¿Cuánto nos va a costar el desempleo del ‘Covid-19’? Respuestas desde la UE

En los últimos días hemos asistido a un encendido debate acerca de cuál ha de ser el papel de la Unión Europea en la crisis sanitaria y social derivada del Covid-19. El frustrante Consejo Europeo de la semana pasada muestra muy a las claras las dos posturas extremas que se viven en el seno de la Unión. De un lado, quienes ven en la crisis una oportunidad de resarcirse con la ciudadanía europea, en un contexto de creciente desafección que se inicia en la Gran Recesión y que va más allá de los países que se vieron más afectados por ésta; del otro, quienes ni ven un problema tan acuciante ni a escala europea, por lo que rechazan toda posibilidad de una intervención fuerte de la Unión.

Al margen de las consideraciones de carácter político, existen buenas razones para apoyar la primera postura y reclamar una intervención común para hacer frente a la crisis, especialmente en el ámbito de la eurozona. Los datos de desempleo son elocuentes a este respecto.

Acabamos de conocer los datos de paro registrado. El siguiente gráfico muestra la evolución más reciente y es tan claro como el que hace unos días nos mostraba Miguel Ángel Malo para los expedientes de regulación temporal de empleo (Ertes). El desempleo ha subido en poco más de 15 días de estado de alarma en más de 300.000 personas, hasta alcanzar la cifra de 3.548.312, lo que supone un incremento del 8,5%. Un aumento sin precedentes, 1,5 veces más que el mayor durante la Gran Recesión de 2008-2013. Muy preocupantes también, incluso más, los datos de afiliación: 833.979 afiliados menos, o lo que es lo mismo, puestos de trabajo destruidos. Hemos retrocedido en unos días el camino que laboriosamente nos habíamos labrado desde 2017. Tres años de avances en el empleo se han esfumado.

¿Cuánto nos va a costar esto? Aún no contamos con cifras oficiales. No obstante, con simples cálculos, aunque sean de trazo grueso, podemos hacernos una idea de la magnitud del impacto. Si tenemos en cuenta los nuevos parados, 300.000 más, y las cifras que nos ofrecía el profesor Malo en relación a los Ertes (aquí la relación laboral sigue viva y, por tanto, no computan como parados, aunque sí como beneficiarios de prestaciones por desempleo), que algunos medios, citando fuentes oficiales, elevan hoy incluso hasta los tres millones, nos encontramos con un total de 3.300.000 beneficiarios nuevos. La cuantía media de las prestaciones contributivas por desempleo ascendió en enero a 858,3 euros. Si multiplicamos los nuevos beneficiarios por la cuantía media, arroja un resultado de 2.832 millones de euros más al mes. Esto sin tener en cuenta otras medidas que se han adoptado en este mismo ámbito, como los subsidios especiales para trabajo doméstico y temporal o la prestación extraordinaria por cese de actividad.

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Este año teníamos presupuestado para todo el año poco más de 17.700 millones para desempleo, así que el primer impacto de la crisis supondría, como mínimo, un incremento del gasto en prestaciones de más de un 15%, y esto sólo para el primer mes de vigencia de la medida. Ello nos situaría ya en niveles de gasto también próximos a los de 2015, cuando se superó la barrera de los 20.000 millones.

El lector pensará que no podemos hacer otra cosa y que, si nos cuesta eso, habrá que pagarlo. No le falta razón. Pero además de por motivos de índole de justicia social y de protección de quienes no tienen culpa de la situación, hay también buenos motivos económicos para ello. Este estudio de Fedea muestra que, teniendo en cuenta todas las medidas anunciadas en el ámbito monetario y fiscal, es decir, más allá del desempleo, la caída del Producto Interior Bruto (PIB), que se calcula en un escenario optimista en el 4,1%, pasaría a ser del 0,6%. En el escenario alternativo menos optimista, pero igualmente verosímil, en el que el PIB disminuiría un 7,9% sin las políticas adoptadas, se reduciría hasta el 4,5% gracias a ellas. En suma, estamos obligados a adoptar medidas que inevitablemente incrementarán el déficit público si queremos amortiguar el impacto de la crisis y propiciar un efecto rebote.

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El problema no es que hoy gastemos más, sino que mañana suframos ataques especulativos por ello o se nos impongan condiciones que agraven y prologuen el sufrimiento de la ciudadanía. De ahí la importancia de la intervención europea. A problemas comunes hay que dar soluciones comunes.

Éstas no tienen por qué pasar necesaria o exclusivamente por los coronabonos. Otros estabilizadores automáticos están también encima de la mesa, como el nuevo Plan Marshall o el subsidio por desempleo europeo al que ayer se refería la presidenta de la Comisión. En este mismo espacio de reflexión hemos hablado de las posibilidades de este último y de los beneficios que se derivarían de su aplicación, tanto en el plano social como en el macroeconómico. Propuestas no faltan para demostrar que la Europa del ‘post-Covid-19’ no es la de los mercaderes, sino la de la ciudadanía.

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0 Comentarios

  1. Jesús Ignacio
    Jesús Ignacio 04-13-2020

    Es interesante cómo propones la evolución de la economía, aunque en mi opinión sigue siendo preocupante. Todo el mundo comentaba en los últimos meses que el fondo reservado a las pensiones se estaba agotando y ahora se nos viene encima esta crisis. ¿Tendremos suficiente presupuesto para afrontarla o caeremos ante el rechazo de los países de la UE, vista la desunión y el desacuerdo que imperan hoy por hoy?

    • Daniel Pérez del Prado
      Daniel Pérez del Prado 04-13-2020

      Gracias, Jesús, por tu comentario. Sin duda que tanto el gasto en desempleo, como el conjunto del gasto derivado de la crisis de la COVID-19 es el mayor reto al que se tiene que enfrentar nuestra economía en el corto plazo y que una respuesta conjunta de la UE resulta necesaria si se quieren evitar algunos de los problemas que vivimos durante la Gran Recesión.

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