Aukus y CPTPP, la estrategia de Estados Unidos y China en el Indo-Pacífico

El tablero de la geopolítica mundial se está reordenando rápidamente, adaptándose al efecto dominó que ha producido la salida de las tropas estadounidenses de Afganistán. Buscando recuperar el control del centro del tablero, la apertura de Estados Unidos hacia el Indo-Pacífico marca una nueva etapa en la que Washington está recalibrando sus prioridades para afrontar un escenario en el que China ha ido adquiriendo un importante protagonismo en la región como hub comercial, ha reforzado su huella militar y se ha convertido en rival tecnológico a nivel mundial.

Este movimiento de Washington ha elevado el rol de otras piezas del tablero. Bajo la era Biden, unos renuevan imagen, como el foro de Diálogo de Seguridad Cuadrilateral, más conocido como Quad, del que forman parte EE.UU., Japón, Australia e India, mientras otros son de nueva creación, como la asociación de seguridad trilateral Aukus. El nuevo club formado por Estados Unidos, Reino Unido y Australia está diseñado para dotarlo de una flota de submarinos de propulsión nuclear con la que Washington aspira a reformular la estrategia en el Indo-Pacífico y contrarrestar la creciente influencia china en la región.

Como aliado común de las alianzas Aukus y Quad, Australia figura como la pieza más dinámica en el movimiento que aleja del centro del tablero geopolítico a Asia Central para situar en su lugar al Indo-Pacífico. Como máximo productor de litio, esencial en la transición energética y en la fabricación de baterías de coches eléctricos, Australia puede reforzar su alianza con Estados Unidos garantizando el suministro de uno de los metales clave en la era digital al controlar casi la mitad de la producción mundial. Esta táctica le permitiría contrarrestar la posición privilegiada que representa para China poder acceder a las amplias reservas de minerales y metales de Afganistán, valoradas en más de un billón de dólares.

En este nuevo escenario, donde Aukus representa el intento por equilibrar el poder en el Indo-Pacífico, otras potencias aliadas de Estados Unidos aspiran a recibir el mismo trato que Australia, buscando elevar también su perfil en la región. La coalición de EE.UU. y Reino Unido supone transferir a Australia tecnología sensible que incluye los últimos adelantos en capacidad de computación cuántica, ciberseguridad e inteligencia artificial, en los que pueden estar interesados Japón y Corea del Sur para afrontar una nueva etapa militar mucho más activa y compleja en el Mar del Sur de China tras la creación de Aukus. Aunque la coalición cumple las obligaciones del Tratado de no Proliferación Nuclear, si más países comparten capacidades tecnológicas similares a las que se utilizan para las armas nucleares se podría acelerar una carrera armamentística en uno de los puntos del planeta donde la elevada intensidad de las rivalidades territoriales ya mantiene la región altamente tensionada.

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La audaz jugada geopolítica que ha supuesto el resurgir del Quad y la creación del nuevo foro Aukus también ha tenido como efecto la revitalización de la coalición comercial del Acuerdo Integral y Progresivo de Asociación Transpacífica (CPTPP, por sus siglas en inglés), heredero del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés) tras la salida estadounidense bajo la Administración Trump. El movimiento de China de solicitar unirse al TPP-11, como también se conoce al grupo de 11 países socios, se produce un día después del anuncio del nuevo pacto militar Aukus creado para contener a China, y tras casi un año desde que ésta anunciara su interés por unirse al pacto comercial en noviembre de 2020. Con EE.UU. fuera del club que lideró para contrarrestar la influencia de China, la solicitud de adhesión del gigante asiático pretende adelantarse a su eventual regreso bajo la nueva estrategia de la Administración Biden de estar más presente en los asuntos de Asia Pacífico.

Aunque la admisión requiere unanimidad y la adaptación de China a los altos estándares perseguidos por Washington para el TPP-11, la confirmación de su incorporación supondría un golpe de efecto de la planificada diplomacia china, que aspira a ampliar su influencia entre los países miembros que constituyeron el acuerdo precisamente con la intención de aislarla y que, en conjunto, representan el 13,4% del PIB mundial. El requisito de unanimidad requerido para la aceptación de membresía va a posicionar a los socios en dos bloques, reproduciendo los desequilibrios en la balanza de poder geopolítico entre aquellos países antagónicos con las aspiraciones chinas de ejercer mayor poder en la región y los que buscan beneficios económicos. La solicitud ya cuenta con la oposición de Australia, que tiene conflictos activos sobre sus exportaciones con la potencia asiática, mientras la reciente relajación de tensiones con Canadá puede favorecer el proceso de adhesión.

En esta jugada de geoestrategia para consolidar su liderazgo en la región, Estados Unidos ha iniciado la apertura hacia el Indo-Pacífico empleando su fortaleza militar y su avanzada capacidad armamentística; pero la falta de definición de una estrategia global a la que puedan sumarse otros socios puede provocar que se mantuviera el equilibrio en la zona. Mientras emerge una visión de mayor alcance estratégico que tenga en perspectiva la sistemática modernización de la industria militar china incorporando las nuevas tecnologías, la baza diplomática de Pekín se ha basado en reforzar los vínculos con los socios del TPP-11. Aceptando la membresía de China, aquéllos se beneficiarían de su poder comercial, de la creciente participación del gigante asiático en las cadenas globales de valor y del potencial como líder tecnológico en la era digital y en la transición energética. Para países como Canadá, México, Chile y Perú supondría establecer unos vínculos que el resto de socios ya comparten a través de la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, por sus siglas en inglés), el mayor acuerdo de libre comercio del mundo firmado por China y otros 14 países del Indo-Pacífico a finales del año pasado y que agrupa el 30% del PIB mundial.

Por extensión, un mayor vínculo con China les daría acceso a otras iniciativas lideradas por el gigante asiático, como los proyectos de inversión a través de la Nueva Ruta de la Seda, del que ya son parte Chile y Perú, y la financiación que proporciona el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura.

Más allá de las siglas de alianzas y coaliciones, el equilibrio de poder en el Indo-Pacífico debe conjugar las ambiciones económicas, comerciales y de seguridad de los países que lo conforman, y acomodar los avances de la industria militar de China, así como el rol de rival tecnológico de Estados Unidos. El golpe de efecto dado por China adelantándose a solicitar su adhesión al TPP-11 antes que Estados Unidos obliga a los países miembros a posicionarse; y, aunque no llegara a materializarse, Pekín estaría un paso por delante de Washington en el centro de la integración económica regional, mientras EE.UU. permanece por voluntad propia fuera del nuevo orden económico en ciernes.

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