Ciudadanos ha hecho sus concesiones y el PSOE las suyas

El miércoles PSOE y Ciudadanos escenificaron un pacto de gobernabilidad en el supuesto  en el que Pedro Sánchez consiguiera alcanzar la Moncloa tras las próximas sesiones de investidura. Dado que los números necesarios para que esto fuera así no cuadran, muchos califican tal acuerdo de papel mojado. Sin embargo, es indudable que el pacto tiene la utilidad, y la posibilidad, de ser un punto de partida para un acuerdo más amplio en el que se incorpore el PP. Sean o no tales escenarios probables, y a pesar de toda la incertidumbre que presentan, cualquier análisis que sobre el Acuerdo pueda realizarse, es altamente aconsejable.

El documento posee una amplia gama de medidas, organizadas en siete apartados, la gran mayoría vagas, como mandan los cánones al uso para este tipo de acuerdos, en un total de 66 páginas. Llevar a cabo un análisis detenido de todas y cada una de las mismas sería una labor que excede a la naturaleza de esta entrada, ya que se recogen multitud de propuestas: sobre modelo productivo, reforma fiscal, desigualdad, educación, energía, … Así, dado que es claramente imposible debatir sobre el conjunto del documento sin detallar multitud de particularidades, detalles, argumentos y definiciones, es preferible centrar el desarrollo de lo que escribo en uno de sus siete grandes apartados, y que es en el que un servidor se encuentra más a gusto dada la formación académica que posee. Me refiero a las medidas de reforma del mercado de trabajo.

Como muy bien señala el documento en su “exposición de motivos”, el mercado de trabajo español posee dos grandes taras o problemas. Por un lado el vergonzoso nivel de desempleo, sin parangón en el resto de las economías occidentales (salvo Grecia), ni emergentes y ni siquiera en la mayoría de las economías en desarrollo. Es, por decirlo así, junto con Cervantes y Casillas, parte de la marca España. Pero al contrario de los dos primeros ejemplos, y como lo he adjetivado, nuestra mayor vergüenza nacional. Al desempleo debe acompañarle otro de los grandes problemas de nuestro mercado de trabajo, su dualidad; es decir, la enorme diferencia en las relaciones y derechos laborales entre los trabajadores temporales e indefinidos.

Desde hace treinta años, nunca ningún partido político, me refiero a Ciudadanos, venía con un programa tan reformista, salvo UPyD, partido del cuál la formación de Rivera recoge el testigo en estos asuntos. Dicho programa es amplio y variado, pues se entiende que estos grandes desequilibrios laborales no tienen una sola causa, sino más bien muchas y complejas. Así, el partido de Rivera acudió a las pasadas Generales del 20D con una serie de propuestas que todos recordamos, y que quien les escribe ha defendido en muchos foros. Rescatando las más importantes, estas van desde el contrato único, su propuesta estrella, pasando por la racionalización (que no supresión) de la negociación colectiva y de los costes de despido, la mochila austriaca, y por nuevos planteamientos sobre la políticas activas para los desempleados, etc… Todas ellas, sin excepción, maceradas y diseñadas entre bambalinas por multitud de economistas especializados en mercado de trabajo durante años.

Leyendo el Acuerdo para un gobierno reformista y de progreso, firmado por los líderes de ambas formaciones, muchas de estas propuestas aparecen, aunque ciertamente desvirtuadas algunas y otras bastante lejanas a la idea inicial con las que Ciudadanos las dibujó en su momento. Es evidente que dos no pactan si uno no quiere, pero también es cierto que el pacto es imposible si ambos no ceden. Y la lectura del acuerdo nos lleva a la conclusión de que ambos lo han hecho. Y Ciudadanos no es menos. Es por ello que el cuadro en materia laboral se ha tornado de mayores tonos rojizos que anaranjados, aunque si perder del todo este tono inicial, es más, manteniendo bastante del mismo.

Así, por ejemplo, es en materia de negociación colectiva donde se observa un mayor acercamiento a las tesis defendidas por el PSOE. Por ejemplo, mantener la ultra-actividad de la negociación colectiva así como prevalecer los convenios sectoriales frente a los de empresas, es claramente una concesión al partido de Sánchez, y casi directamente, a los sindicatos. No obstante, algunas líneas del Acuerdo nos recuerdan más a Ciudadanos, como son aclarar las razones del descuelgue en materas salariales y de empleo, y que tras varias reformas laborales sigue poseyendo grandes dosis de ambigüedad. Otro toque naranja sería por ejemplo la reconsideración de la dimensión provincial de los convenios sectoriales.

