El votante LGBT+ es ‘rojo’, pero ¿puede cambiar de ‘color’?

Las personas lesbianas, gays, bisexuales, trans y otras minorías sexuales (LGBT+ ) constituyen una proporción importante (y creciente) de nuestra sociedad. Las minorías sexuales representan un estrato social que durante mucho tiempo ha sido objeto de formas institucionales de discriminación por parte del Estado; y han sido víctimas históricas, y lamentablemente contemporáneas, de la marginación y la violencia social. Estos procesos tienen un efecto formador de valores a la hora de establecer las preferencias políticas y la visión del mundo de un individuo.  El hecho de pertenecer a un grupo marginal en la sociedad puede originar un conjunto único de preferencias que tienen implicaciones a la hora de decidir el voto. 

Los politólogos parten de la base de que los votantes se comportan de una forma que maximice su bienestar. En otras palabras, los ciudadanos se inclinan por votar a los candidatos o partidos políticos que prometen aplicar las políticas preferidas por el individuo, y es probable que lo hagan en contra de los que promueven políticas contrarias a sus intereses. 

Históricamente, los partidos socialdemócratas han estado a la vanguardia del avance de los derechos LGBT+. A pesar de que el legado del Gobierno laborista de Tony Blair se asocia a menudo con reformas económicas liberales o con el legado negativo de la Guerra de Irak, el Ejecutivo dirigido por Blair en Reino Unido representa los ‘años dorados’ de los avances en materia de derechos LGBT+, ya que el partido socialdemócrata británico introdujo, entre otras reformas, la Ley de Reconocimiento de Género, la legalización de la adopción por parte de parejas del mismo sexo, la derogación de la prohibición del servicio militar para personas LGBT y la introducción de leyes específicas sobre delitos de odio contra este colectivo. 

En España, el PSOE fue pionero en la legalización del matrimonio igualitario. Tras años de campaña liderada por el activista y político socialdemócrata Pedro Zerolo, el Gobierno encabezado por José Luis Rodríguez Zapatero convirtió a España en un líder mundial en materia de derechos LGBT+, al ser el tercer país del planeta en otorgar derechos matrimoniales a personas del mismo género. Incluso en aquellos casos en los que los partidos socialdemócratas han mantenido una posición algo tibia respecto a los derechos LGBT+, estas posturas han ido a menudo acompañadas de una fuerte y explícita oposición al avance del ‘liberalismo sexual’ entre los partidos socialmente conservadores de la derecha. En un entorno político en el que los socialdemócratas son vistos como la familia de partidos pro-gay y los conservadores de derechas como el bloque anti-gay, es razonable suponer que, a la hora de decidir su voto, los votantes LGBT+ opten probablemente por la socialdemocracia. Sin embargo, hasta hace muy poco no hemos tenido muchas pruebas empíricas en los países europeos que respalden esta hipótesis.  

Figura 1.- Los votantes LGTB+ en Reino Unido son laboristas

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En consonancia con las suposiciones populares sobre quién gana en el voto LGBT+, el uso de los datos del panel del Estudio Electoral Británico (BES) muestra que las minorías sexuales apoyan en gran medida, y de forma sistemática, al Partido Laborista (el principal impulsor de las leyes pro-LGBT+ en Reino Unido) en comparación con los heterosexuales, cuyo apoyo al laborismo suele estar a la par con los conservadores. Los datos de este país se reflejan en trabajos académicos recientes que confirman lo mismo en otros lugares: los partidos socialdemócratas son los principales ganadores del voto lavanda en Europa occidental.

No obstante, hay dos amenazas potenciales para este matrimonio entre socialdemócratas y el voto lavanda.

Amenazas de la (nueva) izquierda

La aparición de partidos de nueva izquierda que tienden a ser más verdes, socialmente más liberales y más cosmopolitas que los socialdemócratas tradicionales representa una suerte de amenaza para las posiciones hegemónicas de la socialdemocracia entre los votantes LGBT+. El mapeo de las posiciones de las familias de los partidos europeos en cuestiones de derechos de esta minoría, así como la importancia relativa que otorgan a estas cuestiones (Gráfico 2), muestra que los partidos pertenecientes a la extrema izquierda (por ejemplo, Podemos en España o Syriza en Grecia) y los verdes son sustancialmente más contundentes en sus posiciones pro-LGBT+ que los socialdemócratas. 

