Ecología y democracia

La tribuna firmada en Le Monde del 20 de febrero 2019 por 1.000 científicos de disciplinas y estatus muy diversos (ecólogos, biólogos, astrofísicos, climatólogos –aunque parece que ninguno de referencia–, geógrafos, pero también algunos sociólogos, historiadores y especialistas en política) denuncia la inacción de los gobiernos ante la urgencia ecológica y preconiza la “rebelión” y la “desobediencia civil”. La constatación que sustenta esta tribuna, y que se refiere esencialmente a la cuestión climática, es muy sombría; incluso apocalíptica. Según ellos, el calentamiento previsible pondría en cuestión “la habitabilidad de Francia” por los “altos niveles de temperatura y de humedad que provocarían muertes por hipertermia”. Aunque la evolución del clima sea preocupante, es probable que todos los científicos no estén de acuerdo con una visión tan sombría. Pero esto no es lo más importante.

El objetivo real de esta tribuna no es tanto el diagnóstico –hoy existe consenso científico sobre el calentamiento global y sobre su impacto sobre la actividad humana– como las opciones políticas que los autores extrapolan. En efecto, ponen en entredicho “los objetivos de crecimiento” defendidos por el Gobierno (en realidad, por todos los gobiernos desde el final de la Segunda Guerra Mundial) y abogan por “un cambio radical de modelo económico y productivo”. Los autores no tienen muy claro qué significa realmente este cambio radical, pero se entiende que conduce, al renunciar al crecimiento económico, a abandonar el modo de vida al cual los ciudadanos han aspirado hasta ahora, consistente en mejorar el poder adquisitivo y tener acceso al consumo de bienes de consumo y domésticos: ”Nuestro modo de vida actual y el crecimiento económico no son compatibles con la limitación del cambio climático a niveles aceptables», escriben los autores. Dicha así, esta frase es ambigua: ¿hasta qué punto y en que ámbitos deben cambiar los franceses su modo de vida? Los autores se guardan mucho de entrar en estos detalles que son, sin embargo, cruciales.

[Con la colaboración de Red Eléctrica de España]

Pero, sobre todo, los firmantes dejan completamente de lado la cuestión del consentimiento de los ciudadanos. No es nada fácil renunciar a lo que, desde hace siglos, ha constituido el objetivo de la mayoría de los seres humanos: procurar, sobre todo para los más pobres, ganar el máximo de dinero posible para mejorar sus condiciones de vida adquiriendo equipamientos que permitan reducir el engorro de las tareas domésticas, desplazarse rápidamente, comunicarse con los demás aunque estén lejos, acceder al conocimiento y a la información y distraerse gracias a lastecnologías de información y de comunicación. Los autores no especifican, una vez más, a qué bienes habría que renunciar, pero el objetivo está claro: se trata de invertir la tendencia, detener el crecimiento económico y el progreso tecnológico abandonando, por ejemplo, «las tecnologías superfluas y consumidoras de energía como el 5G o el automóvil autónomo».

El problema es que para los franceses la mejora del poder adquisitivo es muy importante y renunciar al crecimiento económico supone, inevitablemente, el abandono de un objetivo que encabeza la lista de las preocupaciones de la mayoría. Además, esta renuncia conllevaría el aumento del paro y, por consiguiente, el de la pobreza.

Los autores de la tribuna propugnan una evolución de los modos de vida “hacia una mayor frugalidad”. La crisis de los ‘chalecos amarillos’ ha mostrado hasta qué punto es difícil orientar a la sociedad hacia objetivos ecológicos si éstos impactan la vida cotidiana (lo que deberá hacerse si se quiere ser eficaz) y cuando no son el resultado de un consenso democrático debidamente validado. Los autores, sin duda conscientes de esta dificultad, la sortean con absoluta mala fe escribiendo: «El movimiento de los chalecos amarillos” ha denunciado, “con razón, la inconsecuencia e hipocresía de una política que, por un lado, quiere imponer sobriedad a los ciudadanos y promueve, por otro, un consumismo desenfrenado y un liberalismo económico desigual y depredador”. Si entendemos bien lo que quieren decir, la gente es simplemente un juguete pasivo de una manipulación consumista. ¡Ya nos gustaría ver cómo acogen esta afirmación los chalecos amarillos! En cuanto a la idea de “imponer sobriedad a los ciudadanos”, ¿qué más propone esta tribuna?

Orientarse hacia una sociedad ‘frugal’ puede, efectivamente, ser un objetivo político. ¿Pero se ha presentado a los ciudadanos y lo han aprobado? El programa de Europa écologie de Les Verts (EELV), por ejemplo, no es ni mucho menos tan radical como lo que preconiza esta tribuna. Es verdad que propone la “transición ecológica de la economía”, pero a través de “la re-industrialización de los territorios y la re-localización de las actividades” gracias a “una planificación ecológica flexible, capaz de organizar la programación de las inversiones, de conseguir una financiación adaptada y de jerarquizar los proyectos industriales”.

[Recibe diariamente los análisis de más actualidad en tu correo electrónico o en tu teléfono a través de nuestro canal de Telegram]

En lo que se refiere al consumo, el programa de EELV se centra exclusivamente en el energético, proponiendo una “política de sobriedad y de eficiencia en todos los sectores de actividad” para “reducir el consumo de energía”. Nada de todo esto equivale al cambio radical defendido en la tribuna de Le Monde. Esta línea moderada, centrada en la ecología más que en un proyecto de sociedad radical, defendido por Yannick Jadot, permitió a EELV realizar un buen resultado en las últimas elecciones europeas: el 13,5% de los votos, mucho mejor que en 2014 (8,9%).

Las corrientes múltiples de la ecología política son diversas y algunas de ellas parecen comprometerse con una radicalización de las acciones. En su llamamiento a la “rebelión”, los autores de la tribuna se refieren a algunos de los movimientos (Youth for Climate y Extinction Rebellion) que acaban de hacerse notar por el destrozo de la sede parisina de BlackRock, una gestora de fondos americana. ¿Es esto a lo que se refieren los autores cuando hablan de «desobediencia civil»?

(El texto original se publicó en Telos-EU; traducción de Isabel Serrano)

Autoría

Deja un comentario

X

Uso de cookies

Esta página utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle información relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.