Violencia de género e impunidad

Sólo el 4’8% de todos los hombres que maltratan son condenados por la violencia que ejercen sobre sus parejas o exparejas, eso es impunidad.

Hoy por hoy, cualquier maltratador tiene la sensación de que no le va a pasar nada por maltratar, y son dos los factores que influyen en esa percepción. En primer lugar, porque junto a la idea de “normalidad” que envuelve a la violencia de género, el maltratador sigue una estrategia de aislamiento y culpabilización de la víctima que se une a las consecuencias emocionales que ocasiona la propia violencia, todo lo cual dificulta que la mujer tome conciencia de lo que le ocurre y denuncie la situación. Y en segundo lugar, porque cuando se logran superar todos esos obstáculos y se denuncia, el porcentaje de condenas es el 22’3% (129.193 de denuncias interpuestas frente a 28.870 de sentencias condenatorias según datos del Observatorio del CGPJ para el año 2015).

Pero como no toda la violencia de género que se produce es denunciada, para conocer la situación general tenemos que irnos a la referencia global de los casos que se producen en la sociedad, con independencia de que se denuncien o no. Para ello tomamos los datos de la Macroencuesta del CIS (2015), que indican que los casos reales de violencia de género son cerca de 600.000, por lo que si ponemos en relación el número de condenas, esas 28.870, con todos los casos, el resultado es claro: sólo el 4’8% de los maltratadores termina siendo condenado, o lo que es lo mismo, el 95’2% no sufre ninguna consecuencia por la violencia que ejercen sobre sus parejas o exparejas.

Esta situación tiene nombre, y se llama impunidad.

Y así lo perciben los propios agresores, como me contó una sobreviviente a la que conocí en una reunión tiempo después de que saliera de la violencia. Después de muchos años de violencia y de haberlo intentado todo, le dijo a su marido que no aguantaba más y que lo iba a denunciar. La respuesta de él fue una sonrisa para acompañar a sus palabras, “hazlo, no me va a pasar nada”. Ella, desesperada por la situación le respondió, “puede que no te pase nada, pero al menos todo el mundo va a saber que eres un maltratador”; ante lo cual él se carcajeo y le volvió a decir, “no te confundas, es peor ser una mujer maltratada que ser un maltratador”.

Así ven ellos la situación de la violencia que ejercen, porque así es en la mayoría de las ocasiones. La misma sociedad que lleva a que las mujeres entiendan la violencia como algo normal dentro de las relaciones de pareja, hasta el punto de que el 78’5% no denuncia, entre otras razones porque la violencia que sufren “no es lo suficientemente grave”, tal y como afirma el 44% de estas mujeres (CIS, 2015), es la que luego lleva a que la respuesta institucional ante los hechos denunciados se traduzca en un 77’7% de absoluciones.  Las razones de esta falta de respuesta tienen mucho que ver con la forma de abordar la investigación para esclarecer lo ocurrido.

Dos son las consecuencias de la forma de proceder desde la Administración de Justicia y desde la investigación policial y forense. En primer lugar, el alto porcentaje de renuncias a continuar con el proceso acogiéndose al artículo 416 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal y al “derecho” a no declarar contra su agresor, un porcentaje que en la fase inicial es del 12%, pero que conforme avanza el proceso llega al 60-70% debido a las presiones que sufren las víctimas. Y, en segundo lugar, la irregular respuesta que se da tras el enjuiciamiento de los casos. Cuando comparamos el porcentaje de condenas en los diferentes Juzgados y Tribunales que intervienen, se observa que en los Juzgados de Violencia sobre la Mujer (JVM) las absoluciones suponen el 22’8%, un porcentaje similar al de las Audiencias Provinciales (AP), que es del 24’1%. En cambio, en los Juzgados de lo Penal (JP), donde se juzgan la mayoría de los casos, concretamente el 58’5%, el porcentaje de absoluciones se duplica y llega al 47’6%. Es decir, en el órgano judicial donde se juzga la mayoría de la violencia de género el porcentaje de absoluciones es el doble que en los JVM  y en las AP.

Y no tiene sentido. La violencia de género es un continuum que va desde agresiones de intensidad leve hasta las que ocasionan lesiones graves, y los diferentes juzgados que ven las denuncias lo hacen en virtud de esa intensidad. De manera que los casos con un resultado más leve se ven en los JVM, los más graves en las AP, y los intermedios en los JP; y no tiene lógica alguna que cuando el resultado de la violencia de género es leve y grave el porcentaje de absoluciones sea del 23-24%, y que en la zona de intensidad intermedia las absoluciones sean el doble hasta llegar al 47’6%.

Esta situación indica que existe un problema de prueba en el que influyen varios factores, desde el tiempo transcurrido entre la agresión y la denuncia, hasta la objetividad de las lesiones graves, pero todo ello se une en ocasiones a una investigación insuficiente y a una resistencia a la hora de aceptar las conclusiones de los informes sobre la violencia psicológica que presentan las víctimas cuyos casos son juzgados en los JP, pues estas consecuencias emocionales son las que predominan con frecuencia en estos casos.

El resultado es claro: impunidad. Una impunidad que lleva a que las mujeres sean asesinadas tanto si denuncian como si no denuncian.

Al final, las referencias socio-culturales que dan lugar a la violencia de género, a que cuando existe no se denuncie y a que cuando se denuncia no se condene, son las mismas que luego se utilizan bajo el argumento de las denuncias falsas, para negar la violencia que se esconde y justifica entre la normalidad social. Esa es la clave de la violencia de género a diferencia de otras violencias interpersonales: entender que se trata de una violencia estructural que se ejerce utilizando las referencias que la propia cultura da para negarla, minimizarla y justificarla, por eso existe impunidad.

En violencia de género la impunidad no es parte de la respuesta, es la respuesta para que la desigualdad y todo su entramado continúe bajo las mismas referencias de un machismo hecho cultura.

Dejar un comentario

X

Uso de cookies

Esta página utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle información relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.