COP25: decepción y esperanza

La decepción ha teñido muchos análisis sobre la COP25. Y hay muchas razones para estar decepcionado y muy enfadado. Todos los gobiernos saben que estamos ante una gravísima emergencia planetaria, pero algunos de ellos (Estados Unidos, China, Rusia, Brasil…) han decidido dar la espalda a los números de la Ciencia y a los gritos de la sociedad. Tenemos un problema común y no han querido asumir los esfuerzos comunes que implica afrontar su resolución. Conclusión: no se han producido los acuerdos y la ambición climática que debiera haber aportado la COP25.

Este resultado nos habla de un problema: no hay una gobernanza global de los bienes comunes, los estados nación se centran en la defensa de los intereses particulares. Y de otro: el software que permite tomar decisiones en las COP, el consenso, acaba logrando acuerdos por dilución homeopática. Hay acuerdo, pero es casi inane.

{Con la colaboración de Red Eléctrica de España]

Pero estas cumbres no deben medirse sólo por los acuerdos que alcanzan los gobiernos. Las COP, desde la de París, son el momento del encuentro de una gran comunidad global multisectorial de ‘hacedores climáticos’. Representan a grandes y pequeñas empresas, entidades financieras, regiones, ciudades, ONGs, universidades y centros de investigación, órdenes religiosas… Sus representantes tienen formaciones muy distintas, provienen de todos los rincones del globo, trabajan en todas las posiciones, hablan muchas lenguas, tienen creencias religiosas diversas..

Las cumbres del clima anuales son el lugar en el que se encuentran y en el que comparten informaciones e investigaciones, tejen alianzas, anuncian nuevos compromisos…

En la COP25, esa gran comunidad global se volvió a ver en Madrid, y de ese encuentro me gustaría destacar varios puntos:

  • Esa comunidad global valoró muy positivamente el coraje de España y su extraordinaria capacidad para organizar una COP en tres semanas.
  • Valoró también enormemente la extraordinaria contribución española a la causa climática, al no permitir que la COP se aplazara en plena ofensiva de algunos gobiernos contra el marco multilateral. Su no celebración habría enviado un mensaje muy negativo y habría debilitado gravemente la implementación ambiciosa del Acuerdo de París.
  • En la COP de Madrid se han consolidado varias fuerzas, diversas pero complementarias, con un horizonte compartido: una economía neutra en carbono y circular.

Un número amplio de administraciones públicas han entendido que, si su nombre viene del latín ministrare (servir, cuidar), su deber es garantizar la seguridad de sus habitantes y eso, en el siglo XXl, quiere decir trabajar para asegurarles un futuro más seguro, con menos cambio climático.

Un número muy amplio de empresas ha entendido, en línea con el movimiento B Corporation y con la declaración de 181 CEOs de la Business Round Table de agosto de este año, que las empresas tienen que implicarse en la resolución de los problemas de las sociedades en las que actúan. Y el cambio climático es el problema común.

Un grupo de entidades financieras e inversores ha comprometido sumas enormes de dinero para construir la economía neutra en carbono que necesitamos.

Un multitud de pequeñas organizaciones sociales, muchas de ellas protagonizadas por jóvenes, entrelazadas como una enorme tela de araña, ha manifestado una vez más su voluntad de promover cambios culturales y políticos en todos los países para empujar la causa climática.

Un ‘archipiélago’ de centros de investigación, universidades y entidades científicas en todas las disciplinas ha vuelto a manifestar su compromiso en la divulgación de los diagnósticos sobre la situación del planeta y en la generación de alternativas.

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De la COP de Madrid sale, pues, un muy amplio grupo de pioneros climáticos en el que se encuentran 84 países, 14 regiones, casi 400 municipios, cerca de 800 empresas, 16 inversores que representan activos por más de tres billones de dólares… Esa creciente minoría está asumiendo compromisos climáticos de forma voluntaria, en línea con los que nos dice la Ciencia.

Estos pioneros climáticos van por delante, señalan el camino y van a crear un valor compartido para el planeta y para su propio interés económico. Mañana, los tardanos seguirán su ejemplo y sufrirán por llegar tarde.

En los análisis de la COP25 se ha puesto el foco en los sustantivos, adjetivos y verbos de la declaración final y se ha dedicado poca atención a valorar el estado de salud de esa gran comunidad multi-sectorial de hacedores climáticos.

Este ecosistema es extraordinariamente poderoso por su número y por los talentos que reúne. Además, no para de crecer. Por eso, afirmo con rotundidad que el cambio es imparable y la esperanza no está vencida.

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