Italia: vuelve al ‘bipolarismo’ y la derecha, a la recomposición

Y cuando despertó, la derecha italiana seguía sin gobernar. Esto parecen pensar muchos simpatizantes y dirigentes políticos en el país transalpino. La primera vuelta de las elecciones municipales mostró un país a dos velocidades. Una primera, nacional y que apunta a la conquista del Ejecutivo por parte de las dos formaciones de ultraderecha, Fratelli d’Italia y Lega; y otra más cercana, regional y municipal, donde estas mismas fuerzas no terminan de penetrar. La Italia del descontento y la impugnación, y la Italia de la gestión.

Los sondeos no sólo marcaron de antemano los resultados, además se quedaron cortos: la victoria de las candidaturas de centro-izquierda será arrolladora en la segunda vuelta: Milán, Roma, Turín, Nápoles, Boloña. Todas las grandes ciudades, así como una parte importante de las de tamaño mediano, podrán caer del lado de la izquierda. Esta nueva tesitura, protagonizada por una escasa y preocupante movilización (menos del 50%), marca dos tendencias ya instaladas en Italia: la vuelta del ‘bipolarismo’ y la pugna en la derecha. Vayamos por partes.

Vuelve la lógica izquierda-derecha

Ocho años después de la inauguración de un sistema articulado en tres polos (izquierda, derecha y populismo), las municipales han representado una vuelta al bipolarismo con la inclusión del Movimento 5 Stelle (M5S) en coaliciones con el Partido Democrático. En hasta ocho municipios (Boloña y Nápoles inclusive) la unión de estas dos formaciones, otrora enemigas acérrimas, ha quedado en primer lugar. El entendimiento cada vez más frecuente entre Giuseppe Conte y Enrico Letta, antiguos primeros ministros y nuevos líderes de ambos partidos, empieza a tener sus reverberaciones electorales. La correlación de debilidades, esto es, la interiorización de que sólo esta unión podrá competir contra las derechas, es la condición sine qua non para que este matrimonio de conveniencia funcione.

No debemos olvidar cómo la eclosión del populismo puro, en palabras de Marco Tarchi, que consiguió aglutinar por partes iguales a un electorado de izquierdas, derechas, centro y sin ideología, ha llevado a un nuevo reparto de cartas. Paradigmático es el trasvase de votos que se ha producido en una gran cantidad de periferias municipales, donde el Movimento 5 Stelle consiguió vehicular el descontento de una población desamparada y cínica con el orden político y que, sin embargo, hoy bascula hacia opciones nítidamente extremistas, como las que representan Giorgia Meloni y Matteo Salvini. Milán, centro neurálgico del berlusconismo, fue hasta 2011 uno de los últimos ejemplos donde la izquierda no conseguía penetrar en los cascos históricos más acomodados, pero sí tenía de su lado las periferias pauperizadas. El movimiento hoy es inverso. En ciudades como Roma, Milán o Turín las coaliciones derechistas han absorbido el voto descontento y periférico que antaño era de la izquierda y más tarde del Movimento 5 Stelle.

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Los dos únicos experimentos municipalistas de este populismo, Turín y Roma, donde en 2016 el antiguo partido de ‘Beppe’ Grillo consiguió gobernar son hoy los más claros ejemplos de su derrota institucional. Así, la incorporación de sus restos en coaliciones hegemonizadas por el Partido Democrático no hace sino acelerar su descomposición desde partido anti-establishment hacia pata de apoyo del propio establishment. En los 57 municipios con más de 15.000 habitantes donde el alcalde ha sido elegido en la primera vuelta, las listas formadas por el centro-izquierda y el M5S han obtenido 26 alcaldes; seis más que las listas de derechas. Y en el resto de municipios la segunda vuelta será más fácil para los progresistas gracias a este entendimiento de ambas formaciones que comienza a calar entre sus votantes, antes incompatibles y hoy cada vez más cerca de la cooperación.

El ‘sorpasso’ ultra en la derecha italiana

Pero el zeitgeist verdadero se juega en el otro lado del espectro político: Meloni finalmente ha adelantado a Salvini. Lo que se veía en los sondeos desde principios de año se ha constatado en el terreno electoral. En Roma, Nápoles, Boloña y Turín la lista de la primera ha superado a la del segundo. Incluso en un bastión histórico como Milán se ha quedado a las puertas de conseguirlo. A nivel nacional, Fratelli d’Italia ha obtenido 140.000 votos más que la Lega. Aunque la lógica municipal beneficie a las listas civiles y de alcaldes, el cambio de paradigma es determinante: en estos mismos municipios, el partido de Salvini obtuvo tres veces más votos que Fratelli en 2018 y cuatro veces más en 2019. Cambio de época en la derecha italiana.

