y a su comportamiento. Aunque estos ‘enfoques de cohorte’ no esperan que el comportamiento de los votantes sea completamente estable después de sus años de formación, asumen que hay un grado considerable de persistencia en las actitudes y el comportamiento políticos. En consecuencia, una vez que los electores han sido socializados políticamente, es bastante improbable que cambien sustancialmente sus posturas políticas y su identificación con un partido.

Desde el punto de vista de éstos, debiera ser especialmente importante dirigirse a las próximas generaciones emergentes para conseguir de forma persistente futuros votantes leales. Esto es especialmente relevante, ya que los electores son significativamente más receptivos a las influencias políticas en sus llamados años impresionables o formativos. Tener un electorado de edad avanzada, por tanto, aumenta la probabilidad de que este sobre-envejecimiento conduzca a una reducción de la cuota de voto a medio y, sobre todo, largo plazos. Para los partidos socialdemócratas, esto significa que las ganancias electorales más recientes pueden ser engañosas: con el relevo generacional en marcha, debieran más bien temer que su lucha electoral se agudice aún más en el futuro, ya que los antiguos votantes fieles mueren y no parece que los más jóvenes socialicen con estos partidos en un número similar. Rejuvenecer el electorado puede ser, pues, un factor importante para el éxito a largo plazo.

Diferencias de cohorte en cuanto a la ‘saliencia

Teniendo esto en cuenta, hay al menos dos preguntas que deben ser respondidas: en primer lugar, ¿por qué estamos viendo esas diferencias de edad en la izquierda política?; y en segundo, ¿qué probabilidad hay de que esas diferencias de voto por grupos etarios persistan en el tiempo?

En cuanto a la primera, hay pruebas de que esas diferencias reflejan una percepción divergente de la saliencia dimensional dentro del (potencial) electorado de izquierdas. Los trabajos seminales sobre el cambio de valores de Inglehart, Dalton, Kitschelt y Graaf y Evans ya demostraron en su día que las nuevas cohortes de votantes otorgan mayor importancia a las cuestiones que pueden situarse en la segunda dimensión de la política. El más famoso, Ronald Inglehart, ha aportado repetidamente pruebas de un «cambio de valores postmaterialista» en las sociedades post-industriales y post-modernas. Además, los estudios mencionados también han apuntado a nuevas formas de movilización (protestas, demandas extra-parlamentarias que se han introducido en la agenda) que llevarían a las generaciones más jóvenes a preferir las alternativas de izquierda frente a los socialdemócratas. De esta forma, la manera a menudo difusa en que los partidos verdes de Europa occidental han conseguido introducir nuevas demandas en la agenda política ha influido especialmente en los votantes que alcanzaban la mayoría de edad durante esos años.

Investigaciones más recientes, basadas tanto en datos observacionales como experimentales, muestran también que el atractivo electoral de los partidos socialdemócratas que proponen posiciones más progresistas en la dimensión socio-cultural es sorprendentemente mayor entre los votantes más jóvenes. Según esto, la probabilidad de votar a una formación socialdemócrata más progresista es alrededor de 15 puntos porcentuales mayor para los votantes de 20 años. Por lo tanto, la posición en la segunda dimensión que adopten los partidos de izquierda es relevante para los votantes progresistas.

En resumen, todo esto apunta al hecho de que los electores de menor edad de la izquierda política conceden una importancia divergente a cuestiones distintas, o incluso a dimensiones diferentes en comparación con los votantes socialdemócratas más mayores. Esto se ve respaldado por otros resultados: las cohortes más jóvenes de Europa occidental perciben que las cuestiones de la dimensión socio-cultural son más importantes que las socioeconómicas. Entre estas cohortes, cuestiones como la inmigración y la protección del medio ambiente están también más fuertemente asociadas con el auto-posicionamiento de izquierda-derecha o la preferencia de partido que para los votantes de más edad. Por lo tanto, los jóvenes que conceden mayor importancia a cuestiones como el cambio climático, la inmigración o la igualdad de género tienen una propensión mayor a votar a un partido al que se atribuyen las posiciones más progresistas en esta dimensión.

Los partidos verdes y de izquierda alternativa, que llevan mucho tiempo haciendo campaña sobre estas cuestiones, son percibidos como la alternativa más creíble de la izquierda política. Desde su aparición, los verdes se han convertido en partidos arco iris, representantes de varias demandas socio-culturales que han ingresado en la agenda política. Los jóvenes votantes de izquierdas, que otorgan una mayor importancia a estos temas y a esta dimensión política en su conjunto, prefieren votar a los Verdes que a los partidos socialdemócratas, incluso aunque ambos puedan estar ideológicamente próximos. En definitiva, las diferencias de edad en la estructura electoral de la izquierda parecen representar divergencias en la importancia que los votantes conceden a determinados temas o dimensiones en conjunto. Los jóvenes de izquierdas prefieren los partidos que se perciben más fuertemente como representantes de una posición progresista en cuestiones de segunda dimensión, mientras que los mayores prefieren a los más vinculados a la dimensión económico-política.

El ‘envejecimiento’ de la socialdemocracia

Sin embargo, la cuestión sigue siendo si esto representa un fenómeno más bien a corto plazo, o si es probable que estas disparidades persistan en el tiempo. Si esto último fuera así, tendría más sentido no hablar de edad (o ciclo vital), sino de diferencias generacionales: según esto, las relacionadas con la edad no reflejan diferencias en el ciclo vital de un votante, sino divergencias generacionalmente compartidas de actitudes políticas, sensibilidad y, finalmente, preferencia de partido. Así, cabe esperar que los votantes que envejecen juntos y pertenecen a la misma cohorte de nacimiento mantengan sus posiciones y la importancia relativa que conceden a determinadas dimensiones políticas.

