Ganó el ‘no’, perdió Colombia

En 2020 se cumplieron cuatro años de la firma del proceso de paz suscrito entre el ex presidente Juan Manuel Santos y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc). Como se recordará, la culminación de la negociación sobre el conflicto armado más largo del hemisferio pasó por una serie de vicisitudes derivadas del triunfo del no en el plebiscito celebrado en octubre de 2016. A pesar de que la diferencia entre quienes rechazaron el acuerdo y quienes lo apoyaron no superó las cinco décimas porcentuales, el resultado influiría en muchos sucesos posteriores.

Después de la sorpresa y las reacciones iniciales, tanto de quienes promovieron el plebiscito (no tenían plan B en caso de perder) como de los que impulsaron el ‘no’ (no esperaban ganar), llegó una nueva fase de negociación ya no entre las partes enfrentadas que se sentaron frente a frente en La Habana, sino entre el equipo negociador del Gobierno y los representantes del no. Esta renegociación tuvo lugar en medio de numerosas y nutridas manifestaciones ciudadanas y artísticas de la mitad del país que reclamaba salvar la paz.

El acuerdo se modificó notablemente: según los negociadores gubernamentales, se aceptaron reformas en 56 bloques temáticos de 57 y el 98% de las más de 500 propuestas que plantearon los del no. Sin embargo, líderes políticos opositores, encabezados por el ex presidente Álvaro Uribe, no suscribieron el texto reformado. Aun así, el 24 de noviembre de 2016 se firmó públicamente esta nueva versión en el Teatro Colón de Bogotá, en una ceremonia más sobria y menos pomposa que la que, con presencia de importantes actores nacionales e internacionales, había tenido lugar unos meses antes en Cartagena. Menos de una semana después, el Congreso colombiano ratificaría de forma definitiva dicho documento, cerrando el traumático proceso de refrendación.

Éste fue, sin embargo, un cierre formal que impidió ahondar en las heridas que había provocado el triunfo del no en el plebiscito por la paz. Así lo sostiene la reciente publicación Ganó el ‘no’, perdió Colombia: la refrendación de la paz cuatro años después, que tuve la oportunidad de editar y en el que se plantea que nadie involucrado en el proceso se encuentra (incluso hoy) satisfecho con el desenlace.

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Por un lado, los defensores del opinan que, a pesar de los cambios, primaron los intereses políticos de dirigentes del no para no haber firmado. Esta posible deslealtad en la negociación, con un alto coste para la implementación posterior de la paz, sería precisamente una de las razones que los llevó a alcanzar la Presidencia en 2018 y a obtener réditos políticos.

De otro lado, quienes estuvieron en contra de los acuerdos de La Habana se sienten traicionados porque su victoria nunca se materializó en las dos demandas que consideraban más relevantes para evitar la impunidad: frenar el acceso de los dirigentes desmovilizados de las Farc al Congreso y detener el sistema de justicia transicional; asuntos que han seguido intentando conseguir, sin éxito, en el actual periodo de gobierno.

Los ocho capítulos del libro parten del diagnóstico de que la consulta ciudadana fue el origen de muchos de los problemas que, cuatro años después, vive Colombia en cuanto a reconciliación y construcción de la paz. Pero sus autores profundizan en el análisis y la interpretación de varias dimensiones ligadas al plebiscito que, en su opinión, no se han abordado en profundidad ni en el plano académico ni en el debate público. De hecho, el planteamiento es que la cuestión va mucho más allá del resultado de la votación, y que en realidad se trató de un proceso muy complejo tanto por lo que ocurrió tanto antes como después. Por eso, la segunda parte del título de la obra alude al proceso de refrendación como un todo y no sólo al plebiscito.

Este trabajo de redimensionamiento busca responder, desde miradas a veces polémicas y encontradas, a muchas preguntas que todavía generan hondos debates. Me permito recapitular algunas de ellas:

¿Por qué el presidente Santos incluyó, y tercamente propició, una votación constitucional y legalmente innecesaria, además de inusual a nivel internacional y nacional a la hora de negociar la culminación de conflictos armados? Por ejemplo, en la misma Colombia hubo una quincena de procesos nacionales y regionales previos, y ninguno de ellos requirió refrendación.

