Elecciones presidenciales en Francia: ¡todos soberanistas!

Como confirmó la reciente encuesta del Instituto Harris sobre las intenciones de voto presidencial, la división izquierda/derecha ya no puede estructurar el funcionamiento del sistema político y partidista. La izquierda amplia, ecologistas incluidos, suma sólo el 26% y sigue profundamente dividida. Por su parte, Les Republicains (LR) y el Rassemblement National (Marine le Pen) son políticamente opuestos. Los eventuales candidatos hostiles tanto a Emmanuel Macron como a Le Pen, y que se han dado cuenta del desgaste de la división izquierda/derecha, parecen ahora tener el objetivo estratégico común de instaurar un nuevo ‘clivaje’ que se estructuraría en torno a la cuestión de la soberanía nacional y que permitiría contrarrestar el dominio de la oposición entre el centro macroniano y la ultraderecha del RN, los globalistas y los populistas. ¿Puede tener éxito tal intento? ¿Pueden los partidos de izquierda y derecha de la antigua división converger lo suficiente como para constituir una alternativa política al ‘macronismo’, basado en el tema de la soberanía nacional y sin darle el poder a Le Pen? Ésta es la cuestión.

Los intentos de convergencia son, en efecto, actualmente numerosos entre los distintos soberanistas y se están produciendo a través de la persona del general De Gaulle: en cierto modo, todos somos gaullistas. El soberanismo ligado al modelo del general permite condenar la esencia del liberalismo económico y la Europa liberal. Xavier Bertrand (Les Republicains, antiguo ministro de Sarkozy), Jean-Luc Mélenchon (La France Insoumise), Arnaud Montebourg (ex ministro de Economía socialista del Gobierno de François Hollande), todos ellos candidatos putativos a las elecciones presidenciales, redoblan su reverencia hacia él. Todos votaron no en el referéndum sobre el Tratado de Maastricht.

Bertrand declara: “Más allá del Tratado, existía esta ideología de globalización feliz y neoliberalismo como el único camino posible. El soberanismo es el rechazo de un pensamiento único y representa una forma real de independencia. El general De Gaulle haría las reformas que permitirán a Francia mantener la independencia y la soberanía, siendo ambos conceptos inseparables”. Bertrand y Montebourg están de acuerdo sobre la cuestión de la soberanía. El número dos de los republicanos, Guillaume Peltier, señala «puntos en común» con Montebourg que, por su parte, sueña con un «De Gaulle colectivo» para Francia en 2022, un Gobierno que trascienda las divisiones tradicionales. Así lo declaró a Le Point en enero: «La derecha post-gaullista que defiende nuestro país y no está a favor de la globalización me parece tan cercana a mí como muchas personalidades de la izquierda».

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Ya en octubre de 2019, en su libro Milieu de cordée, Peltier abogaba por crear «un movimiento de reconciliación nacional» y unir al «bloque popular y republicano» frente al «enfrentamiento estéril entre el bloque progresista y elitista» de Macron y el “bloque populista” de los extremos. «Nuestro linaje es la herencia del general De Gaulle, Philippe Séguin y Jean-Pierre Chevènement”, escribió. Mismo discurso de Xavier Bertrand en mayo de 2017: “Los franceses buscan un equilibrio. Sueñan con un verdadero Gobierno de unidad nacional, de interés general, sin manifestaciones a la antigua usanza como en 1988 ”. En 2020, en una entrevista con el diario Corse Matin, Bertrand repitió: “La gente está harta de los partidos, quieren acción independientemente del bando político”. Defendía así la estrategia del «arco republicano». Todos miran al soberanista Chevènement, también notorio anti-maastrichtiano.

Mélenchon no se queda atrás. En junio de 2020, en una larga entrevista en la Revue politique et parlementaire centrada en De Gaulle, dijo que “su obsesión por la independencia, incluso contra fuerzas aparentemente tan poderosas, es una forma de insubordinación heroica que debe servir de modelo. De Gaulle nunca abrazó la idea de la mano invisible del mercado. El liberalismo es un producto de importación en Francia. En la actualidad, la política de los rebeldes se acerca más a la práctica gaullista en estas cuestiones que a la de personas que se reivindican del movimiento del general”. Afirma con él «una connivencia inexpresable sobre el amor a Francia. Más concretamente, me definí como un activista independentista francés ”. Y agrega: “Creo en el papel de los grandes hombres o las grandes mujeres en la historia. La soberanía europea es una quimera peligrosa».

