El moderado retorno de la socialdemocracia alemana

La victoria por la mínima de los socialdemócratas en Alemania ha vuelto a poner sobre la mesa la discusión acerca del futuro de estos partidos. Su declive paulatino a lo largo y ancho de Europa occidental ha sido documentado ampliamente y tiene como telón de fondo las transformaciones socioeconómicas de carácter estructural que atraviesan nuestras economías. La probable vuelta a la Cancillería del SPD después de 16 años sugiere que no todo está perdido para la socialdemocracia europea. 

La victoria del SPD es meritoria, especialmente en un contexto electoral más competido que nunca y unos verdes que aspiraban a reemplazarlos como el principal partido del centro-izquierda. En términos históricos, en cambio, su fuerza electoral sigue muy por debajo de la que disfrutaron hace décadas Gerhard Schröder o Willy Brandt. Además, los socialdemócratas se han beneficiado del pésimo resultado de la alianza democristiana liderada por Armin Laschet, que ha obtenido el peor resultado electoral de su historia. Las principales fugas de votos de los democristianos lo han sido más hacia su izquierda –SPD, verdes y liberales– que hacia la derecha radical del AfD. Los partidos tradicionales resisten no sólo gracias al voto de los más mayores, sino también por una implantación territorial más homogénea entre territorios. 

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En este escenario de fragmentación, los partidos tradicionales se enfrentan a dilemas complejos en términos programáticos y de estrategia política. ¿Deben los socialdemócratas acercarse más a la (empequeñecida) clase obrera industrial o es preferible atender antes a las necesidades y demandas de los votantes universitarios de los núcleos urbanos? ¿Es posible todavía forjar coaliciones socialmente diversas en torno a cuestiones como las políticas sociales, el crecimiento económico o el cambio climático? ¿Se está produciendo un realineamiento electoral del voto moderado del centro-derecha que va más allá de la derecha radical? ¿Pueden los partidos tradicionales reconectar con las nuevas generaciones? Éstas son cuestiones de gran complejidad sobre las que ni los investigadores sociales ni los estrategas políticos tienen todavía respuestas claras. En cambio, las encuestas a pie de urna realizadas en Alemania nos permiten arrojar un poco de luz sobre la evolución de las bases electorales de los partidos con respecto a las elecciones federales de 2017.

Socialdemócratas en la tercera edad 

Gráfico 1.- Resultados electorales por grupos de edad

Fuente: Infratest dimap (encuesta a pie de urna).

Según la encuesta de Infratest dimap, en estas elecciones los socialdemócratas no han sido capaces de volver a conectar con las nuevas generaciones. Más bien al contrario: el SPD habría perdido algo de apoyo entre el grupo de votantes entre 18 y 34 años. En cambio, su éxito parece explicarse por sus buenos resultados entre el electorado más mayor: han mejorado sustancialmente entre los mayores de 60 años y los pensionistas. Al mismo tiempo, los verdes y los liberales del FDP son los más votados entre los más jóvenes. Por último, los democristianos pierden votantes en todos los grupos de edad. Una hipótesis es que las fugas entre sus votantes más mayores se habrían producido hacia el SPD, mientras que los más jóvenes habrían gravitado hacia verdes y liberales.

¿Un realineamiento del voto moderado?

Gráfico 2.- Resultados electorales por estatus ocupacional

Fuente: Infratest dimap (encuesta a pie de urna).

La distribución del voto por grupos ocupacionales ofrece también algunos elementos para el análisis. El SPD crece especialmente entre los pensionistas y en menor medida entre trabajadores manuales, no manuales y autónomos. Es un hecho revelador que la CDU/CSU pierda más votos entre los trabajadores no manuales y los autónomos. Una posibilidad es que una parte significativa de los profesionales liberales, sobre todo los más jóvenes, no se vieran ya representados por la democracia cristiana y se identifique más con partidos alternativos cercanos al centro político, como verdes y liberales. 

El realineamiento de los votantes moderados es una tendencia a la que debemos prestar más atención en futuras elecciones en otros contextos. Las elecciones alemanas nos recuerdan que las transformaciones políticas de las últimas décadas en Europa occidental van mucho más allá del fortalecimiento la derecha radical y la aparición de otros partidos de corte anti-‘establishment’. Ello complica todavía más el dilema al que se enfrentan los partidos de centro-derecha europeos: la amenaza no proviene sólo desde la derecha radical, sino también desde opciones ideológicamente moderadas, atractivas para su electorado más joven y progresista en cuestiones socio-culturales como el matrimonio homosexual, la inmigración o la integración europea. 

Los dilemas de estos partidos serán distintos en función del contexto político del país y la fortaleza del eje izquierda-derecha. En Alemania, el AfD parece haber alcanzado su techo electoral estructural y las transferencias de voto inter-bloque –de partidos de derechas hacia partidos de izquierda, o viceversa– tienden a ser mayores que en otros países como España. 

Scholz al rescate 

Gráfico 3.- «¿Qué ha sido más importante para ti a la hora de votar?»

Fuente: Infratest dimap (encuesta a pie de urna).

La figura de Olaf Scholz como candidato ha sido probablemente crucial en el buen resultado de los socialdemócratas. En el Gráfico 3 se observa que los votantes del SPD son quienes más importancia han otorgado al candidato a la hora de decidir su voto. Mientras que la mayoría de los del resto de partidos decidieron el suyo en función del programa político del partido, el 36% de los votantes socialdemócratas reconocen haberse visto influidos por la figura del candidato. Una hipótesis planteada por el politólogo Tarik Abou-Chadi es que la elección de Scholz como contendiente habría sido clave para lograr convencer a una parte importante del electorado más envejecido de los democristianos. Al mismo tiempo, Abou-Chadi sugería que el programa del SPD, más anclado en la izquierda que en elecciones anteriores, puede haber sido crucial a la hora de evitar mayores fugas hacia los verdes.  

En resumen, las elecciones alemanas del domingo nos dejan al menos tres conclusiones relevantes para los sistemas políticos de Europa occidental. En primer lugar, la fragmentación electoral de las últimas décadas sigue en aumento y debido a su carácter estructural –nuestras economías y realidades sociales se fragmentaron seguramente antes que nuestros parlamentos– es improbable que se reduzca en el corto plazo. En segundo lugar, como hemos visto recientemente en otros países, el centro-derecha atraviesa una crisis electoral y de identidad equivalente a la del centro-izquierda. En Alemania, la suma del voto de los dos partidos tradicionales se encuentra hoy en el punto más bajo, como sucede también con la suma de PP y PSOE en España. Por último, los primeros análisis demoscópicos sugieren la acentuación de una tendencia previa: la cristalización de la edad como un factor explicativo clave del comportamiento de los electorales alemanes. Es muy probable que algunas de estas dinámicas sigan acentuándose en otros contextos durante los próximos años, dado que responden a cambios profundos en nuestras estructuras económicas y sociales. 

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