Salvini se halla entre la espada y la pared. El antaño hombre fuerte que llegó en 2013 a la Secretaría de la antigua Lega Nord, nacionalizando la formación y llevándola desde la casi extinción hasta el 17% en 2018 y el 34% en 2019, se enfrenta a una dura derrota de expectativas. Las constantes contradicciones que el líder norteño acumula cada vez pesan más: gobernar con el M5S, hacer caer su propio Gobierno, encabezar una dura oposición y ahora ser aliado de Mario Draghi en su Ejecutivo de cuasi-unidad nacional. HA pasado de los casi 10 millones de votos que las encuestas vaticinaban en 2019 hasta una coyuntura que apunta a la repetición de resultados del 2018. Un eterno retorno que empieza a calentar la oposición interna del partido.

Las críticas en su seno son cada vez más evidentes. La estrategia de pasar de partido regional a nacional encontró aliados oportunistas con la única justificación de los constantes buenos resultados que Salvini cosechaba a su paso. La táctica populista y la llegada de la marca a territorios antiguamente censurados (el mezzogiorno italiano) sólo se mantenía en pie por las expectativas de poder. La regresión de la misma, con una adversaria (Meloni) que no sólo compite con Salvini por la hegemonía del bloque de la derecha sino que, además, rinde mucho más eficientemente en el propio sur del país, ha hecho sonar las alarmas por un eventual repliegue norteño de la Lega.

Giancarlo Giorgetti, ministro de Desarrollo Económico con Draghi y ala fuerte de la Lega en el norte, es el principal valedor de dicho repliegue. Aunque Salvini siga mandando como secretario federal, la concatenación de derrotas y errores no pasa desapercibida. Recientemente Luca Morisi, gurú digital y creador del sistema de comunicación La Bestia, encargado de conducir la opinión pública en redes y generar la imagen carismática de Salvini, dejó la política a causa de una investigación que le coloca en el centro de una operación de tráfico de estupefacientes. Además, en los últimos meses hasta cinco eurodiputados han abandonado su partido. Si se suman los pobres resultados en las municipales y unas encuestas cada vez menos favorables, el escenario es cada vez más adverso tanto fuera como dentro de su partido. El periódico L’Espresso filtró hace poco un ‘plan B’ que Salvini ya tiene preparado en caso de revuelta interna: abandonar la Lega y lanzar un partido personalista: Primero los Italianos.

La otra cara de la moneda es la mujer fuerte del país, Giorgia Meloni, que gana consensos con cada paso que da. La ministra más joven de la República bajo el Gobierno de Silvio Berlusconi es hoy la que pudiere encabezar el Ejecutivo italiano. Su partido político, que no tiene ninguna vergüenza en admitir que son descendientes del Movimento Sociale Italiano, partido posfascista y heredero de la República de Saló, es visto por la población como la única fuerza digna y firme con su ideario. Rechazó la propuesta de gobernar con Salvini en 2018 y volvió a hacerlo con Draghi. “Éstos son mis ideales; si los quieren bien, si no también”. La imagen que da es la de una pulcritud moral rara vez vista en la política del siglo XXI. Meloni desborda el tacticismo populista con una sombría revalorización de la política de otro siglo. Y es la única oposición que existe ahora mismo en el país.

Otoño caliente y nuevo presidente de la República

Sin embargo, las elecciones generales no aparecen en el horizonte. Mario Draghi quiere asegurar la supervivencia de la legislatura para enfriar ánimos; emociones que no pueden volverse tibias para Meloni y Salvini. De ahí que hayan entroncado con emociones anti-sistémicas de la mano del rechazo a la vacunación y al control sanitario. La pulsión en la calle es significativa. Se calcula que entre un 10% y 20% de italianos no sólo no se ha vacunado todavía, sino que además no lo piensa hacer. El rechazo a la obligatoriedad de la vacunación empieza a calar y el pasaporte Covid (Green Pass en Italia) se ve como un control autoritario para cada vez más ciudadanos.

Los anti-vacunas, vehículo de protesta utilizado por numerosas organizaciones y grupúsculos de extrema derecha como Forza Nuova, protagonizaron el otro día una manifestación en las plazas de Roma que acabó con saludos romanos, insultos a políticos y el asalto a la sección sindical de la CGIL, la más grande del país. En Italia, el rechazo a la vacuna ha arraigado entre los votantes de la derecha más mayores y cada vez está más presente en los medios. Se vincula con la idea de que hay algo raro que los gobiernos están ocultando; una desconfianza política y reaccionarismo que empiezan a calar en la opinión pública: uno de cada tres personas cree que los no-vacunas tienen algo o toda la razón.

La derecha italiana no puede permitirse una legislatura que llegue a 2023, es cierto, pero los resultados municipales son sólo una imagen poco representativa de la Italia actual. La articulación de un proyecto nacional alternativo al que representan Meloni y Salvini todavía no se ha concretado. El otoño debe ser caliente y desembocar en una elección del nuevo presidente de la República que facilite nuevas urnas; sólo así Meloni y Salvini podrán gobernar. Los cercanos de Draghi temen que la Jefatura del Estado, puesto que realmente desea el ex banquero, sea lo suficientemente atractivo como para abandonar el Gobierno. Si esto ocurriera, se abriría paso una nueva crisis y podría allanar el terreno hacia el que sería probablemente el Gobierno más escorado a la derecha de Europa occidental desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

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