¿Es Söder la respuesta?

La política alemana, tradicionalmente caracterizada por su estabilidad e incluso por su monotonía, se ha visto sacudida por el último episodio de la guerra por suceder a Angela Merkel. En apenas 72 horas, se ha desatado una crisis que amenaza con fracturar la alianza entre los democristianos de la CDU y su aliado bávaro, la Unión Social Cristiana (CSU), a cinco meses de las elecciones federales.

El pasado domingo, pocos días después de afirmar que «respetaría» la candidatura de Armin Laschet, el líder de la CSU y primer ministro bávaro, Markus Söder, anunció su intención de postularse como candidato a la Cancillería. El lunes, la dirección de la CDU arropó a su líder, Laschet, mientras que la Ejecutiva de la CSU hizo lo propio con el suyo. El martes, tras una tensa reunión del Grupo Parlamentario compartido (la Union), ambos líderes quedaron en resolver la disputa «en los próximos días».

Los problemas para Laschet comenzaron a finales de marzo, dos semanas después de las elecciones regionales y tras una reunión entre los presidentes de los Länder para decretar las medidas sanitarias para la Semana Santa. Al finalizar el encuentro, Merkel mostró su descontento con varios presidentes, criticando su «interpretación laxa» de las restricciones sanitarias. Fue especialmente crítica con Renania del Norte, el Land presidido por Laschet. En la CSU esto fue recibido con júbilo, y el propio Söder no tardó en apoyar públicamente a la canciller, asegurando que «entendía» sus cálculos y sus preocupaciones. Pese a la posterior rectificación de Merkel, que defendió públicamente la gestión de Laschet, sus declaraciones fueron vistas como una prueba más de su debilidad, y de que incluso sus aliados desconfiaban de él. Fue entonces cuando Söder, que llevaba meses contemplando la posibilidad, dio el paso al frente.

Una crisis que viene de lejos

Los partidarios de Söder han centrado su análisis en la caída que la Union ha sufrido en las encuestas: desde principios de año, ha perdido una media de nueve puntos, y su distancia con los Verdes se ha reducido de 17 puntos en enero a apenas cinco en abril. Ello muestra, inciden dichos análisis, la impopularidad y la ineficacia de un Laschet que ya fracasó en las últimas elecciones regionales. Hace falta, por lo tanto, un líder carismático, que encarne los auténticos valores del partido y que no tema competir de tú a tú con los Verdes en el oeste y con la AfD en el este. Ante este escenario, ¿quién mejor que Söder para sacar al partido de su crisis? En la reunión del Grupo Parlamentario que tuvo lugar el martes, éste fue el principal argumento de un Söder que incidió en la delicada situación que vive el partido, declarando que había llegado el momento de hacer «lo correcto, no lo cómodo».

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Sin embargo, sería precipitado concluir que la bajada en las encuestas se deba al liderazgo de Laschet, analizar la brecha en el partido como algo puramente coyuntural o insinuar que el anuncio de un Söder «embriagado por el poder» –como ha escrito la Frankfurter Rundschau sea un movimiento puramente altruista. Las grietas en la ‘Union’ se remontan a 2015, cuando Merkel anunció su política de puertas abiertas frente a la crisis migratoria. Para gran parte de la derecha de la alianza –a la cual pertenecen los dos máximos representantes de la CSU, el ministro del Interior Horst Seehofer y el propio Söder–, el giro de la canciller fue la consumación de una política centrista que traicionaba los valores conservadores del partido.

Esto se producía en un momento de crisis electoral, en pleno auge de la ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD) y con la incertidumbre de si el partido debía escorarse a la derecha para taponar una posible fuga de votos. Fue especialmente feroz el choque entre Seehofer, entonces líder de la CSU, y la propia Merkel, llegando el primero a amenazar con recurrir su plan ante el Tribunal Constitucional. La crisis alcanzó su pico en 2018, ya con Seehofer en el Gobierno, cuando la cuestión migratoria amenazó con tumbar la ‘Union’ y, por lo tanto, el Gobierno federal.

Tras el acuerdo alcanzado entre ambas partes, así como la victoria de los candidatos merkelistas en los últimos congresos de la CDU (Annegret Kramp-Karrenbauer en 2019 y el propio Laschet en 2021), la guerra civil más feroz parecía haber quedado atrás. Sin embargo, la crisis de popularidad que sufre la ‘Union’, cuya imagen de eficacia en la gestión ha quedado muy mermada por el fracaso de la campaña de vacunación y por los escándalos de corrupción en la adjudicación de contratos de mascarillas, ha reabierto viejas heridas. Por primera vez en muchos años, se contempla una coalición semáforo (formada por Verdes, SPD y Liberales) que pueda dejar fuera del Gobierno federal a la CDU. Éste es el contexto en el cual Söder, pocos días después de declarar su lealtad a Laschet, se ha postulado a la Cancillería.

