Hong Kong, entre la autonomía y la ingobernabilidad

La doctrina de un país, dos sistemas para integrar Hong Kong y China está poniendo de relieve incompatibilidades entre ambos. En Hong Kong, los movimientos de desobediencia civil estallan cada vez que se ve impedido el ideal constitucional de sufragio universal. Se ponen de manifiesto dos problemas que afectan con especial intensidad a los jóvenes: desigualdades materiales y necesidad de acceso a la participación política. China intenta apelar a una legitimidad democrática en sus intentos de manipulación de la competencia electoral. 

Las elecciones primarias de 2020 realizadas por la oposición en Hong Kong suscitaron una atención sin precedentes. La alta concurrencia, junto al cálculo sobre el apoyo que tendrían los candidatos anti-gubernamentales y los pro-independencia, hicieron saltar las alarmas en el tablero de mando manejado desde Beijing.

Autonomía limitada

Hong Kong es una ciudad-Estado, modelo sui generis de capitalismo dotado de algunos ingredientes de las democracias liberales. Junto con Macao (que también tiene un régimen especial) y Taiwan, su derrotero político gravita siempre observado por el dragón comunista chino.

Hong Kong y Macao son enclaves descolonizados de Gran Bretaña y Portugal en 1984 y 1999, respectivamente. La doctrina ‘un país, dos sistemas’ es la construcción jurídica que Deng Xiaoping utilizó para incorporar a la China continental estos territorios heterogénos. De esta manera, China, con su economía mayormente estatizada y con un partido de gobierno comunista, integra administrativa, política y económicamente estos dos territorios que en su etapa colonial ya contaban con economías capitalistas y sociedades liberales.

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La Declaración Conjunta Sino-Británica de 1984 garantiza el retorno de Hong Kong a China y durante 50 años (hasta 2047), la autonomía limitada hongkonesa. En su caso, la doctrina un país, dos sistemas se materializó en 1997 mediante un acuerdo por el cual China continental se ocuparía de la defensa y las relaciones exteriores. Del resto de la Administración se encargaría el Gobierno de Hong Kong, incluyendo los tres poderes (Legislativo, Ejecutivo y Judicial, que sigue el common law) y la seguridad interior. Además, conserva la gestión de su propia inmigración y finanzas y mantiene las libertades civiles académicas, de expresión y de manifestación; que, cabe recalcar, están limitadas en China continental.

Desobediencia civil

En Hong Kong, cada cierto tiempo los ánimos políticos entran en ebullición. Tiene una sociedad civil con costumbres liberales y una economía de mercado que ha sido puesta en práctica con éxito, como experimento capitalista, en regiones de China, denominadas zonas económicas especiales; Shenzhen, sede de Tencent y Huawei, es la más exitosa. Está demostrado que la integración con China continental, sus ejercicios de capitalismo de Estado y el Partido Comunista forman una mezcla que no termina de homogeneizarse. Esta cuestión química subyace en los problemas respecto a los movimientos de desobediencia civil hongkoneses.

Nótese que las protestas pro-democráticas en Hong Kong no surgen espontáneamente, sino como reacción a alguna propuesta de China continental que viene a alterar su derrotero. En 2014, la Revolución de los Paraguas, del movimiento Occupy Central, emergió contra el veto de Beijing a los candidatos propuestos por Hong Kong. En 2019, las demandas de mayor democracia y justicia surgieron ante la propuesta de extradición a terceros países, con la que se hubiera abierto una puerta para que habitantes de Hong Kong pudieran ser detenidos o juzgados arbitrariamente en China. La iniciativa fue finalmente retirada.

A uno y otro lado de la frontera se han expuesto razones profundas de los movimientos de desobediencia civil a favor de la apertura del juego político. Una juventud educada se rebela ante las escasas posibilidades de participación política sobre el destino de su país; también contra la desigualdad de acceso material, sobre todo a la vivienda, que es una de las más caras del mundo. 

El escenario donde transcurre esta vez este tira y afloja es el de la competencia electoral. Nunca ha habido sufragio universal en Hong Kong, ni durante la época de la colonia británica ni bajo la órbita china. Las primeras elecciones para el Poder Ejecutivo se celebraron en 1996 a través de un Comité Electoral de 400 miembros, que se fue ampliando hasta los 1.200 actuales. Se trata de un intrincado sistema de Colegio Electoral criticado por estar sesgado hacia sectores pro-chinos e intereses empresariales locales.

Un intrincado sistema electoral

El Colegio Electoral es elegido por distintos sectores de la sociedad que representan a actividades económicas, religiosas y gubernamentales, divididos a su vez en subsectores. Por diseño, actúa como un filtro que, junto con el veto chino a los candidatos, hacen que la votación dé como fruto un Gobierno que no se aleje de los intereses de China continental.

