Ecuador: Lasso anuncia que será «presidente y sólo presidente»

Tras la victoria de Guillermo Lasso el pasado 11 de abril, los niveles de crispación que habían dominado el discurso político de los últimos 13 años se redujeron de manera considerable. Frente a la lógica de confrontación entre correístas y anti-correístas que se había reconfigurado durante la campaña electoral, resultó llamativo el tono respetuoso y calmado que marcó el periodo de transición, empezando por las palabras de aceptación y felicitación del ex presidente Rafael Correa hacia el nuevo gobernante. Esta tónica discursiva se mantuvo durante la ceremonia de asunción del 24 de mayo y ha continuado durante el primer mes de gobierno. Sin embargo, a medida que el presidente va poniendo en marcha los engranajes de su Administración, empiezan a aparecer los primeros nubarrones que amenazan con poner fin a este renovado clima democrático.

Durante el discurso de toma de posesión, Lasso trazó una serie de lineamientos relacionados con los principios normativos de su Gobierno (democracia, tolerancia y transparencia), así como las prioridades de la política pública (vacunación, crecimiento económico, desarrollo infantil, educación e igualdad de género). El contenido de este discurso reiteró la mayor parte de sus promesas de campaña y reflejó bien la configuración final de su Gabinete; pero, sobre todo, fue un guiño al electorado que, en lugar de votar por él, lo hizo contra Andrés Arauz y la eventualidad de que Revolución Ciudadana retornara al poder.

Respecto de los principios normativos, el presidente insistió en que durante su gobierno primará una interpretación clásica, republicana y representativa de la democracia: “Nosotros nos mantendremos fieles a los estrictos márgenes que dictan las leyes. Vamos a tener la humildad, pero sobre todo la fortaleza para decir: seré presidente; y sólo presidente”. Con ello no sólo se comprometió a respetar el orden institucional, sino que retomó también una de sus principales críticas contra el gobierno de Rafael Correa (2007-2017): las constantes violaciones al Estado de derecho. En esa misma línea, Lasso aseguró que se respetarían los derechos de la oposición y la libertad de expresión.

[Recibe los análisis de más actualidad en tu correo electrónico o en tu teléfono a través de nuestro canal de Telegram]

A las alusiones sobre la democracia y el ejercicio respetuoso del gobierno, el discurso de posesión añadió otras declaraciones que hicieron hincapié en su visión de la política como un acto de servicio público: “Que todos los políticos de este país se acostumbren a que la política es esto: un deseo fundamental de los ciudadanos por contribuir al bien común, al bien colectivo”. Con ello, se hacía eco del desencanto de la ciudadanía con el funcionamiento de la democracia y la poca capacidad que ha tenido el sistema para investigar, combatir y condenar los casos de corrupción, percibida como uno de los problemas más graves que atraviesa el país.

De la mano con las críticas a los sucesivos gobiernos de Alianza País (2007-2017, 2017-2021) como recurso para demarcar los principios democráticos del gobierno entrante, Lasso delimitó tres líneas prioritarias de política pública. En primer lugar, reiteró y confirmó su principal promesa de campaña: la vacunación de nueve millones de personas en los primeros 100 días de gobierno. Esto como punto de partida para el segundo lineamiento: la promesa de una reactivación económica que, según se proclama, vendrá de la mano de la inversión extranjera, el apoyo a los emprendedores, al sector productivo, la libertad de comercio y la disminución de las cargas tributarias.

El tercer eje está conformado por una serie de cuestiones relacionadas con las condiciones de vida y las necesidades de los sectores más vulnerables. Entre las promesas hechas durante el discurso de asunción destacan la mejora para quienes viven en los campos, el combate a la desnutrición infantil y la protección de la infancia, la lucha contra la violencia de género y la búsqueda de equidad en el trabajo, y la mejora los sistemas educativos. En resumen, según el mandatario, “una democracia donde nadie sea señalado como vendepatrias o enemigo de la patria, y cuyos únicos enemigos sean la enfermedad, el analfabetismo, la desnutrición, la violencia de género…”.

Los retos del nuevo Gobierno

Por cada uno de los principios democráticos y de los lineamientos de la política pública expresados durante la toma de posición, el Gobierno se enfrenta a una serie de desafíos de los que dependerá su desempeño en los próximos cuatro años. El primero es su apuesta por vacunar al 50% de la población en los primeros 100 días de gobierno. No es que la cifra sea imposible, sino que depende de factores ajenos al Estado ecuatoriano ligados a la demanda internacional de dosis: de momento, los proveedores han dado preferencia a las ventas por volumen de los compradores con mayor poder adquisitivo.

El segundo desafío reside en la capacidad del mandatario para compaginar y equilibrar las fuerzas de su Gabinete y sacar adelante tanto la agenda social como la económica esbozadas durante la toma de posesión. Es decir, cómo encontrar un punto intermedio donde los ministros del área económica y de la política, que hasta ahora presentan un perfil bastante ortodoxo y conservador, puedan efectivamente encontrarse con los del área social, integrada por profesionales de tendencia más progresista y vinculadas con la sociedad civil. Aquí, además, Lasso ha decido apostar por la idea de la paridad, la inclusión y el empoderamiento de la mujer como polo de desarrollo. Sin embargo, esta idea parece muy distante: solo siete de los 31 miembros del Gabinete son mujeres.

El tercer reto será conseguir los apoyos suficientes en la Asamblea Nacional para sacar adelante las iniciativas del Ejecutivo. Éste no es un desafío menor: el partido de gobierno posee sólo 12 de los 137 escaños. Este hecho obliga a buscar alianzas con alguna de las cinco grandes fuerzas que conforman el Legislativo. Desafortunadamente, la mayor parte de ellas son de izquierda y ninguna es lo suficientemente numerosa como para ayudarle a conformar una mayoría parlamentaria. De hecho, basta con observar las dificultades que ha tenido este órgano para establecer su directiva y comisiones para hacerse una idea de la dificultad que tendrá el presidente no sólo para conseguir apoyos en un Parlamento fraccionado, sino para lograr mantenerlos.

De momento, los esfuerzos gubernamentales se han dirigido hacia la bancada de ‘independientes’, un grupo conformado por 14 figuras de diversa procedencia (movimientos políticos locales y un número creciente de tránsfugas) con quienes el Gobierno ha conformado la Bancada Acuerdo Nacional (BAN). El problema, como señala Santiago Basabe, es que el comportamiento de los integrantes de BAN, que afirmaron haber llegado a un acuerdo sin haber recibido ningún tipo de concesión, recuerda a las prácticas observadas durante las décadas de 1980 y 1990, cuando se conformaban alianzas transitorias que pactaban a puerta cerrada y de manera informal para satisfacer intereses particulares.

Si los acuerdos que llevaron a la conformación de BAN no se hacen públicos, el actual Gobierno habrá incumplido ya con los principios defendidos durante la toma de posesión. ¿Qué pasará con los demás? Todavía está por ver cómo gestionará Lasso su Gabinete y cuán eficiente será su Gobierno en materia de relaciones internacionales.

Contra la pandemia, información y análisis de calidad
Colabora con una aportación económica

Autoría

Deja un comentario

X

Uso de cookies

Esta página utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle información relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.