Respecto al contrato único, todo parece lo que no es. Los titulares publicados inmediatamente después de la firma del Acuerdo han estado dominados por el argumento del sacrificio de Rivera en esta que es quizás su propuesta más conocida en materia laboral. Y aunque existe razón en tal afirmación, no es menos cierto que tal sacrificio es parcial y en parte superficial. Particularmente, en muchas ocasiones he defendido que un contrato único no necesariamente debe implicar, aunque parezca paradójico, un sólo contrato. De hecho, si uno busca “contratos únicos” a nivel internacional encontraría muy pocas experiencias, por no decir ninguna. Pero el hecho de que el contrato único no exista no implica que no pueda implementarse un diseño contractual que lo reproduzca. De hecho, solo es necesario que los contratos temporales e indefinidos posean el mismo coste de indemnización para el momento de la relación laboral en el cuál el empleador deba decidir si pasa al trabajador a indefinido o por el contrario decide prescindir de la persona contratada. La idea del contrato único es la de eliminar el salto o muro en las indemnizaciones por despido entre los contratos temporales e indefinidos, algo que el diseño de los tres tipos de contratos planteada dentro del Acuerdo parece replicar de un modo algo más complejo. En este caso, se opta incrementar de forma continua la indemnización dentro de los contratos temporales a lo largo del tiempo, y no en el contrato único planteado inicialmente. De tal modo, una vez llegado a su finalización, la indemnización que el empresario tuviera que pagar por despedir al trabajador temporal fuera exactamente igual a la indemnización que pagaría si despidiera en ese mismo instante (antigüedad) a un trabajador indefinido. Así, ese salto o muro que se denunciaba como principal causante de la temporalidad en España prácticamente desaparece.

Para muestra de lo que digo, muchas evidencias. En el gráfico adjunto represento la tasa de temporalidad en varios países y las diferencias en los costes de indemnización entre contratos con terminación fija (temporales) y contratos indefinidos. Casi ninguno de estos países, por no decir ninguno de ellos, posee un contrato único. Pero consiguen virtualmente las predicciones teóricas de este mediante la igualación de los costes de indemnización de ambos tipos de contrato. Es evidente que no será la única medida necesaria, pero sí parece que, al menos, será suficiente para empezar a reducir la elevada dualidad que atenaza el mercado de trabajo español.

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Respecto a otras medidas, el Acuerdo recoge posiciones planteadas desde hace tiempo por el partido naranja, aunque hay que decirlo, de un modo vago e impreciso. Así, está presente la mochila austriaca, y que permitiría la movilidad voluntaria de los trabajadores entre empleos, y que facilitaría un aumento de la productividad agregada al permitir una mejor adecuación de los trabajadores a sus puestos de trabajo. No falta la clara mejora de las políticas activas para los desempleados, y que tan magros resultados han dado en el pasado. Y por último las políticas de desincentivos a la rotación excesiva en el empleo, vía cotizaciones. En este último caso, la aplicación de sobre-costes o descuentos (malus/bonus) en la cotizaciones a las empresas que elijan no rotar o hacerlo respectivamente, es una propuesta con larga tradición en la academia y que de nuevo se ve reflejada en el documento.

En resumen, como dicen ambos líderes, el Acuerdo pretende un cambio en el modelo productivo del país a través de multitud de medidas, así como elevar el bienestar general mediante otras políticas sociales y contra la desigualdad, y sobre las cuáles en esta entrada no he tratado. Siendo para quien les escribe el mercado de trabajo la piedra angular del modelo productivo, las propuestas planteadas en el Acuerdo tenderían a poner las bases de tal cambio. Sin embargo no son todas las que creo que el país necesita, de algunas claramente prescindiría, y tampoco están todas las que creo necesarias. Ciudadanos ha hecho sus concesiones así como el PSOE ha hecho las suyas. Y como de momento es eso, un Acuerdo sobre un hipotético gobierno que no sabemos si llegará a existir, podemos divagar y discutir cuáles serían sus efectos sobre la economía española. Constituye este un ejercicio grato, pero que sin lugar a dudas, permanecerá en el armario de las fantasías de los que creemos que este país puede ser diferente, y por supuesto, mejor.

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