Elecciones en El Salvador: ¿decadencia o regeneración democrática?

El Salvador se acerca a una cita histórica y decisiva en términos de consolidación democrática. El próximo 28-F se celebrarán las elecciones legislativas, municipales y del Parlamento Centroamericano (Parlacen) en un contexto complejo de crisis de representación, apatía democrática, vientos autoritarios y, por si fuera poco, de pandemia por Covid-19. ¿Cuáles son las eventuales implicaciones de estos comicios para la reciente, y frágil, democracia salvadoreña? Aquí se analizan los resultados de las últimas encuestas de opinión y se presentan nueve aspectos clave de este proceso, con el objetivo de descifrar si se trata de una decadencia o de una regeneración de la democracia.

La encuesta preelectoral del Centro de Estudios Ciudadanos de la Universidad Francisco Gavidia (CEC-UFG), publicada en enero pasado, y la última del Instituto Universitario de Opinión Pública de la Universidad Centroamericana (Iudop-UCA), publicada este mismo mes, coinciden en que Nuevas Ideas, el partido del presidente Nayib Bukele, tiene una importante intención de voto, superior al 60%, para las legislativas; y, sobre todo, una amplia ventaja respecto a los partidos tradicionales, Alianza Republicana Nacionalista (Arena) y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), que caerían estrepitosamente, por debajo del 10%. En las elecciones legislativas de 2018, Arena obtuvo el 41,72% de los votos, mientras que el FMLN logró el 24,54%, lo que sugiere que Nuevas Ideas se consolidaría ahora como la primera fuerza política de la Asamblea Legislativa y se evidenciaría, aún más, la debacle de los partidos tradicionales.

De manera similar, según ambas encuestas, Nuevas Ideas encabezaría la intención de voto para las municipales, aunque con un porcentaje un poco más modesto; Arena rondaría entre el 10% y el 11% y el FMLN estaría en el entorno del 5%.

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El análisis de los resultados de estas encuestas de opinión refleja una evolución en el comportamiento del electorado salvadoreño y, por ende, una reconfiguración del sistema de partidos, materializada en la aparición de nuevas formaciones y la debacle de las tradicionales. Cabe preguntarse si se trata de una decadencia o de una regeneración de la democracia, para lo cual es necesario analizar los aspectos que están en juego en la próxima jornada electoral; son nueve:

  • Elecciones en pandemia

De acuerdo con la encuesta del CEC-UFG, un 73% de los participantes en la misma iría a votar con medidas de bio-seguridad, mientras que el 20,1% preferiría no hacerlo si el nivel de contagio de casos por Covid-19 se mantiene o aumenta. La pandemia puede desalentar el ejercicio del sufragio. Sin embargo, para evitar esta situación, es imperativo que el Tribunal Supremo Electoral (TSE) desarrolle un proceso seguro, en cumplimiento de los protocolos de bio-seguridad correspondientes y acorde con las recomendaciones dictadas por distintos organismos internacionales y organizaciones de la sociedad civil.

  • Narrativa de fraude

Según la misma encuesta, el 40,1% tiene ‘poca confianza’ en el próximo proceso electoral y un 8,8% ‘no confía’ en él. Además, sólo el 41% piensa que serán unas elecciones limpias y el 37,9%, que habrá fraude. En relación al TSE, el 68,1% declara tener poca o ninguna confianza en dicha institución. En este sentido, distintas organizaciones de la sociedad civil han hecho un llamamiento a la prudencia para apagar las señales (infundadas) de alarma sobre un eventual fraude y han propuesto acciones concretas para vigilar y favorecer las auditorías independientes para reforzar la confianza de la ciudadanía.

  • ¿Absentismo o movilización del electorado?

Entre los principales resultados de la encuesta del CEC-UFG destaca un porcentaje muy significativo (del 87,20%) que manifiesta su decisión de ir a votar en las próximas elecciones. Sin embargo, según datos oficiales del TSE, desde 1994 el promedio de participación en las legislativas es del 46,90%, lo que permite afirmar que, en El Salvador, sólo vota la mitad del electorado. Una baja participación conllevaría cuestionar el grado de legitimidad de los candidatos electos.

  • Crisis de representación de los partidos políticos

De acuerdo a la encuesta del Iudop-UCA, resulta alarmante que el 61,5% de los encuestados se interesen poco o nada en la política. Por otra parte, la del CEC-UFG revela que el 45,75% declara haber cambiado de preferencia política a partir de este año y para las próximas elecciones. De éstos, el 47,2% afirma que su partido le ha defraudado y el 35,6%, que los candidatos no le convencen. En efecto, los distintos escándalos de corrupción y la insatisfacción de las demandas ciudadanas ha agudizado la crisis de representación partidista. Según Iudop-UCA, Nuevas Ideas y Gran Alianza por la Unidad nacional (Gana) son las únicas formaciones cuya imagen ha mejorado significativamente; y entre los principales resultados de la encuesta del CEC-UFG, destaca una alta aprobación (8,87 sobre 10) de la gestión de la pandemia por parte del presidente de la República, lo que podría explicar la imagen favorable de ambos partidos. Es importante mencionar que organizaciones de la sociedad civil han denunciado la ejecución de políticas públicas con fines electoralistas.

