¿Deberían los gobiernos preocuparse por las huelgas generales?

Durante el último medio siglo, la persistente disminución de afiliación, poder de negociación colectiva e influencia política ha contribuido a la marginación política de los sindicatos. No siempre ha sido así.

En Europa occidental, los gobiernos solían hacer caso a los sindicatos. Históricamente, éstos y los partidos políticos de izquierda se coordinaban en materia de políticas públicas y cooperaron entre sí políticamente. La relación entre ambos era mutuamente beneficiosa. Los sindicatos ayudaban a movilizar las bases electorales de los partidos de izquierda en los periodos electorales y, si eran elegidos, los gobiernos de izquierda aplicaban políticas que brindaban beneficios a los trabajadores.

Las cosas han cambiado mucho. Debido al declive organizativo de los sindicatos, los vínculos entre éstos y los partidos de izquierda se han debilitado. Algunos partidos de izquierda han virado hacia una tercera vía de políticas pro-mercado con el fin de captar el apoyo de los votantes de clase media más acomodados. Estos cambios electorales y organizativos han dejado a los sindicatos políticamente débiles y han reducido su influencia sobre sus antiguos aliados, los partidos de izquierda.

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Sin embargo, nuestro reciente estudio sugiere que los sindicatos conservan una herramienta de base importante para ejercer influencia política: las huelgas generales. Pueden utilizarlas para poner a la opinión pública en contra de los gobiernos cuando persiguen políticas que se desvían de las preferencias sindicales. El estudio investiga las huelgas generales en España y muestra que los gobiernos del PSOE sufrieron importantes sanciones por parte de la opinión pública cuando se enfrentaron a ellas durante su mandato. Sin embargo, este efecto es limitado: los gobiernos conservadores del PP no sufrieron estos costes políticos.

Las huelgas generales y el apoyo público al Gobierno

Las huelgas generales son una forma de protesta, organizadas contra los gobiernos en su papel de ejecutores de políticas públicas. Los sindicatos las convocan para protestar contra las políticas que reducen el estado de bienestar y liberalizan los mercados laborales. A diferencia de las dirigidas contra los empleadores, los sindicatos buscan apoyo para las huelgas generales mucho más allá de sus afiliados. Si tienen éxito, movilizan a un amplio grupo de ciudadanos, atraen la atención de los medios de comunicación, introducen una perturbación económica notable y señalan una oposición generalizada a las políticas gubernamentales. Pueden participar cientos de miles de personas. Se estima que ocho millones lo hicieron en la huelga general de 1988.

¿Cómo puede afectar una huelga general a la opinión pública sobre el Ejecutivo? Varias hipótesis son plausibles. Dado el declive político sindical, uno podría esperar que estas huelgas no tuvieran ningún efecto sobre la opinión pública respecto a los gobiernos de cualquier color ideológico. Los sindicatos pueden ser simplemente demasiado débiles o políticamente marginales para conseguir esa influencia.

Por otro lado, al movilizar a un público amplio contra unas medidas que perjudican tanto a los afiliados sindicales como a los no afiliados, las huelgas generales pueden llegar a movilizar a la opinión pública contra gobiernos de todo tipo. Las políticas, como la reducción de las pensiones, a las que se enfrentan las huelgas generales tienden a afectar a grupos beneficiados que se resisten a los recortes. En consecuencia, cualquier Gobierno afrontaría el enfado público si este instrumento de presión llamara la atención sobre los recortes.

Sin embargo, nuestra investigación sugiere que las huelgas generales pueden ser «más perjudiciales para el apoyo público a los gobiernos de izquierda que a los de derecha». ¿Por qué? Los sindicatos suelen convocarlas contra las medidas de austeridad que afectan negativamente los derechos de los trabajadores. Como partidos pro-empresa, los partidos de derecha defienden las reformas económicas liberales a las que a menudo se dirigen las huelgas generales. Tales políticas se alinean con sus fundamentos ideológicos y es más probable que resuenen entre sus votantes y, por lo tanto, les proteja de un recorte del apoyo público.

Por el contrario, las huelgas generales contra gobiernos de izquierda pueden provocar una reacción política por dos razones. Primero, los votantes progresistas pueden sentirse traicionados por los gobiernos de izquierda que se desvían de su compromiso con los principios igualitarios y los derechos de los trabajadores. En segundo lugar, estos votantes con menos ingresos pueden ser particularmente hostiles cuando el partido por el que votaron introduce reformas que les perjudican de manera desproporcionada. Dado que las formaciones progresistas han tenido históricamente vínculos más estrechos con los sindicatos, la voluntad de éstos de convocar una huelga general contra un Gobierno de izquierda puede también mostrar a los ciudadanos, y específicamente a los propios votantes de la izquierda, la gravedad de sus políticas (o propuestas políticas).

Las huelgas generales y castigos para los gobiernos de izquierda (pero no de derecha) en España

Nuestro estudio examina el impacto de las huelgas generales en la opinión pública respecto al Gobierno en España entre 1986 y 2015. Durante ese periodo, los sindicatos convocaron nueve y amenazaron con otra. Cinco de ellas y la amenaza de huelga fueron contra gobiernos controlados por el PSOE, y las cuatro restantes, contra de ejecutivos del Partido Popular.

Para determinar si el apoyo público al Gobierno cambió después de una huelga general, examinamos las respuestas a dos preguntas de las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) que se han planteado regularmente desde finales de la década de 1980. La primera se refiere a qué partido votaría el encuestado si se celebraran elecciones al día siguiente, y la segunda, a cuánta confianza tiene el encuestado en el presidente del Gobierno. Tener datos de opinión pública trimestrales nos ha permitido evaluar los posibles costes políticos de las huelgas inmediatamente después de que tuvieran lugar.

Nuestros resultados empíricos demuestran que cuando el PSOE estaba en el poder, las huelgas generales se asociaron con una reducción del apoyo público al Gobierno; incluso después de controlar por otros factores potencialmente importantes, así como por la severidad de la reforma gubernamental propuesta. Una de ellas les costó a los gobiernos del PSOE una caída de aproximadamente 2,7 puntos porcentuales en la proporción de encuestados que afirmaron que votarían por el partido, mientras que se redujo la confianza en los presidentes del Gobierno en cuatro puntos porcentuales (ver Figura 1). Por el contrario, cuando gobernaba el Partido Popular, las huelgas generales no tuvieron ningún efecto en la opinión pública sobre el presidente ni en la intención de voto.

¿Qué significa esto para la influencia política de los sindicatos?

Nuestra investigación indica que los gobiernos de izquierda debieran estar más preocupados por las huelgas generales que los de derecha. ¿Qué significa esto para los sindicatos? Por un lado, sugiere que tienen una herramienta que les permite presionar a los partidos progresistas que propongan o implementen amplios recortes sociales. Esto es importante en un momento en el que los sindicatos han perdido influencia directa en la formulación de políticas. Cuando los partidos de izquierda se plantean adoptar plataformas más centristas y favorables al mercado, nuestra investigación indica que los sindicatos siguen siendo importantes movilizadores de los votantes progresistas. Los gobiernos de izquierda que los ignoran pueden hacerlo bajo su propio riesgo.

Sin embargo, al convocar huelgas generales, los sindicatos también deben ser conscientes de que los costes políticos son más altos para los partidos de izquierda que para los de derecha. Por lo tanto, pueden erosionar el atractivo electoral de los partidos cuyas agendas políticas están más cerca de las suyas, a pesar de las diferencias existentes.

(Este ensayo fue originalmente publicado en inglés en Social Europe)

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