‘Apruebo Dignidad’: cómo resurgió la izquierda chilena

La noche del pasado 16 de mayo conocíamos por fin los resultados de la supernoche electoral chilena. La derecha, agrupada en la lista Vamos por Chile, no alcanzaba su objetivo de alcanzar un tercio de los votos, y la antigua Concertación de Partidos por la Democracia, el centro-izquierda, se derrumbaba cayendo hasta la cuarta posición. Había sido la noche de las candidaturas independientes, que consiguieron casi 50 escaños de 155, pero también la de Apruebo Dignidad, la coalición formada por el Frente Amplio (FA), los regionalistas verdes y el Partido Comunista de Chile (PC), que obtuvo un 18% de votos, convirtiéndose en la segunda fuerza más votada de la Cámara.

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Tras llevar a cabo campañas separadas para el plebiscito de entrada del 25 de octubre, comunistas y ‘frenteamplistas’ decidieron unas semanas después del referéndum unirse de cara a las elecciones al órgano constituyente. Fue un movimiento que de primeras tuvo sus detractores, pero que ha resultado exitoso, convirtiendo a Apruebo Dignidad en el segundo bloque con más escaños de la Cámara. Además, tanto el Frente Amplio (plataforma formada por los partidos Revolución Democrática, Convergencia Social y Comunes) como el Partido Comunista obtuvieron unos buenos resultados a nivel municipal y regional, arrebatando alcaldías importantes a la derecha y revalidando triunfos simbólicos para la izquierda como los de la comuna de Recoleta en Santiago o el de la ciudad de Valparaíso.

En un momento en el que la izquierda transformadora parece retroceder en todo el mundo, ¿cómo han conseguido los chilenos dar semejante paso adelante? La respuesta obedece a una serie de factores que intentaremos desglosar a continuación.

Historia de un reencuentro

Al contrario de lo que pueda parecer, el viaje de la izquierda chilena desde el estallido social hasta hoy ha sido de todo menos idílico. El pacto no fue fácil, y a las rencillas entre ambas fuerzas se le unió un ambiente caldeado desde la firma del Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución. Éste, que fijaba las reglas del proceso constituyente, fue firmado por algunos integrantes del Frente Amplio a pesar de las críticas esgrimidas por el PC y algunos sectores de la izquierda.

Los más críticos lo tildaron de “traición” al pueblo chileno por ser pactado a espaldas de la ciudadanía y exigir la misma mayoría de dos tercios para aprobar cualquier norma que exigía la Constitución de Pinochet. Estas disputas estuvieron muy cerca de hacer implosionar el Frente Amplio, que se fragmentó internamente entre quienes eran favorables y quienes rechazaban el acuerdo. Nadie auguraba un buen futuro a los frenteamplistas, y hace menos de un año todos los artículos de prensa sobre la coalición trataban de explicar las razones del fracaso y de la inminente desaparición de un proyecto que había obtenido casi un 20% de votos en las elecciones presidenciales de 2017.

El estallido social pasó una enorme factura a los frenteamplistas, que parecían estar llamados a capitalizar el descontento. El FA, que se había caracterizado desde un inicio por un discurso impugnatorio hacia la clase política con un fuerte énfasis en lo socioeconómico, se vio contra todo pronóstico tan perjudicado como el resto de partidos. Líderes de la formación como Gabriel Boric o Giorgio Jackson, que habían encabezado las protestas estudiantiles de 2011 y tenían buena relación con los movimientos sociales, ya no representaban al pueblo, y al contar con su acta de diputados ahora eran considerados por muchos de los manifestantes como parte del problema.

Para muchos, el Frente Amplio había pasado a formar parte de la élite política a la que había que derribar, un sentimiento que se acrecentó con la firma del Acuerdo por la Nueva Constitución. La decisión, además de provocar la salida de importantes figuras como el alcalde de Valparaíso Jorge Sharp, hizo que aumentara la ira popular contra una formación cuyos índices de popularidad se derrumbaron durante unos meses.

Sin embargo, el tiempo y la victoria del ‘Apruebo’ en el plebiscito de entrada en octubre de 2020 contribuyeron a rebajar la tensión; y un año después de este encontronazo, Frente Amplio y comunistas sellaban una alianza para las elecciones a la Convención Constitucional. El pacto se ceñía únicamente al órgano constituyente y mantenía la autonomía de ambas formaciones, que presentaron sus propias listas a nivel municipal, lo que finalmente ha acabado siendo una ventaja para ambos.

La unidad para la Convención y una competencia virtuosa en el terreno local han sido dos de las principales claves de este pacto, ya que ha evitado rencillas entre los dos partidos y ha permitido que ambos sean capaces de explotar los puntos fuertes de sus candidaturas. En el caso del FA, la juventud del partido y el hecho de haber conseguido entender las nuevas demandas de la sociedad como el feminismo o la lucha por el derecho a la sanidad, a la educación o al agua; y en el del PC, el haber tenido la capacidad de renovarse entendiendo las movilizaciones estudiantiles y feministas que llevan una década teniendo lugar en Chile, y el gran trabajo a nivel municipal de las alcaldías comunistas como la del ahora candidato presidencial Daniel Jadue.