  • Desconfianza en los partidos y la Asamblea Legislativa

En relación a este punto, el 48,7% de los encuestados por el Iudop-UCA estima tener ‘mucha confianza’ en Nuevas Ideas, pero no en Gana (7,7%). Para el resto de partidos, los resultados no superan el 3%. Adicionalmente, según el Latinobarómetro 2018, la confianza en la Asamblea Legislativa es sólo del 10%. Este evidente desencanto con la política puede conducir a la fragmentación partidaria, la crisis de representación y la inclinación por líderes populistas.

  • Institucionalización de los partidos políticos

La reconfiguración del sistema partidista refleja que los tradicionales (Arena y el FMLN) son formaciones institucionalizadas, pero sin capacidad de adaptación. En ese sentido, su supervivencia en el espectro político dependerá de su modernización, reinvención y re-conexión con el electorado. Por el contrario, Nuevas Ideas es un partido nuevo y, por ende, poco institucionalizado. Sin embargo, al ser un catch-all party, sin una ideología clara, tiene una fuerte capacidad de adaptación y autonomía al utilizar un discurso de diferenciación de los mismos de siempre. En cuanto a los otros dos partidos nuevos (Vamos y Nuestro Tiempo), carecen de una amplia estructura territorial y las encuestas reflejan su débil fuerza electoral.

  • Tipos de voto y educación electoral y cívica

El tipo de voto (por bandera, preferente o cruzado) agrega una capa de complejidad a las elecciones legislativas. Según los resultados del Iudop-UCA, el 71,9% votará por un solo partido, el 12,8% por el voto cruzado y únicamente el 0,1% por candidatos no partidarios. Esta misma encuesta revela que el 79% estima haber recibido poca o ninguna información del TSE sobre las distintas formas de votación para la elección de diputados, y el 61,3% no conoce el número de ellos que han de elegirse en su Departamento, por lo que todavía queda un largo camino por recorrer en términos de educación electoral y cívica de la población. Esto supone la asignación del presupuesto respectivo.

  • Las fórmulas electorales de cocientes y residuos: ¿prevalencia del pluralismo en la Asamblea Legislativa?

El sistema político salvadoreño es pluralista y el electoral en este tipo de comicios es proporcional. Debido a la fórmula de cocientes y residuos que caracteriza las elecciones legislativas, es probable que los partidos que cuentan con mínimas intenciones de voto en las encuestas logren obtener algunos escaños en la Asamblea Legislativa.

  • ¿De un sistema de pluralismo moderado a otro de partido predominante o hegemónico?

En el peor escenario, y como hipótesis, puede resultar interesante calcular el número efectivo de partidos de Laakso y Taagepera, tomando en consideración la concentración del voto y la competitividad del sistema partidista, para analizar el formato de ese sistema tras el 28-F y preguntarse si en El Salvador podría materializarse una transición de un pluralismo moderado a un sistema de partido predominante o hegemónico.

En conclusión, las elecciones de este domingo tendrán lugar con más elementos de decadencia democrática (narrativa de fraude, riesgo de absentismo, crisis de representación de los partidos políticos, desconfianza en ellos y en la Asamblea Legislativa, formaciones institucionalizadas pero sin capacidad de adaptación y poca institucionalización de las nuevas marcas, poca formación electoral y cívica, poco interés de la ciudadanía en informarse y riesgo de predominancia de un partido político en la Asamblea Legislativa) que rasgos de consolidación democrática (posibilidad de fuerte participación electoral, TSE respaldado por la sociedad civil y organismos internacionales, distintos tipos de voto, pluralismo y nuevos partidos en la competencia político-electoral). En efecto, estos comicios son cruciales para la conservación del espíritu de representación democrática de los Acuerdos de Paz, pero también para mantener la separación de los poderes del Estado y evitar el riesgo autoritario.

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0 Comentarios

  1. Alberto
    Alberto 02-27-2021

    Excelente artículo. Lo único a recalcar es que estos comicios no son diferentes del resto si hablamos de autoritarismo y separación de poderes. En efecto, ya han habido muchos presidentes con mayoría absoluta de sus partidos políticos en la asamblea legislativa y asimismo en el resto de poderes. Su representación partidaria votaba a favor de todo lo que el presidente proponía. Lo que es importante aquí es que las decisiones que el actual presidente hace tienen mucho más impacto en el ámbito salvadoreño, ya sea de forma positiva o negativa, que sus antecesores.

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