Sin embargo, ¿es posible que tales convergencias sobre la restauración de la soberanía nacional permitan que todos estos personajes se unan políticamente y se enfrenten tanto a Macron como a Le Pen? La primera dificultad radica en que ésta última es, claramente, la principal representante de la soberanía a nivel electoral. Además, Le Pen se ha acercado poco a poco a las ideas de De Gaulle, asumiendo una cierta «continuidad» con él mientras dice que Macron es su «antítesis». También fue a conmemorar en 2020, en la isla de Sein, los 80 años del llamamiento del 18 de junio de 1940 de De Gaulle desde Londres. En 2020, en un extenso artículo de la Revue politique et parlementaire, la presidenta del Rassemblement National consideraba «urgente inspirarse» en el general para resolver la actual crisis sanitaria, oponiendo De Gaulle, que en su opinión es «de Francia», a Macron, que» no es del país» sino que “pertenece a una clase económica, a las finanzas, a una casta». El propio Mélenchon, como buen populista, no parece excluirla del arco republicano, declarando en 2019: «Marine le Pen está avanzando en su camino hacia el humanismo, de eso no me voy a quejar; y en cuanto a los miembros de su partido sobre el terreno, son bienvenidos».

En cuanto a Emmanuel Macron, ¿puede clasificarse tan fácilmente como anti-soberanista? ¿No se declara tan ‘gaullista’ como ellos? Durante la campaña presidencial de 2017 fue incluso el candidato que más claramente se refirió al general y ha seguido reafirmando esta cercanía desde entonces. Quería celebrar el año de Gaulle en 2020, rindiendo homenaje «al hombre que, con fuerza y ​​vigor, encarnó el espíritu de la Nación francesa y supo unir a los franceses en los tiempos que marcaron la historia de nuestra República y encarnan una forma de resiliencia y voluntad, dos rasgos tan característicos de la nación francesa a lo largo de la Historia”.

Macron también valora cada vez más la cuestión de la soberanía. Por supuesto, defiende la idea de que esa soberanía sólo se puede salvaguardar en el marco de la europea; pero tal visión no excluye la defensa de la nacional. En un discurso a los franceses el 14 de junio de 2020, de un tono muy soberanista, reclamó la reconstrucción de una economía ecológica fuerte, soberana y unida, independencia tecnológica, digital, industrial y agrícola; y si llama a la consolidación de una Europa independiente, más soberana, la vincula a la independencia de Francia: «Nos unimos en torno al patriotismo republicano».

El ministro de Hacienda, Bruno Le Maire, considerado a principios del quinquenio como bastante liberal, mostró recientemente los límites de este liberalismo al oponerse a la OPA de la canadiense Couche-Tard sobre Carrefour, es decir, a las inversiones extranjeras en el sector de la distribución, ¡en nombre de la defensa de la soberanía alimentaria! Por lo tanto, los soberanistas experimentarán algunas dificultades para hacer del soberanismo el elemento central de una división política que los oponga tanto a Macron como a Le Pen, especialmente porque cada uno de ellos, interpretando a su manera el legado del general, afirma tener su parte de la verdadera cruz del gaullismo. En fin, ¿quién puede decir cómo definiría hoy la soberanía el propio De Gaulle?

Además, ¿hasta dónde puede llegar en la práctica una campaña por el restablecimiento de la soberanía nacional en una Unión Europea que tiene su moneda, su banco central, sus instituciones, todo de lo que la mayoría de los franceses no parece arrepentirse? Y en cuanto a la desglobalización, ¿cómo conseguirla realmente?

Finalmente, de cara a las elecciones presidenciales de 2022, y aun admitiendo que estos candidatos soberanistas diversos hayan establecido convergencias entre ellos, se opondrán en la primera vuelta de las elecciones. Además, la encuesta de Harris muestra que es muy probable que Le Pen se ‘clasifique’ para la segunda vuelta. Si éste es el caso y se enfrenta con Macron, los candidatos soberanistas eliminados deberían pedir el voto por ella si son fieles a la nueva polarización, aceptando así que Rassemblement National es el partido dominante en el campo soberanista. De hecho, unos comicios presidenciales no son un referéndum: si derrotan a Macron, Le Pen será elegida. ¿Seguirán los soberanistas con esta lógica? Y si es un candidato soberanista cercano a LR que se oponga al candidato del Rassemblement National en la segunda vuelta? Por tanto, el duelo no puede estructurarse principalmente por esta división. Como podemos ver, si el clivaje izquierda/derecha ha perdido su poder organizativo, la división soberanista/globalista-europeísta sólo podrá prevalecer si Le Pen es elegida. Imponer la soberanía como tema unificador tanto contra Macron como contra Le Pen, contra los globalistas y contra populistas, parece, por tanto, una estrategia incierta y peligrosa. De hecho, la encuesta de Harris, en un duelo en la segunda ronda entre Macron y Le Pen, da sólo una estrecha mayoría (del 52%) al primero ¡Los soberanistas de todas las tendencias que dicen ser anti-populistas deben tenerlo en cuenta!

(Este análisis lo publicó originalmente nuestro asociado Telos-eu.fr; traduccion: Isabel Serrano)

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