Sin estos ingredientes, sería imposible entender victorias como las que el FA obtuvo en alcaldías donde gobernaba la derecha como Ñuñoa, Valdivia o Viña del Mar, o en la Gobernación Regional de Valparaíso, donde el activista por los derechos del agua Rodrigo Mundaca arrasó con un 43,67%. Esta región estará ahora dominada por el Frente Amplio, al contar con gobernador regional y alcaldes frenteamplistas en las dos principales ciudades, Valparaíso y Viña del Mar.

El PC, por su parte, no sólo revalidó Recoleta, sino que obtuvo victorias históricas como la de Irací Hassler en la Alcaldía de Santiago, una comuna que hasta hoy había sido un auténtico feudo de la derecha y que los próximos cuatro años contará con una alcaldesa comunista.

El municipalismo transformador

Saber gobernar y ser capaces de solucionar los problemas de la gente será uno de los principales retos de la nueva izquierda chilena para los próximos años. En este punto, el PC parte con un buen bagaje tras el éxito de sus alcaldías los últimos años. La comuna de Recoleta, administrada por Daniel Jadue (reelegido como alcalde con un 64% de los votos), se ha convertido en una figura central en la regeneración de los comunistas, y en un símbolo del municipalismo transformador.

La gestión del alcalde de Recoleta ha sido alabada por buena parte del país, y desde su llegada al Consistorio se han puesto en marcha en la Comuna numerosos servicios públicos y ambiciosas políticas públicas, pioneras en un país acostumbrado a un raquítico gasto social. Las farmacias y una inmobiliaria populares, un dentista público o proyectos culturales como la librería popular Recoletras son sólo algunos de los proyectos que han convertido a Jadue en todo un símbolo del municipalismo.

Este impulso municipalista ha sido clave en el triunfo de una izquierda que tendrá la oportunidad de expandir esta forma de gestionar lo público en otras muchas comunas. Lindando con Recoleta, la Comuna de Santiago tendrá también una alcaldesa comunista, Irací Hassler, una jovencísima militante que, contra todo pronóstico, venció en la elección al candidato y ex alcalde de la derecha Felipe Alessandri, todo un peso pesado de la política nacional.

Con buena relación con los movimientos sociales y vecinales, y muy implicada en la lucha feminista, Hassler representa a la perfección a la nueva izquierda chilena, presente tanto en el PC como en el Frente Amplio. Según ella misma, su llegada a la Alcaldía de Santiago responde a un proceso ciudadano de “articulación política y social donde el Partido Comunista participa, pero en el que confluyen otros partidos y organizaciones sociales”.

Aquí reside una de las claves de la victoria de Hassler, que fue elegida en una primaria popular inédita en la Comuna, en la que participaron partidos e independientes. La capacidad de articular a distintos sectores para organizar una campaña donde el movimiento feminista y las organizaciones estuvieran presentes ha sido mucho más importante que las siglas, que han pasado a un completo segundo plano. Más allá del morbo que ha provocado en los medios una alcaldesa comunista en Santiago, lo realmente importante es el proyecto colectivo que se encuentra detrás de la candidatura de Hassler: una unión entre distintos sectores que ha permitido a las fuerzas anti-neoliberales obtener importantes victorias a lo largo del país.

Ahora Hassler tendrá la oportunidad de trasladar estas ideas a su gestión, como consiguió su compañero de partido en Recoleta. El legado de Jadue seguramente estará presente en la acción de gobierno de la nueva alcaldesa, que ya indicó en alguna entrevista que las farmacias populares, la inmobiliaria municipal u otras medidas implementadas en la Comuna vecina eran de su agrado. Veremos si ella también acierta en la ejecución.

Constituir una alternativa

Los resultados del 16 de mayo arrojaron una innegable realidad: la nueva izquierda chilena tiene fuerza suficiente como para constituirse como una alternativa al centro-derecha sin estar supeditada a la antigua Concertación. Este hecho se reflejó en la propia actitud de los centro-izquierdistas, donde el PS intentó unirse a una primaria de la izquierda junto a Jadue y Gabriel Boric (candidato del Frente Amplio a la primaria).

El país ha girado hacia la izquierda y ya no ocurre como antaño, cuando era la Concertación la que trataba de atraer al PC y al Frente Amplio hacia una coalición más centrada. Este debate estuvo presente durante un tiempo en el FA, que no llegó a compartir espacio con la Concertación como sí hicieron los comunistas, que formaron parte de la coalición Nueva Mayoría de 2013 a 2018.

Hoy, la reivindicación de un espacio propio para la nueva izquierda en Chile tiene más futuro que nunca. No sólo porque la coalición integrada por el PC y el Frente Amplio superara al centro-izquierda en la elección constituyente, sino porque, además, existe otro polo integrado por las candidaturas independientes que rechaza profundamente la política tradicional y puede ser seducido por esta nueva izquierda alternativa. No será fácil, y solamente se conseguirá mediante la articulación en proyectos amplios y que toleren bien la diversidad de sus integrantes. Así es como han llegado los triunfos más importantes de este espacio político, cuyo próximo reto ya tiene fecha: las elecciones presidenciales de este año.

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