Sin embargo, los movimientos anti-China han logrado recientemente colarse en las estructuras gubernamentales. Entre los miembros del Colegio Electoral los hay de la Legco, el Consejo Legislativo unicameral. Ha sido en torno a ellos donde ha estallado esta vez la polémica, ya que es posible que en las próximas elecciones los localistas (anti-Beijing) logren la mayoría.

Otros miembros del Colegio representan los mismos intereses contra los que se rebelan los movimientos de desobediencia civil. Hay una burguesía empresarial que ha progresado desde la época colonial y está enraizada en el crecimiento de Hong Kong como hub financiero y de servicios mundial. Hoy está atrapada entre lealtades cruzadas. Por un lado, pretende renovar sus élites con las nuevas generaciones, así como acercarse a la población general a través de redes sociales y el trabajo de sus fundaciones. Por otro lado, se mantuvo en silencio ante la insurgencia ciudadana, por lo menos al principio, para no enojar a Beijing. Llegado el momento, esta burguesía puede inclinarse hacia cualquier lado de la balanza para preservar sus intereses y privilegios.

La posibilidad de una nueva relación de fuerzas surgió el año pasado de las primarias celebradas por la facción pro-democrática para elegir a sus candidatos. El entusiasmo por lograr la mayoría en el Legislativo se materializó en la estrategia conocida como 35-plus (mitad más uno de los 70 escaños) para ejercer presión sobre el Gobierno, que se llevaría a cabo bloqueando la aprobación del Presupuesto. En teoría, si esto ocurre dos veces se habilitaría la opción legal de destituir a la jefa del Ejecutivo, Carrie Lam. Por arte de la pandemia (como excusa o por razones de salud), ésta terminó suspendiendo las elecciones legislativas. 

Palo’ y ‘zanahoria

El proceso de democratización está cristalizado en la Constitución de Hong Kong; aunque sea como una zanahoria que perseguir. Establece como objetivo último del sistema electoral el sufragio universal para elegir la totalidad de los miembros del Legco (artículo 68) y el jefe del Ejecutivo (art. 45). Las exigencias de mayor democracia aparecen en las calles de Hong Kong al lado de propuestas en el sentido contrario. La reacción de Beijing llega normalmente en forma de medidas legales más o menos abruptas, aprovechando momentos políticos clave. Son los palos que alejan de las zanahorias. Por ejemplo, en junio de 2020 se dictó la Ley de Seguridad Nacional, que fue sancionada por unanimidad, con poca consulta y a puerta cerrada, y anexada a la Constitución de Hong Kong en un movimiento sorpresivo, en un solo día y coincidiendo con el 23º aniversario del traspaso de Hong Kong a China de manos de Gran Bretaña.

Este primer fin de semana de marzo comienza el encuentro anual del Congreso Nacional del Pueblo de China. Medios especializados y comunicaciones de oficiales pro-chinos sugieren que pronto se anunciará una modificación al sistema electoral. Se barajan varias opciones. Puede ser que se intente quitar del Comité Electoral a los representantes de distrito, ya que podrían caer en manos de la oposición. Los funcionarios deberán jurar lealtad a China, de conformidad con el lema los patriotas gobiernan Hong Kong, con el que intentan dominar el discurso para tachar de rebeldes a los legisladores anti-Beijing.

Es probable que, sean cuales fueren los cambios, su anuncio será inmediato, como ha ocurrido en el pasado. La urgencia, además, está marcada por el hecho de que habrá próximamente tres elecciones: las pospuestas para el Legco, las del Comité Electoral, y las de éste con las que, a su vez, se elegirá un nuevo jefe del Poder Ejecutivo.

Partido único vs legitimidad democrática

China tiene más opciones a su alcance y de todos los calibres, aunque parece estar optando por mantener el conflicto en la misma mesa en la que está jugando el movimiento localista hongkonés: en la del sistema electoral. Hasta ahora, los brotes de desobediencia civil se han acallado y han resurgido. Es cierto que la economía ha sufrido y, en palabras de una empresaria que vivió allí en la misma época que quien esto suscribe, «Hong Kong ya no es lo que era. Por ciertas zonas es mejor no circular para no quedar atrapado en los disturbios. Muchos expatriados se han ido por la incertidumbre”. China habrá evaluado que, de momento, el statu quo de Hong Kong se sostiene con palos y zanahorias, una acción de bajo coste. Otra opción más drástica, sea por la fuerza o desestimando completamente la Constitución, quitaría a la influencia china el viso de legalidad que, aunque sea formalmente, le otorga el hecho de mantenerse en un marco constitucional. En China no hay elecciones libres y el Partido Comunista Chino gobierna desde 1949. Parecería que, en Hong Kong, China intenta ampararse en valores de legitimidad occidental; aunque a veces los tensione casi hasta el punto de quiebre.

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