¿Y si no hubiera habido austeridad fiscal en el sur de Europa? Evidencia y alternativas

El inicio de la gran crisis económica de este siglo hizo plantearse a la profesión económica el rol de la política económica en la gestión de dicha crisis. Existía un relativo consenso a nivel político según el cual, era necesario un mayor activismo para poder paliar los efectos de la crisis e intentar recuperar una senda de crecimiento auto-sostenido. A este respecto surge la política monetaria no convencional llevada a cabo en los últimos años por los bancos centrales de las economías más avanzadas. Pero al contrario, no ha existido un consenso claro en cuanto al rol de la política fiscal en el manejo de la crisis.

Hay quienes sostenían que era necesario realizar una política fiscal expansiva vía un incremento del gasto público, ya que ésta posee efectos positivos sobre el consumo privado y la actividad económica, el llamado multiplicador del gasto, el cual plantea que un aumento del consumo e inversión del sector público genera un efecto más que proporcional sobre la actividad económica. Por otro lado estaban quienes desechaban la idea anterior debido a que los desequilibrios fiscales eran tan grandes (el déficit fiscal como porcentaje del PIB pasó del 0,9% en 2007 al 3% en 2014 para la media de la UE) y el incremento de la deuda pública tan pronunciado (del 58% del PIB al 87% en el mismo período), que una expansión fiscal solo agravaría dichos desequilibrios hasta alcanzar una posición de insolvencia que no permitiría el correcto funcionamiento del estado.

En la periferia de la zona euro se impuso el discurso de la austeridad o prudencia fiscal, el cual conllevó a realizar una serie de ajustes fiscales concentrados en la reducción del gasto público en plena recesión económica.

Ya pasados unos años, si evaluamos estas políticas nos encontramos con resultados poco alentadores. Tomando como referencia los países que presentaron mayores tensiones fiscales (España, Grecia, Irlanda y Portugal) observamos que las grandes reducciones del déficit fiscal no siempre han resultado en una caída de la deuda pública como fracción de la producción nacional.

Tabla1

Llegado este punto cabe preguntarse, ¿existía alternativa a la política de consolidación fiscal?, ¿una política expansiva o menos austera habría tenido mejores resultados?

En un trabajo reciente House, Proebsting y Tesar (2017) realizan un ejercicio en el cual analizan la evolución actual del PIB per cápita y la deuda/PIB para una muestra de 28 países europeos más los Estados Unidos y la comparan con un escenario en el cual no se hubiera implementado una contracción fiscal.

El resultado es llamativo para cierto grupo de países, los GIIPS (Grecia, Irlanda, Italia, Portugal y España). Entre el segundo trimestre del 2009 y finales del 2014 el PIB per cápita disminuyó en casi 18%, en ausencia de políticas de austeridad dicha caída habría sido solo de 1%.

Como se menciona arriba una de las motivaciones de la contracción fiscal fue la escalada en los niveles de deuda, no obstante los autores destacan como por ejemplo en los GIIPS el ratio deuda/PIB se incrementó en 20 puntos entre 2008 y 2014. De no haberse realizado las consolidaciones fiscales la deuda/PIB solo habría aumentado alrededor de 10 puntos.

Un aspecto interesante que captura el trabajo es la interacción con la política monetaria. Los autores toman en cuenta características como restricciones financieras de las empresas y un entorno de tipos de interés cero (zero lower bound). Destacan que la respuesta de política monetaria no estuvo sincronizada con el inicio de los ajustes fiscales, debido a que la autoridad monetaria no disminuyó los tipos de intervención a tiempo lo cual agravó la senda deflacionaria.

¿Cómo se llega a estos resultados?. Los autores observan que una contracción fiscal disminuye la actividad económica, lo cual a su vez reduce la base impositiva e impacta negativamente sobre los ingresos fiscales. Lo anterior hace que crezca el ratio deuda/PIB contrario a los supuesto por dicha política.

Según lo anterior las políticas de austeridad no solo no han cumplido con su objetivo de disminuir los niveles de endeudamiento, sino que han hecho que las economías más vulnerables de la zona euro no hayan salido antes de la crisis o permanezcan inmersos en la misma.

El factor clave de estos resultados es el valor del multiplicador fiscal que emplean los autores. Estiman un multiplicador igual a 2 aproximadamente, por lo que un impulso fiscal posee un efecto relativamente alto en la actividad económica. Esto permite que el endeudamiento adicional en el cual se incurre para financiar la expansión fiscal sea menor que el incremento de la actividad económica, obteniendo como resultado una menor variación de la relación deuda/PIB y por ende evitar un deterioro de la situación fiscal.

Dicho valor es crucial para evaluar la alternativa a una consolidación fiscal, pero cuando se analiza la evidencia empírica observamos que dicha cifra dista de ser única. En un trabajo de Gechert y Will (2012) se obtienen 743 valores para el multiplicador a partir de la revisión de 89 trabajos desde 1992 al 2012. El rango de valores (eliminando los extremos) va de -2,2 a 4. La dispersión que se observa es consecuencia de diferencias de metodología, países, períodos de tiempo, identificación del impulso fiscal, la interacción con la política monetaria, etc.

