Colombia: protestas sociales, ‘clivajes’ políticos y continuidad del ‘uribismo’

Unas profundas propuestas de reforma de los sistemas tributarios y de salud desencadenaron, a finales del pasado mes de abril, la mayor movilización social en la historia reciente de Colombia. Las protestas sirvieron para poner de manifiesto el descontento social estructural, resultado de la poco asertiva gestión del Gobierno nacional durante la crisis sanitaria, en la que las clases bajas han resultado más afectadas. Este escenario plantea un reto a la Administración uribista encabezada por el presidente Iván Duque, que tendrá que afrontar unas difíciles elecciones presidenciales el año próximo. ¿Cómo puede afectar este descontento al resultado electoral en 2022? En una investigación publicada en el libro Clivages Politiques et Inégalités Sociales (Clivajes políticos y desigualdades sociales), concluimos que el voto en Colombia ha tenido un fuerte componente de clase. Es decir, las clases más pobres en su conjunto, identificadas mayoritariamente con el proyecto ‘uribista’, se han consolidado como el ‘clivaje’ más determinante en la elección de los últimos cinco presidentes del país cafetero.

Un clivaje político es un concepto utilizado para el análisis de las tendencias de voto que se refiere a la división de los votantes en diferentes bloques que pueden relacionarse con la religión, el idioma, los grupos étnicos, las diferencias de edad, zonas rurales versus zonas urbanas, las regiones, el grupo socio económico o el nivel educativo. El clivaje del voto en Colombia lo analizamos en un capítulo dedicado exclusivamente a Latinoamérica junto con Argentina, Chile, Costa Rica, México y Perú.

El uribismo surgió y se consolidó como ideología en Colombia tras un fallido intento de paz entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) a finales de la década de los 90 del siglo pasado. Con la promesa de alcanzar una resolución del conflicto armado con las Farc por la vía militar, Álvaro Uribe fue elegido presidente en 2002 y reelecto en 2006 mediante una votación y opinión favorable históricas. En 2010, fue su ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, quien heredó su legado.

El uribismo se puede definir como una fuerza política de carácter liberal en lo económico, un marcado asistencialismo social en sus políticas y principios conservadores en materia social. Sin embargo, notables violaciones de los derechos humanos durante su gobierno, acompañado de múltiples casos de corrupción, polarizaron paulatinamente la opinión pública, dividiendo el país entre uribistas y anti-uribistas. El Gráfico 1 muestra que el uribismo dominó con facilidad la política nacional entre 2002 y 2010, perdiendo las elecciones únicamente en 2014 contra el propio Santos, quien se había convertido entonces en el principal opositor y regresó al poder por un estrecho margen en segunda vuelta en 2018, de la mano del candidato Iván Duque.

Gráfico 1.- Resultados electorales en Colombia: ‘uribismo’ vs anti-‘uribismo’

Fuente: cálculo de los autores a partir de encuestas post-electorales y sobre actitudes políticas. Nota: el gráfico muestra el porcentaje de votos recibido por los principales grupos de partidos políticos en las presidenciales entre 2002 y 2018. Las formaciones ‘uribistas’ incluyen el Partido de la U (2010), Partido Conservador, Cambio Radical, Primero Colombia, Movimiento Sí Colombia y Centro Democrático. Los partidos anti-‘uribistas’, Polo Democrático, Partido de la U (2014), Partido Liberal, Alianza Social Independiente, Partido Verde, Colombia Humana y Compromiso Ciudadano.

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Nuestro estudio evidencia la consolidación del sistema de partidos de clase en Colombia entre 2002 y 2018. Para nuestro análisis comparamos la diferencia entre el porcentaje de votantes dentro del 10% de ingresos más altos y el resto de votantes que votan al anti-uribismo. Asimismo, usamos esta misma medida para el caso de la educación, tomando la diferencia en el porcentaje de votantes con educación terciaria menos el resto de votantes que votan al anti-uribismo. En el Gráfico 2 (línea azul), se muestra que el anti-‘uribismo’ recibió el apoyo de la elite más educada entre 2002 y 2010; entre 15 y 20 puntos porcentuales más. La tendencia se revirtió en 2014, pero repuntó de nuevo en 2018. Aunque en el caso de los ingresos (línea roja) la diferencia entre el 10% más rico y el 90% menos rico de votantes anti-uribistas es más moderada, ésta sigue la misma trayectoria que en el caso de la educación.

Gráfico 2.- Voto anti-‘uribista’ por educación y renta (después de controles)

Fuente: cálculo de los autores a partir de encuestas post-electorales y sobre actitudes políticas. Nota: el gráfico muestra el apoyo relativo de los votantes anti-uribistas’ con educación terciaria y mayores ingresos después de controlar por edad, género, región, zonas rurales, estado civil, situación laboral, sector y religión.

Por el contrario, el uribismo contó con un apoyo de los deciles más bajos por ingresos y la población menos educada. Nuestros datos sugieren que, en 2002, el 70 % de los más pobres en Colombia votó a favor del uribismo, cifra que alcanzó el 80% en 2010. De forma similar, encontramos que el voto uribista de aquellos que sólo terminaron Primaria pasó del 65% en 2002 a casi el 90 % en 2010. Después de una caída, en 2014, en el apoyo al uribismo de los más pobres y menos educados, los niveles de aceptación de clase retornaron en las elecciones de 2018. El apoyo popular a Uribe fue liderado por su agenda social, cuyo objetivo fue la lucha contra la pobreza. Extendió masivamente los programas sociales tales como las transferencias en efectivo, más conocidas en Colombia como Familias en Acción. Además, mantuvo como parte de su política reuniones abiertas con líderes locales y ciudadanos corrientes, que frecuentemente eran transmitidas por televisión y conocidas como Consejos Comunales. En suma, el uribismo tuvo como su principal fuente de votos a las clases más bajas y menos educadas, y nunca logró mayoría electoral entre los grupos más educados.