¿Es Markus Söder la solución?

Así como la división en el seno de la Union no se debe solamente a las últimas encuestas, existen razones para dudar de que Söder pueda surtir el efecto deseado. Por una parte, los precedentes históricos juegan en su contra. La Union ha presentado a un candidato de la CSU en dos ocasiones. En 1980, el entonces presidente bávaro Franz-Joseph Strauß ganó las elecciones, pero el socialdemócrata Helmut Schmidt logró formar Gobierno con los liberales (FDP). En 2002, el también presidente bávaro Edmund Stoiber perdió ante Gerhard Schröder, que repitió Gobierno con los Verdes. Presentar a Söder en 2021, escribe Uwe Klußmann en Der Spiegel, sería tentar una suerte que no juega a favor de los bávaros.

Más allá de supersticiones electorales, la razón que puede explicar dicho fracaso tiene que ver con el posicionamiento del propio partido. La CSU, claramente a la derecha de la CDU de Merkel, es vista con recelo por gran parte del electorado alemán, tanto por sus posicionamientos políticos como por su estilo populista. En unas elecciones en las que el rival a batir fuese la AfD, el papel de Söder, evitando un transvase de votos a la ultraderecha, resultaría más comprensible. Sin embargo, como quedó demostrado en Baden-Wurtemberg, las elecciones de 2021 se van a ganar desde el centro. En un contexto en el que la CDU deberá disputarle el electorado a los Verdes –y, en menor medida, al SPD– cuesta imaginar, pese a los guiños medioambientales de Söder en las últimas semanas, que un candidato netamente conservador y populista pueda llevarse el gato al agua.

Por otra parte, y pese a que Söder ha ido ganando apoyo a lo largo de la semana, parece difícil que la CDU sacrifique a su candidato. En primer lugar, porque el Grupo Parlamentario de la Union cuenta con cuatro diputados democristianos por cada uno de la CSU: una vez que Laschet ha recibido el apoyo de la dirección del partido, resulta difícil imaginar un trasvase de voto que permita a Söder salirse con la suya. De la misma manera, una derrota de Laschet entre sus propios diputados supondría el fin de su Presidencia, dejaría a la CDU descabezada y en caída libre, y la alianza entre ambos partidos quedaría al borde del abismo a cinco meses de las elecciones.

Dicho de otro modo, escribe Sabine von Orde en Die Tageszeitung, «el precio a pagar por Söder» es demasiado alto para la Union, incluso si esto facilitase poder ganar las elecciones de septiembre. Es por ello, incide von Orde, que la CDU no puede apoyar a Söder, digan lo que digan las encuestas: con él, la debacle puede ser aún mayor. Esto es precisamente lo que le han reprochado pesos pesados del partido; incluido Friedrich Merz, estandarte de la derecha de la CDU, archienemigo de Merkel, y quien fuera derrotado por Laschet en las últimas primarias del partido. Poner la zancadilla al líder de la CDU, declaró Merz el martes, suponía un suicidio político: quizás no fuese «el favorito en las encuestas», añadió, pero la CDU siempre antepone el partido a los intereses personales de sus líderes, y éste no era momento para guerras civiles o personalismos.

Si Söder es la respuesta, ¿cuál es la pregunta?

Tras la tensa reunión del Grupo Parlamentario, los dos líderes han pactado «llegar a un acuerdo» en los próximos días. Quedan por ver cuáles serán sus términos: si resolverán la situación entre ellos o acordarán unas primarias en el Grupo. Esta última es la opción preferida por un Söder que ha criticado que las decisiones se tomen «a puerta cerrada» y ha pedido que el candidato lo elija el Grupo Parlamentario –un Grupo, confía el bávaro, más reacio a Laschet, con miembros temerosos de perder sus escaños y, por lo tanto, más inclinados a apoyar su candidatura.

En una situación tan cambiante, es difícil predecir el resultado de esta guerra interna, aunque parece difícil imaginar que Söder se pueda imponerse. En cualquier caso, la crisis desatada en las últimas semanas indica tres cosas. En primer lugar, lo anticuado del proceso de selección del candidato de la Union, diseñado para una época de mayor consenso y menor polarización política, tanto dentro como fuera del partido. Por otra parte, que más de dos años después del anuncio de Merkel, el partido vive sumido en una profunda crisis; alentada, sin duda, por el vacío ideológico que, para muchos dentro del partido, ha supuesto el estilo político de la propia Merkel. Por último, que la crisis de identidad que vive el centro-derecha europeo, desbordado por la disyuntiva entre escorarse a la derecha o pelear el centro, ha desembarcado en Alemania. Falta ver si ha llegado para quedarse, y si Markus Söder puede –o debe– ser la solución.

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