El virus confina la campaña electoral estadounidense

Quedan menos de seis meses para el 3 de noviembre de 2020. Igual que a millones de ciudadanos, la pandemia ha alterado los planes del presidente Donald Trump (73 años) y del candidato demócrata Joe Biden (77) – quienes se disputarán la presidencia de Estados Unidos.

En pocas semanas, los mensajes y estrategias de campaña de ambos han quedado obsoletos y ganará quien mejor se adapte a esta nueva, pero sobre todo diferente, campaña electoral.

La muerte de George Floyd ha vuelto a poner de manifiesto las desigualdades sociales y raciales del país; y nos espera una campaña bronca con un presidente consciente de que la polarización social le beneficia y que buscará aprovecharse al máximo del contexto digital en el que se desarrollará la campaña.

La transición a una campaña virtual representa una ruptura total con la esencia y el ‘modus operandi’ que en las últimas décadas había movilizado a miles de votantes. Todavía cuesta imaginar una campaña sin discursos épicos en la Convención Nacional de cada partido (se prevén en un formato virtual en agosto), sin viajes frenéticos para dar mítines en diferentes estados clave (swing states) en el mismo día, y sin que miles de voluntarios puedan tratar de persuadir a eventuales votantes a las puertas de sus casas (canvassing).

[Recibe diariamente los análisis de más actualidad en tu correo electrónico o en tu teléfono a través de nuestro canal de Telegram]

Hasta ahora, la pandemia no ha favorecido a ningún candidato y cada día que pasa queda más claro cómo la narrativa que iba a emplear Trump en su campaña –el crecimiento económico y el repunte bursátil– ha quedado diluida por el dramático aumento de la tasa de paro, que ha pasado en dos meses del 3,5% en febrero al 14,7% en abril, la peor cifra desde la Gran Depresión.

Reconociendo la imposibilidad de que Estados Unidos se recupere económicamente hasta noviembre, es más que previsible que para esta nueva campaña Trump refuerce su mensaje de ‘ley y orden’ frente a las protestas del movimiento Black Lives Matter, y continúe su cruzada contra el globalismo aumentando la confrontación con el país origen del virus, China, y promoviendo mayores restricciones migratorias. Además, previsiblemente personalice todavía más sus ataques contra Biden, y los negocios turbios de su hijo Hunter en Ucrania pasarán a ser otro tema principal de su campaña. En este sentido, no es casual que justo en estos últimos días los senadores republicanos hayan decidido abrir una investigación para reprobar políticamente al hijo del exvicepresidente.

Por otro lado, cabe destacar la gran ventaja que supone para Trump estar confinado en la Casa Blanca en contraposición con el sótano en Delaware donde se encuentra el candidato demócrata en estos momentos. Mediante ruedas de prensa y briefings continúa dominando el debate público, politizando la pandemia en su favor. La Casa Blanca es, sin duda, su mejor plataforma electoral para entrar en los hogares de millones de norteamericanos a través de los televisores y continuar generando titulares con esa facilidad que tanto le caracteriza.

[Escuche el ‘podcast’ de Agenda Pública: ¿Democracias en declive?]

Esto supone una enorme desventaja para Biden, quien desde su sótano debe persuadir a miles de votantes en estados clave como Ohio, Wisconsin y Pennsylvania, entre otros. Los discursos emotivos y el carisma del vicepresidente de Obama pierden frescura en los encuentros virtuales que organiza con sus simpatizantes; y los apretones de manos los sustituye un ‘podcast’ llamado ‘Here is the Deal’ que su campaña ha lanzado recientemente. El mensaje con el que ganó las primarias demócratas –principalmente, el retorno a la normalidad política de la era Obama– también lo está adaptando a los tiempos de la pandemia, pero hasta ahora con poca fortuna.

A mediados de marzo, y coincidiendo con el estallido de la Covid-19, el candidato demócrata nombró nueva directora de campaña a Jen O’Malley, quien anteriormente hizo célebre la campaña vía Youtube del candidato al Senado por Texas Beto O’Rourke. Pero este nombramiento no ha sido, ni mucho menos, suficiente, y Biden sigue en la inercia tradicional con un perfil digital extremadamente gris.

En esta campaña tan diferente a la anterior, Biden –senador desde 1972 y uno de los principales gestores de la crisis del Ébola como número dos de Obama– centrará su discurso contra la gestión de la pandemia por parte de Trump, sacando a relucir su larga experiencia como gestor público. Además, frente a la ola de protestas desatada contra el racismo, intentará exhibir un liderazgo alternativo reforzando su mensaje de unidad y empatía.

En sus últimas intervenciones virtuales, se está remontando cada vez con mayor frecuencia a los tiempos de Roosevelt y al crac de la Bolsa en 1929, afirmando que para paliar el impacto económico como consecuencia del coronavirus, Estados Unidos necesitará de un «New Deal del siglo XXI» que gire en torno a la sostenibilidad como herramienta de crecimiento económico. Probablemente, veremos cómo enfatiza la protección social y denuncia la vulnerabilidad de millones de estadounidenses –muchos de ellos también votantes republicanos–, que se verán afectados por el coronavirus.

Finalmente, este nuevo formato electoral tendrá como elemento transformador el uso que cada candidato haga de herramientas electorales basadas en ‘big data’ para identificar a votantes indecisos; y la creatividad con la que utilicen medios digitales como YouTube, Facebook, Twitter, Instagram o TikTok.

Tal y como han alertado en ‘The New York Times’ los célebres estrategas de las victorias de Obama en 2008 y 2012, David Axelrod y David Plouffe, la campaña digital de Biden mostró ya grandes flaquezas durante las primarias, por lo que debe armarse urgentemente en este ámbito. Trump, por su parte, ya cuenta con comunidades digitales que apoyan su causa a sabiendas que en los últimos años ha logrado dominar el debate público a golpe de tuit. A Biden le falta la rapidez, el sarcasmo y el tono populista de Trump. Y a éste, la paciencia necesaria para no traicionarse a sí mismo. En política, seis meses son una eternidad. Pero para pasar a la eternidad, Trump y Biden saben que primero tienen que ganar la batalla digital.

(Accedaaquía la cobertura de Agenda Pública sobre las elecciones estadounidenses, con análisis y datos exclusivos)

**

Contra la pandemia, información y análisis de calidad
Colabora con una aportación económica

Autoría

Patrocinado por:

Deja un comentario

X

Uso de cookies

Esta página utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle información relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.