Gráfico 2.- Partidos Políticos en la UE y los derechos LGBT+

Un vistazo al proceso legislativo en torno al nuevo proyecto de ley LGBTI de España (también llamado ley trans) señala este punto aún más. La norma ha sido promovida por el socio más a la izquierda del Gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos (UP) en lugar de por el partido socialdemócrata. Entre la dirección socialista, incluida la (ahora ex) vicepresidenta Carmen Calvo y ciertas feministas dentro de las bases del partido ha habido oposición a la liberalización de las leyes de reconocimiento de género que permitirían a las mujeres trans cambiar su estatus legal de género sin un certificado médico. Según un memorándum interno firmado por feministas del PSOE, esto podría perjudicar el bienestar de las mujeres cisgénero, y este sentimiento se ha visto reflejado en algunas de las marchas anti-transfeministas que han tenido lugar en los últimos meses.  

Si los ciudadanos votan al partido que tiene más probabilidades de defender sus propios intereses (y los de su grupo), es de esperar que algunos votantes LGBT+ lo hagan a la ‘nueva izquierda’ en lugar de a los partidos socialdemócratas, ya que son los primeros los que más defienden las demandas políticas contemporáneas de los LGBT+. 

Lamentablemente, los datos disponibles en España no permiten estratificar a la población en función de su identidad sexual y/o (cis)de género. En la actualidad, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), organismo responsable de encargar la encuesta electoral y los barómetros sociales, no permite a los encuestados identificarse como LGB o T+. A pesar de este inconveniente, un método de identificación de individuos LGB en la Encuesta Social Europea (ESS), que se detalla aquí, demuestra los niveles consolidados de apoyo entre el voto lavanda en España y la izquierda (Gráfico 3). 

Gráfico 3.- Voto LGB y la izquierda en España

Los votantes LGB en España apoyan significativa y sustancialmente más al PSOE y a UP que sus pares heterosexuales. Dado que estas dos opciones políticas de izquierdas han demostrado actualmente su voluntad de formar un Gobierno de coalición progresista, la dispersión de los votantes LGB entre los partidos del bloque de izquierdas no representa una amenaza para la influencia electoral colectiva de aquéllos. 

La amenaza homo-nacionalista

También se ha detectado una amenaza a la afinidad entre los votantes LGB y los partidos socialdemócratas en forma de partidos de extrema derecha. Aunque éstos, como Vox, tienden a ser socialmente conservadores (léase anti-LGBT+), algunos de ellos son ‘nativistas sexualmente modernos’. Utilizan la retórica de la ‘protección’ de los derechos LGBT+ como medio para legitimar sus posturas anti-inmigración y, a menudo, xenófobas. Esta estrategia política (también llamada homo-nacionalismo) ha sido utilizada por la extrema derecha en Países Bajos y también por Donald Trump en Estados Unidos, con líderes de extrema derecha que coquetean con los votantes LGBT+ mediante promesa de protegerlos de los inmigrantes que, según su argumentación, son un peligro para el bienestar de esa comunidad. 

Gráfico 4.- Los votantes LGB y el internacionalismo

Sin embargo, es poco probable que estos intentos tengan éxito. Además de ser más proclives a las cuestiones económicas, los votantes LGB son también más liberales desde el punto de vista cultural, más eurófilos y más pro-internacionalistas. Comparando su nivel de apoyo a la UE y también sus actitudes ante las diferentes medidas de inmigración (Gráfico 4), vemos que los votantes de las minorías sexuales son significativamente más internacionalistas en comparación con los votantes heterosexuales. Por tanto, no albergan preferencias o creencias políticas que les hagan susceptibles a los llamamientos de los partidos homo-nacionalistas de extrema derecha. 

A los partidos socialdemócratas, preocupados por la posibilidad de que los partidos de extrema derecha puedan arrebatarles su base de apoyo leal al colectivo LGB, se les podría recomendar no adoptar posiciones socialmente conservadoras que reflejen las posturas anti-inmigración o anti-UE de la extrema derecha. No sólo se ha demostrado que estas tácticas de imitación pueden ser perjudiciales para su suerte electoral, sino que también pueden llegar a alienar a los votantes de las minorías sexuales, que tradicionalmente han sido un nicho electoral socialdemócrata.

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