Alemania quiere una unión federal. Que así sea

Ahora sí. La palabra con f sólo se menciona una vez en el acuerdo de coalición del nuevo Gobierno tripartito alemán, pero está por toda la sección europea del documento. Hemos recorrido un largo camino. Y es, sin duda, una buena noticia.

No hace mucho creció la percepción de que Alemania había perdido su ’instinto europeo’. Hace 10 años, Simon Bulmer y William E. Paterson, dos conocidos académicos de la UE y germanistas, convencieron a muchos de que el país había pasado de ser una «potencia domesticada» a una «normalizada» que, al igual que Francia y Reino Unido, no retrocedía a la hora de defender sus propios intereses nacionales. Esto empezó con Schröder y se hizo aún más evidente con Merkel y su fórmula de unión intergubernamental.

Alemania se había convertido, de esta forma, en un hegemón neo-mercantilista y reticente, movido por estrechos intereses económicos, más interesado en el comercio con China que en profundizar en la Unión.

Nunca me convenció esta tesis y, a lo largo de la crisis del euro, seguí diciendo a mis interlocutores en España y más allá que, a pesar de las apariencias, en el fondo la clase política alemana estaba a favor de una unión federal. Esto era difícil de vender. Recuerdo muy bien las conversaciones que mantuve con funcionarios españoles en las que éstos se quejaban de la estrechez de miras y el egoísmo de sus homólogos alemanes.

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Frustrado por esta brecha en las percepciones, en 2014 publiqué un artículo en el que argumentaba que la clase política alemana seguía siendo partidaria de una unión política federal y que el problema era la debilidad e inacción de Francia, por entonces liderada por un decepcionante François Hollande. De nuevo, muchos no estaban convencidos; en las elecciones federales alemanas de 2013 apenas se habló del futuro de la Unión Europea, y en los comicios de 2017 el entonces candidato del SPD, Martin Schulz, propuso unos «Estados Unidos de Europa» y fue objeto de burlas y de escarnio. En aquel momento, cuando alguien mencionaba la palabra con f en cualquier foro europeo muchos ponían los ojos en blanco.

De Schulz a Scholz

Se acabó. Cuatro años después, en el Koalitionsvertrag de 2021 se puede leer negro sobre blanco que la actual Conferencia sobre el Futuro de Europa debe conducir a la creación de un «Estado federal europeo». De Schulz hemos pasado a Scholz. ¡Cómo una sola letra (y persona: no Scholz, sino Trump) puede cambiar las cosas! La palabra con f no sólo se menciona sin ninguna sustancia. Como señala Simon Hix, el acuerdo es «enormemente ambicioso y potencialmente transformador para Europa».

Se aboga claramente por una «convención constitucional»; más poder para el Parlamento Europeo, con su «propio derecho de iniciativa» para la nueva legislación, así como la introducción de listas transnacionales y la consolidación del proceso de «‘Spitzenkandidaten'». También se pretende hacer más transparente el Consejo de la UE y ampliar el sistema de votación por mayoría cualificada a ámbitos fundamentales y soberanos de los estados nacionales, como la política exterior. Incluso se pretende establecer un verdadero «ministro de Asuntos Exteriores».

Además, se indica claramente que no se tolerará la violación del Estado de derecho en los estados miembros (un claro mensaje a Polonia y Hungría) y que no se puede recortar el Presupuesto de la UE para pagar la nueva deuda emitida para el NGEU, lo que significa que la Unión tendrá que desarrollar sus propios recursos (es decir, introducir impuestos europeos) o aumentar las contribuciones nacionales.

Por último, es una clara apuesta por una UE con soberanía estratégica (una redacción más federal que de autonomía estratégica) con el objetivo de ser más autónoma en el contexto global y en sectores estratégicos como la energía, la salud, las materias primas y la tecnología. Se trata de una construcción de Estado en ciernes como la conceptualizarían Daniel Kelemen y Kathleen R. McNamara, no sólo basada en la integración de los mercados, sino como respuesta a un contexto geopolítico de rivalidad más desafiante entre grandes potencias.

Sin embargo, las palabras son baratas. Es fácil hablar de federalismo, pero es mucho más complicado ponerlo en práctica. Veremos si los socios de la coalición están dispuestos a hacer lo que dicen. Un Estado federal sin un presupuesto federal considerable es un oxímoron. El acuerdo de coalición no se compromete a ello. Si bien es cierto, como sostiene Lucas Guttenberg, que no hay líneas rojas acerca de una eventual continuidad o sustitución del NGEU por otra figura fiscal central, tampoco hay un compromiso claro.

Además, todo el párrafo sobre el Pacto de Crecimiento y Estabilidad (PCE) y su posible reforma es ambiguo y confuso. En la primera frase los redactores dicen que hay que reforzar y profundizar la Unión Económica y Monetaria; lo cual está muy bien, pero no significa mucho. Luego, sostienen que el PCE ha demostrado su flexibilidad. ¿Significa eso que ha funcionado? La siguiente frase dice que sobre el PCE «queremos asegurar el crecimiento, la sostenibilidad de la deuda y las inversiones sostenibles y respetuosas con el clima». ¿Significa esto que están a favor de una regla de oro verde, como proponen Zsolt Darvas y Guntram B. Wolff? Si es así, ¿sería compatible una próxima taxonomía sobre lo que son las inversiones verdes con un PCE más fácil y transparente? Los debates técnicos y políticos podrían ser muy complicados.

También existe la determinación de aumentar la inversión en bienes públicos europeos como las infraestructuras digitales, los sistemas ferroviarios, el suministro de energía y la investigación y el desarrollo de vanguardia para garantizar la autonomía y la competitividad de la Unión en el siglo XXI. Pero, ¿de dónde saldrá el dinero? ¿Y quién, y con qué mecanismos de gobernanza, decidirá cómo gastarlo? Hay todavía muchas cuestiones abiertas.

En 2018, 22 expertos españoles firmaron un manifiesto en el que se planteaba una capacidad fiscal central permanente para garantizar tanto las inversiones como las reformas necesarias (y tener una unión bancaria de pleno derecho). También reconocimos que podía ser necesario un cambio de tratado. La coalición está de acuerdo. De ser así, cabe preguntarse si esto implicaría cambiar la Grundgesetz y convocar un referéndum. En el contexto actual, en el que casi un tercio de los alemanes no quiere vacunarse contra el covid-19 (presumiblemente porque desconfía de las autoridades), esta posibilidad parece descartada.

Sin el apoyo del pueblo, las uniones políticas no sobreviven. Esta coalición alcanzó el poder sin hablar de Europa en la campaña. Ahora tienen cuatro años para explicar a sus votantes por qué es bueno un Estado federal europeo; basado, por supuesto, en el principio de subsidiariedad; no en una gran visión, sino en el mismo pragmatismo que desplegaron al formar esta coalición de semáforo. Siendo éste un Koalitionsvertrag (contrato), sólo cabe esperar que pacta sunt servanda.

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