Brasil a la deriva: entre la crisis política y la emergencia sanitaria

Brasil se ha convertido en el epicentro mundial de la pandemia de Covid-19. Después de un año desde el primer caso, el panorama actual de la crisis sanitaria es alarmante. El número de muertos ha superado los 278.000 y hay más de 11,5 millones de casos registrados. Ascienden los contagios y muertes, lo que conforma la segunda ola de la pandemia en el país. Con 1.318 muertos por millón de habitantes, Brasil es el país con el mayor número de nuevos casos y fallecimientos diarios. Además de eso, la notificación es un problema, lo que da carta de naturaleza a la posibilidad de una tragedia aún peor. La estimación de incidencia, que se hace mediante la comparación entre el número de SRAG total (Síndrome Respiratorio Agudo Grave) durante la pandemia y el valor mediano de la serie histórica 2009-2019, nos da la idea real de la dimensión catastrófica de la pandemia en el país.

Grafico 1.- Incidencia estimada y oficial de Covid-19

La gravedad de la pandemia en Brasil se evidencia también por el impacto que la crisis sanitaria ha generado en grupos vulnerables de la población. Brasil está entre los países con el mayor número de muertes entre profesionales de la salud, mujeres embarazadas, población indígena y niños de hasta un año de edad. ¿Cómo explicar esta tragedia humana?

Se ha demostrado que la cobertura universal de salud es un determinante clave para el manejo de la pandemia. En ese sentido, Brasil era, tal vez, el país mejor posicionado para responder a esta emergencia sanitaria, con muchas posibilidades para prevenir, detectar y responder a la crisis. Con un sistema de salud con cobertura universal y gratuita (Sistema Único de Saúde, SUS) establecido desde principios de la década de 1990, Brasil ha ampliado con éxito el acceso a estos servicios a lo largo de los últimos 30 años. Además, acumula experiencia reciente contra epidemias, como la de Zika de 2015. Durante aquellos brotes, el SUS pudo actuar de forma efectiva gracias a la Atención Primaria, que cubre al 74% de la población brasileña con equipos de salud familiar y comunitaria. Pero las potencialidades del sistema sanitario brasileño no han sido bien aprovechadas para responder a la emergencia de la Covid-19.

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El contexto en el que se desarrollan las políticas de salud en Brasil está marcado por coordinación centralizada en el Ministerio de Salud y la implementación de las políticas por parte de los gobiernos sub-nacionales. No hay dudas sobre que la coordinación institucional es crucial para el éxito de las políticas para enfrentarse a esta crisis (OECD, 2020).

Por temor a los costes políticos de la pandemia, el Ejecutivo federal ha dejado la estrategia contra la Covid-19 a cargo de los estados y municipios, culpando a alcaldes y gobernadores por las medidas impopulares que han tenido que adoptar. En lugar de apostar por la coordinación y la cooperación, el Gobierno Bolsonaro ha optado por el conflicto con los gobiernos sub-nacionales, lo que ha resultado determinante para que las medidas adoptadas por éstos de forma dispersa hayan fracasado, no hayan frenado la pandemia y tampoco mejorado la asistencia sanitaria a la población. Es decir, la incomparecencia del Gobierno central ha tenido como consecuencia el desaprovechamiento de las potencialidades del sistema de salud brasileño.

La no actuación del Ministerio de Salud y su renuncia a ejercer el rol de coordinador del SUS ha perjudicado también el proceso de vacunación. El país no negoció con suficiente antelación las dosis de vacuna necesarias para inmunizar a más de 220 millones de brasileños. Además, el Gobierno federal tampoco ha elaborado un plan de vacunación consistente, lo que ha implicado que estados y municipios tuvieran que asumir la planificación de un programa de inmunización más detallado para que la vacuna llegara al ámbito local.

Y esto ha ocurrido pese a que, desde la década de 1970, Brasil tiene uno de los programas de inmunización mejor considerados del mundo. Pero contra la Covid-19, los datos de inmunización son lamentables: gracias a las peleas políticas y a una planificación desordenada, menos del 5% de la población brasileña ha tenido acceso a, al menos, una dosis de la vacuna dos meses después del inicio de la inmunización. Este porcentaje baja al 1,7% (3,5 millones de personas) al contar las que han recibido las dos. Por si fuera poco, las tasas de vacunación por departamentos es bastante desigual: oscila entre el 0,4% en Amapá (AP) y el 2,5% en Mato Grosso do Sul (MS).

Gráfico 2.- Panorama de la vacunación en los estados de Brasil

La tragedia brasileña se explica por la conjunción de las crisis política y sanitaria. La descoordinación fomentada por el Gobierno Federal, el ambiente conflictivo y el negacionismo científico han conformado un escenario político perfecto para que la pandemia avanzara sin control. El reciente cambio del ministro de Salud, por cuarta vez en menos de un año, refuerza este escenario de incertidumbre e inestabilidad. Cuando parece que no puede ir a peor, la realidad se impone y, con ella, las pérdidas crecientes de una pandemia sin control.

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