Nuestro estudio también destaca que el sector laboral (público vs privado), las zonas urbanas y, en menor medida, la edad fueron claves en la estructura del voto anti-uribista. De forma análoga a lo que sucede con el nivel de educación, el Gráfico 3 muestra que la proporción de votantes anti-‘uribistas’ que trabajó en el sector público excedió en alrededor de 25 puntos porcentuales a los empleados del sector privado entre 2002 y 2010. Igualmente, el anti-uribismo pareció tener mayor aceptación en las zonas urbanas aun controlando por el nivel de educación, donde la diferencia pasó de cinco a 20 puntos entre 2002 y 2010. En cuanto al clivaje etario, encontramos que la diferencia en el voto anti-uribista entre menores de 40 años y el resto de la población se mantuvo cerca de 10 puntos en favor de los más jóvenes entre 2002 y 2010.

Gráfico 3.- Voto anti-‘uribista’ por sector de empleo, edad y residencia

Fuente: cálculo de los autores a partir de encuestas post-electorales y sobre actitudes políticas. Nota: el gráfico muestra el apoyo relativo de los trabajadores públicos, jóvenes áreas urbanas a los partidos -‘uribistas’, controlando por ingresos, educación, género, región, estado laboral y marital, raza y religión.

El acuerdo de paz y la derrota uribista en 2014

Como se observa en los gráficos 2 y 3, 2014 se puede considerar como un año atípico en la estructura del voto en Colombia. Por primera vez en el periodo analizado, el voto contrario al ‘uribismo’ recibió mayor apoyo relativo de los más pobres y menos educados. Por ejemplo, el uribismo cayó drásticamente (un 90%) en 2010 y un 25% cuatro años más tarde.

Esta abrupta caída se debe principalmente al repentino cambio de dirección de la política del Gobierno de Santos en relación con el conflicto armado, ya que justo después de su elección como presidente de Colombia (2010) en 2010, adoptó una posición más conciliadora frente al conflicto y adelantó el proceso de paz con las Farc. Como resultado, el ex presidente Uribe tomó distancia de Santos y formó una nueva fuerza política llamada Centro Democrático. Justamente en 2014, Santos buscó la reelección presidencial enfrentándose directamente al uribismo. Astutamente, quien había heredado en 2010 los votos de la fuerza política preponderante en Colombia, dio continuidad a los programas de asistencialismo social de Uribe, incorporando un masivo programa de becas universitarias a los grupos más pobres. De esta manera, el ex ministro uribista despojó a éstos de su fuente electoral más preciada: los más pobres y menos educados, proporcionando al uribismo su primera derrota electoral en 12 años.

Además, cabe resaltar que el proceso de paz trajo consigo un ‘clivaje’ en zonas rurales, donde el apoyo al anti-‘uribismo’ superó en 15 puntos el del voto urbano. Esta tendencia se puede sustentar, pues la promesa de paz negociada pudo haber tenido un efecto más directo en las zonas rurales. De igual forma, el anti-uribismo obtuvo esta vez un apoyo más que proporcional entre los más adultos.

Religión, raza y género

La religión también ha sido una variable histórica altamente correlacionada con el voto. El partido conservador estuvo históricamente alineado con la iglesia católica para controlar el sistema de educación y privilegiar las áreas conservadoras. Dadas las restricciones electorales del alfabetismo, tradicionalmente los más educados del país votaron por el partido conservador. Este patrón se revirtió en la medida en que la educación se convirtió en algo más secular y los anti-conservadores se formaron paulatinamente al tiempo que la iglesia y nuevos grupos religiosos consolidaron su influencia entre los colectivos menos educados y con ingresos más bajos. Justamente, la línea amarilla del Gráfico 4 muestra que, en los cinco periodos analizados, el porcentaje de no-religiosos que apoyó el anti-uribismo fue sistemáticamente mayor, entre 18 y 35 puntos, que el apoyo de los votantes religiosos. Por otro lado, la comunidad afro-colombiana ha sido también marginalmente más proclive a votar contra el uribismo.

Finalmente, en cuanto al género Colombia ha reflejado una profunda ruptura en el voto, en la medida en que las personas altamente religiosas eran en su mayoría mujeres. Esta brecha se ha cerrado desde 2014 debido, en gran medida, a la incorporación de debates políticos que tienen un fuerte componente de género como, por ejemplo, las leyes sobre el derecho al aborto o el refuerzo de las leyes de violencia de género, entre otras.

En suma, el uribismo ha contado con un voto principalmente de clase que, salvo en 2014, ha sido su principal fuerte electoral. A pesar de que el apoyo popular retornó tímidamente en 2018, el descontento generalizado de la población, el aumento de la desigualdad social y los efectos sociales por la crisis de la Covid-19, evidenciados durante las recientes movilizaciones, pudieren penalizar electoralmente al uribismo en la próxima convocatoria. Esto genera, así, una opción real para que un Gobierno anti-uribista de centro o de izquierda llegue a la casa de Nariño en 2022.

Gráfico 3.- Voto anti-‘uribista’ entre votantes no religiosos, afro-colombianos y mujeres (después de controles)

Fuente: cálculo de los autores a partir de encuestas post-electorales y sobre actitudes políticas. Nota: el gráfico muestra el apoyo relativo de los no religiosos, afro-colombianos y mujeres a los partidos anti-‘uribistas’, controlando por ingresos, educación, género, región, estado laboral y marital, raza y religión.

Invitamos a los lectores a consultar los resultados, de libre acceso, de Colombia y los clivajes en otros 50 países por partidos políticos en wpid.world.

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