¿Por qué, aunque Colombia puede convocar referendos, plebiscitos y consultas ciudadanas, ninguno de estos mecanismos se adecuó a lo requerido para refrendar la paz? ¿Por qué el Gobierno impulsó un nuevo mecanismo que, aunque tramitado en el Congreso de la República y avalado por la Corte Constitucional, generó dudas y denuncias de ilegitimidad? ¿Qué implicaciones tendrá esta experiencia en el uso futuro de estos mecanismos de participación directa que, en general, no ha sido muy positiva en Colombia?

¿Cómo fueron las campañas a favor y en contra del acuerdo? ¿Hubo, como se denunció, un mal manejo de las emociones del electorado por parte de los dirigentes del no, o prevalecieron los errores gubernamentales?

¿Cómo se explican los resultados obtenidos, el alto nivel de abstención y las ínfimas diferencias entre los dos bandos?

¿Qué suponía deshacer lo pactado? ¿Llevar la guerrilla al monte y volver a la guerra?

¿Cómo fue la renegociación y la involucración de las partes? ¿Cuál fue el contexto? ¿Qué implicó para otros flecos del acuerdo que se estaban implementando simultáneamente (como la desmovilización del actor armado)?

¿Cuáles fueron las consecuencias mediatas e inmediatas de este plebiscito y cómo afectó lo que ocurre hoy, cuatro años después, en Colombia?

Con aportaciones variadas de académicos y personajes de la vida pública colombiana, Ganó el ‘no’, perdió Colombia pretende devolver estas cuestiones al debate político y ciudadano mediante la deliberación y el reconocimiento de la argumentación del otro, con el fin de sanar una herida que permanece aún abierta. Los dos capítulos iniciales se enmarcan en la cuestión nuclear de la democracia: Juan Gabriel Gómez Albarello revisa el caso colombiano a la luz de la experiencia internacional comparada; y quien suscribe este texto estudia las tensiones entre la representación política y la participación ciudadana, así como la respuesta del Gobierno Santos a los diversos dilemas que se le fueron presentando.

Dos prestigiosos miembros de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 hacen también sus contribuciones: María Teresa Garcés Lloreda examina la infraestructura jurídica que se construyó para dar vida al acuerdo, la cual ha impedido, junto con el apoyo continuado de la comunidad internacional, ha impedido su desmantelamiento. Y Jaime Castro, destacado defensor del no, presenta los argumentos jurídicos que sustentaron su posición, identificando lo que, en su opinión, fueron errores y ligerezas del Gobierno en la negociación con las Farc que conducirán a que ésta sea una de las muchas paces que no logran acabar la guerra en el país.

Los tres siguientes capítulos ahondan, desde diversas perspectivas, en las razones del triunfo del no. Andrei Gómez-Suárez revisa dispositivos retóricos que utilizaron sus defensores para generar la narrativa anti-paz que terminó imponiéndose. Expresiones como castro-chavismo, paz sí pero no así, paz sin impunidad o ideología de género calaron en las emociones de una parte del electorado. Fabio López de La Roche analiza el rol de los medios de comunicación, combinando los fenómenos estructurales consolidados durante los dos gobiernos de Uribe para rechazar a las Farc y los propios errores del Ejecutivo a la hora de difundir y hacer pedagogía del proceso y de los acuerdos alcanzados.

En contraposición a los dos autores anteriores, Juan David Velasco identifica tendencias electorales estructurales que apoyan consistentemente las posturas uribistas, acompañadas de herencias conservadoras de sectores tradicionalmente opuestos a los procesos de apertura y democratización. Finalmente, en el último capítulo, propongo algunas reflexiones y hago alusión a consecuencias que, como la polarización, deben tratarse de superar.

Para concluir, nada mejor que las palabras de Yanina Welp, prologuista del libro: “Una obra como la que aquí se presenta combina el objetivo de documentar lo ocurrido con el de intervenir sobre el presente. Este libro hace un esfuerzo por poner en discusión los relatos del proceso de paz, y lo hace con honestidad. La obra Ganó el ‘no’, perdió Colombia merece una lectura y una discusión sosegadas”.

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