Bogotá: se acabó la ‘luna de miel’ de la alcaldesa

La aprobación a la gestión de Claudia López alcanzó el 89% en abril de 2020, cuando los efectos de la pandemia en Bogotá apenas eran visibles. Era el índice de popularidad más alto si se lo compara con los de sus antecesores. Sin embargo, a medida que el Gobierno de López avanzaba, hizo lo mismo la desaprobación. Los datos de la última encuesta de Invamer señalan que Claudia López perdió 28 puntos porcentuales de aprobación en enero de 2021. Esto puede achacarse al malestar generalizado que la pandemia ha producido en la población, aunque la percepción ciudadana de que las cosas están empeorando (cuestión también planteada en la misma encuesta) es similar a la que tenían los ciudadanos en el Gobierno de Enrique Peñalosa; es decir, en un contexto sin pandemia. Por lo tanto, el propósito de este análisis es explorar algunas de las razones que pueden explicar la evolución la aprobación a la gestión de la alcaldesa de Bogotá.

Abril de 2020: la ‘luna de miel’

La luna de miel es una fase del ciclo electoral que dura alrededor de cuatro meses (Bosch, Díaz y Riba, 1999). En ese periodo, los gobernantes intentan materializar sus promesas de campaña, suelen disfrutar del optimismo generalizado y de una alta aprobación ciudadana. Los datos de la encuesta Invamer demuestran que todas estas condiciones se cumplieron en la primera etapa del Gobierno de López. Entonces, los niveles de pesimismo eran bajos, la aprobación de la gestión de la alcaldesa tenía una tendencia al alza y los ciudadanos esperaban la inversión de 147 billones de pesos en planes sociales que la alcaldesa había prometido en el plan de desarrollo distrital 2020-2024. De este modo, la euforia post-electoral explica la popularidad en esos primeros cuatro meses. Sin embargo, la luna de miel estuvo marcada por la emergencia sanitaria por coronavirus, un evento imprevisto que escapaba a los planes o programaciones políticas de los gobiernos (Canel, 2009, p. 220).

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Si bien podría pensarse que un evento imprevisto como la crisis sanitaria afectaría de golpe la capacidad de gestión de López, en abril ocurrió todo lo contrario: los niveles de popularidad aumentaron. Sumado al efecto normal de la luna de miel, el liderazgo que la alcaldesa asumió al inicio del caos por la pandemia puede explicar que el castillo de aprobación no se derrumbara. En cuanto se ordenó el confinamiento, López creó ‘Donatón Bogotá Solidaria’, un llamamiento a la ciudadanía y al empresariado para donar dinero a favor de las familias más vulnerables. El programa recaudó 51.696 millones de pesos, con los cuales inició un programa de trasferencias monetarias, entrega de mercados y apoyo a las pequeñas y medianas empresas. En consecuencia, la alta popularidad del Gobierno de López puede ser el resultado del efecto luna de miel y el modo en cómo respondió al primer mes ante este suceso inesperado.

Mayo-junio: el declive de la popularidad

De acuerdo con la literatura, ésta es la segunda fase del ciclo electoral (Bosch, Díaz y Riba, 1999). La aprobación empezó a descender, pero no significativamente. El leve declive de popularidad coincidió con varias decisiones para prevenir los contagios de Covid-19. En mayo de 2020, se aprobó el Decreto 126 con las medidas transitorias para el manejo del riesgo derivado de la pandemia durante el estado de calamidad pública; y la aplicación del pico y género, una medida que regulaba las salidas autorizadas de acuerdo al sexo. La Policía salió a controlar las calles con el propósito de evitar aglomeraciones, y se produjeron los primeros casos de abuso policial a vendedores informales y la discriminación de mujeres transgénero y de personas no binarias. El malestar fue calando entre sus principales aliados, quienes calificaron de ingenuas las decisiones de López porque la población trans siempre ha sufrido hostigamiento y violencia policial y esa vez no sería diferente (Sáenz, 2020).

Julio- agosto: descenso continuo

El caso de Claudia López constata que la popularidad de un gobernante va desgastándose con el tiempo como certifica la teoría del ciclo electoral, pero en este caso sucede a partir de otras variables que emergen en el contexto de pandemia. En este periodo, sus niveles de aprobación descendieron seis puntos porcentuales, coincidiendo con la extensión de las medidas de aislamiento social, el control de las aglomeraciones y una cuarentena estricta.

Septiembre-octubre: la ‘luna de papel’, leve aumento en la popularidad

Éste fue el periodo más álgido en la gestión de la alcaldesa de Bogotá. Mientras la Administración superaba el primer pico de la pandemia, se produjo el asesinato de Javier Ordoñez en un nuevo caso de abuso policial, lo que desató hechos de violencia extrema en la ciudad. La confrontación entre la Policía y los ciudadanos dejó un saldo de 66 heridos por arma de fuego y 10 personas fallecidas. López prometió una reforma estructural para prevenir y sancionar los casos de abuso policial en una ciudad cuyos mandatarios han solido favorecer las acciones de la fuerza pública antes que respaldar a los ciudadanos. La alcaldesa mostraba así su liderazgo, capaz de ejercer sus funciones de jefa de la Policía municipal. Y, lejos de mantener la impunidad, rechazó la versión policial de la supuesta muerte natural de Ordoñez.

Sin embargo, el discurso de López se tornó ambiguo al referirse a los hechos violentos se refería a los hechos violentos. Por un lado, justificó la reacción indignada y violenta contra los Centros de Atención Inmediata (CAIs); por otro, en un discurso que pronunció horas después ya no se trataba de ciudadanos indignados, sino de vándalos que habían atacado bienes públicos en los disturbios. A pesar de esta ambigüedad, su liderazgo no sufrió erosión y su nivel de aprobación subió un punto porcentual.

Noviembre- enero: el discurso borra las acciones

Su popularidad volvió a descender cuando la alcaldesa vinculó los hechos violentos en Bogotá con los venezolanos. El número de casos, en un contexto de confinamiento, era escandaloso, pues la tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes alcanzó el 13,3. López se jactaba de que era la más baja en los últimos 59 años, cuando más que el resultado de una política de prevención de los homicidios se debía, más bien, al citado confinamiento.

Este inesperado giro de la alcaldesa a un discurso xenófobo distaba mucho de sus afirmaciones en el acto de investidura: “Soy la primera persona dispuesta a aprender y a cambiar y, así, convocar a la construcción de una visión compartida de ciudad, convivencia y cultura ciudadana con la que desterremos de una vez y para siempre el racismo, el clasismo, el machismo y la xenofobia”. Ante las promesas incumplidas, ésta es la crónica de una caída inesperada.

En definitiva, ¿cómo han influido los elementos explorados en el nivel de aprobación de la gestión de Claudia López? Es una cuestión que está abierta a futuros análisis que permitan correlacionar los determinantes de la desaprobación en un contexto de pandemia. Hasta ahora, éstos se han aplicado a otros contextos; entre ellos, la aprobación de los presidentes en Colombia desde 1998 a 2014 a partir de variables más allá del ciclo electoral como la inflación, el desempleo y el índice de escándalo político (Caicedo, 2017).

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