Sin duda, aún no es posible saber si persistirán esas diferencias por edad más recientes y, por tanto, si contribuirán aún más a la reducción de la cuota de voto de los partidos socialdemócratas. Sin embargo, si se observan los datos longitudinales de las pruebas anteriores, la persistencia de las actitudes políticas y el comportamiento de voto más específico parecen mantenerse empíricamente. Al analizar las cohortes de nacimiento durante un periodo más largo, se hace evidente que la percepción divergente parece ser bastante resistente una vez que se manifiesta.

La saliencia divergente y la diferente percepción del espacio político entre los votantes de izquierdas explican las diferencias de cohorte observables. Asumiendo que las normas fundamentales probablemente persistan a lo largo de la vida de un individuo, esta estabilidad también puede darse cuando se trate del comportamiento a la hora de votar. Algunos estudios insinúan que así es: es bastante probable que los votantes se adhieran a un partido si éste cumple con los valores fundamentales que los votantes han desarrollado en sus años de formación.

Además, análisis más recientes demuestran que hay diferencias significativas por edad en la izquierda cuando se trata de cuestiones progresistas, siendo los votantes mayores de 60 años menos propensos a elegir programas socialdemócratas que los votantes más jóvenes. Esto indica que hay percepciones fundamentalmente divergentes en cuanto a la importancia que los distintos grupos de edad conceden a las dimensiones políticas.

Para controlar la coherencia de estos efectos, analicé los datos de la Encuesta Europea de Valores y del Estudio Mundial de Valores de siete países de Europa Occidental (Alemania, Austria, Bélgica, Finlandia, Países Bajos, Suiza y Suecia) y apliqué métodos para distinguir las distintas dimensiones por edad. Esto demostraría que las diferencias generacionales de voto en la izquierda política pueden comprobarse empíricamente: los votantes socializados en los años 80 y posteriores son más propensos a votar a un partido verde; los nacidos y socializados en épocas anteriores, a hacerlo a un partido socialdemócrata. En consecuencia, se puede concluir que esto refleja con bastante precisión la aparición tanto de nuevos temas como de los partidos verdes que los promovieron.

Gráfico 3.- Probabilidad de votar a verdes vs. socialdemócratas según el año de nacimiento

Para los partidos socialdemócratas, esto es una mala noticia. Volviendo a Alemania, el último éxito electoral del SPD debe relativizarse. Si bien el pudo frenar su tendencia electoral a corto plazo, es al menos cuestionable si el partido podrá invertir esta tendencia a medio o largo. Si se observan los datos de flujos de votantes de las encuestas a pie de urna, se estima que el SPD ha perdido en número relativo más votantes por fallecimiento en los últimos cuatro años que cualquier otro partido en Alemania. Una perspectiva a largo plazo subraya aún más este punto. Y mientras que la cuota de voto relativa del SPD entre los mayores de 60 años se ha mantenido bastante estable en los últimos 20 años, la del partido entre las generaciones más jóvenes ha disminuido drásticamente.

Es importante destacar que esto no siempre ha sido así: en la década de 1970, y 10 años antes de que el Partido Verde apareciera como alternativa viable, el SPD captaba a alrededor del 50% de los nuevos electores. Además, también ha luchado en las últimas décadas por rejuvenecer su base de afiliados: en los años 70, los menores de 30 años representaban alrededor de una cuarta parte de los miembros del SPD, mientras que en 2020 eran sólo el 8%, frente al 55% que tenían más de 60 años.

Ante estos cambios demográficos, los partidos socialdemócratas deben desarrollar formas de llegar mejor a los jóvenes. Una opción puede ser, en primer lugar, conseguirlo con una mejor representación (descriptiva): se ha demostrado que, aunque el efecto es pequeño, los jóvenes prefieren votar a políticos jóvenes. En este sentido, las federales de 2021 en Alemania pueden ser un rayo de esperanza, pues los diputados del SPD recién elegidos son significativamente más jóvenes que sus predecesores. En segundo lugar, puede ser aún más importante que las formaciones socialdemócratas aborden con más fuerza, credibilidad y ambición las cuestiones socialmente progresistas: en tiempos de una percepción fundamentalmente divergente del espacio político de hace décadas, es fundamental reconocer este cambio de actitud en todo el electorado, pero todavía más en la izquierda política. En tercer y último lugar, los partidos socialdemócratas no deben temer acercarse a los movimientos sociales, que siempre han sido relevantes para movilizar y politizar a las nuevas cohortes de votantes. Los partidos socialdemócratas hacen bien en no repetir los errores del pasado, cuando la relevancia a largo plazo de esos movimientos fue (si acaso) minimizada en vez de enfatizada.

En resumen, aunque varios observadores políticos han escrito sobre el resurgimiento o renacimiento de la socialdemocracia tras las recientes ganancias electorales, es como mínimo cuestionable hasta qué punto esta tendencia es sostenible. Como el relevo generacional no es un proceso que se desarrolle de una convocatoria a otra, es más importante analizar la evolución estructural y a largo plazo de los electorados de izquierda en Europa. Para la fortuna electoral de los partidos socialdemócratas en las próximas décadas, será de vital importancia atraer a las nuevas generaciones de votantes. Si no lo consiguen, su futuro electoral parece más gris que brillante.

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