Pero un factor importante que podría influir el tamaño del multiplicador es la situación económica, el ejercicio arriba expuesto parte implícitamente de la idea de que en épocas de recesión los impulsos fiscales son más efectivos y por ende la austeridad es perjudicial en términos de actividad económica en estos casos. En esta situación el impulso fiscal podría detener la caída del consumo privado a la vez que generar los estímulos de demanda que incentivarían a una mayor inversión privada y por ende creación de empleo.

Aplicando esta idea de que el multiplicador es contingente a la situación económica, Auerbach y Gorodnichenko (2011) estiman valores del multiplicador para Estados Unidos empleando una metodología que distingue entre épocas de recesión y expansión. Los autores encuentran multiplicadores mayores en épocas de recesión económica, sus resultados van de -1,03 a 5,28 (ambos empleando el gasto militar como variable). Aunque los autores expresan que sus estimaciones preferidas corresponden a un multiplicador entre 0 y 0,5 en expansiones y entre 1 y 1,5 en recesiones.

La evidencia empírica en este caso es clara: las expansiones fiscales son más efectivas en épocas de recesión.

A pesar de los resultados anteriores, es necesario tomar en cuenta las restricciones que imponen el estado de las finanzas públicas y las condiciones de los mercados de deuda a la implementación de políticas fiscales expansivas. En este sentido, las advertencias de que podría ser necesario cierto grado de restricción fiscal o una expansión moderada en presencia de tensiones fiscales no son del todo erradas.

Los resultados positivos de incrementos del gasto público podrían ser contrarrestados por el deterioro del balance de las administraciones públicas, generando expectativas adversas acerca de la sostenibilidad financiera de dicha política y empeorando las condiciones a través de las cuales se puede financiar el Tesoro en los mercados financieros. Generando así un círculo perverso que no en pocas ocasiones acaba en crisis fiscales.

Empleando la misma metodología que Auerbach y Gorodnichenko (2011), Hernández de Cos y Moral-Benito (2013) estiman el valor del multiplicador en España distinguiendo entre:

  • Periodos de recesión y expansión económica
  • Situación fiscal vulnerable o fuerte
  • Potenciales crisis financieras y períodos de no-crisis

En la siguiente tabla se presentan algunos de los resultados de Hernández de Cos y Moral-Benito (2013):

Tabla2

Se observa como el valor del multiplicador fiscal disminuye notablemente en períodos de expansión, en situaciones de vulnerabilidad del sistema financiero y en períodos de situación fiscal comprometida (altos déficits fiscales y niveles de deuda pública) llega incluso a ser negativo.

Resumiendo toda la información, construyen un índice (índice PCA en la tabla) para el valor del multiplicador en períodos tranquilos (economía en expansión, buena posición fiscal y un sistema financiero sano) igual a 0,64, y para periodos de turbulencia (economía en recesión, mala posición fiscal y un débil sistema financiero) igual a 1,48.

A pesar de confirmar que una mala situación fiscal reduce los efectos positivos de incrementos del gasto, el índice que elaboran los autores pareciera indicar que en situaciones similares a la crisis reciente, el multiplicador no sería tan bajo como para descartar una expansión fiscal como herramienta para reactivar la economía.

Como suele ser habitual en la teoría económica el efecto de las políticas económicas es contingente a muchas variables, entre ellas las que describen el entorno económico, por lo que no es posible afirmar de manera tajante el resultado de una futura política económica. La evidencia apoya la idea de un mayor multiplicador en una recesión económica y una política monetaria expansiva en el límite de tipos de referencia cero, pero asimismo alerta de que dichos efectos pueden ser contrarrestados si la situación fiscal es vulnerable.

No obstante, pareciera difícil llamar exitosas a las actuales políticas de austeridad. No sólo no han logrado disminuir los niveles de endeudamiento ni volver a los niveles de renta previos a la crisis, sino que muchos de los recortes han debilitado algunas de las redes de protección social incrementando los riesgos de pobreza y disminuyendo las probabilidades de movilidad social.

4 Comentarios

  1. oremor lamak
    oremor lamak 03-16-2017

    Entonces en 2009 y 2010 ¿Por que fallo el plan e?

  2. Kamal Romero
    Kamal Romero 03-17-2017

    Algunas de las razones las puedes encontrar en el artículo de Hernández de Cos y Moral-Benito enlazado en el post, la frágil posición fiscal y el desequilibrio externo en el caso español eran restricciones vinculantes para una expansión fiscal. De todas formas, sería interesante que pudiéramos acceder a una evaluación rigurosa de los efectos del Plan-E, para precisamente saber que ocurrió específicamente. Saludos!

    • oremor lamak
      oremor lamak 03-20-2017

      Lo cierto es que se tiene mas la vision de que fue precisametne el plan e(junto con otros aumentos de gastos), el que genero la fragilidad fiscal y no al reves. Saludos

      • Kamal Antonio Romero
        Kamal Antonio Romero 03-20-2017

        Más allá de las impresiones, hace falta evaluación rigurosa de las consecuencias del Plan-E para determinar magnitud y canales de transmisión de sus efectos. Una vez lo tengamos podremos realizar una evaluación, más allá de eso sería un debate de puntos de vista basado en intuiciones.

        Aclaro que no soy defensor del Plan E, pero si de la evaluación formal de las políticas públicas esté o no de acuerdo con ellas.

        Saludos y gracias por leer el post y comentarlo :-)

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