Un banco malo europeo podría evitar un retorno al dracma

Grecia vuelve a ser noticia debido a la negociación sobre el rescate. Ésta vez, sin embargo, hay riesgos potenciales adicionales. Concretamente tres: 1) las elecciones en Alemania y Francia 2) El papel de Lagarde y FMI (y quizás Trump) 3) Tsipras ya no tiene nada que perder.

La conjunción de los tres factores -la Triple Hora Bruja- convierten a Grecia en un serio problema que debe afrontarse. Una quita de la deuda pública helena sería algo recomendable pero imposible de aceptar en pleno escenario electoral, ya que Irlanda, Portugal y Chipre probablemente irían detrás.  Lo esperable es alargar hasta la conclusión del programa en 2018 y plantear la quita entonces. Otro de los temas preocupantes en Grecia es el estado de su sistema bancario. El BCE y el FMI no se acaban de poner de acuerdo sobre el estado de la banca griega ni sobre la sostenibilidad de la deuda pública.

La influencia del sistema bancario en el crecimiento económico es importante, ya que el crédito bancario suele ser condición necesario pero no suficiente. En un contexto de escasez financiera para el sector público, el sistema bancario es clave para conseguir buenas tasas de crecimiento en el país heleno. La banca griega –como la española- ha sufrido un proceso de reducción importante del tamaño de su balance consolidado y de las partidas que lo componen, colaborando intensamente al proceso de deflación sufrido por la economía griega. El resultado ha sido el impulso de los créditos de dudoso cobro (Non-Performing Loans NPL), que se han desbocado mucho más intensivamente que en el resto de la Eurozona:

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La importancia de las NPL es máxima. Es la probabilidad de que la concesión de 1€ de crédito acabe en impago, así que altas tasas impiden, literalmente, que haya crecimiento económico intenso. El gobernador del BoG, Yannis Stournaras, explicó en enero que habían lanzado un framework regulatorio con el objetivo de reducir éstas tasas radicalmente, incluyendo sanciones económicas y administrativas. El plan incluye la reducción de las exposiciones en mora –el 51% en 2016- en tres años. Inexorablemente hablar de créditos dudosos me obliga a hablar de capital y activos fiscales. La capitalización bancaria es otro punto de desencuentro entre las instituciones europeas y el FMI. Los créditos fiscales forman parte del capital pero degradan su calidad y, además, suponen un riesgo potencial contingente para el gobierno, ya que podría encontrarse con un pasivo imprevisto. Tanto FMI como BCE coinciden en que el nivel de capitalización bancaria es el adecuado –lo que supone una magnífica noticia- pero difieren en el trato de los créditos fiscales diferidos. El FMI alega que la mitad de éstos créditos fiscales debería apartarse para eventuales necesidades imprevistas, mientras las instituciones europeas dan por buena la configuración actual del capital de la banca griega.

Otro de los aspectos problemáticos de la banca griega es el bajo nivel de depósitos. Por un lado, provoca que la banca se desprenda de activos que pueda vender (recuerden que la exposición a la mora es del 51%) y eso acelera la disminución del tamaño del balance y, por ende, dificulta sobremanera conseguir crecimiento económico. Por el otro lado, dispara la ratio Crédito-Depósitos lo que obliga a la banca a reprimir aún más el crédito:

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El Presidente de la Autoridad Bancaria Europea (EBA), Andrea Enria, instó hace unas semanas a la creación de un banco malo europeo para ayudar a la periferia a reducir sus NPLs. Sin duda, sería una gran medida para Grecia e Italia, que permitiría a ambos países aumentar sus expectativas de crecimiento a corto plazo. En un reciente trabajo, Dimitrios, Helen y Mike (2016) demostraron que el impacto de La Gran Recesión sobre las NPL ha sido mucho mayor en la periferia que en el core. Por ejemplo, los aumentos en la ratio Crédito-Depósitos tienen gran impacto positivo sobre las NPLs (otro motivo para preocuparse por los depósitos) mientras que el tamaño de los bancos está negativamente relacionado.

La reducción de la morosidad en Grecia debe ser el principal objetivo de todos los partícipes en la mesa de negociación. Si, además, ésta reducción se hace a través de un banco malo europeo, Tsipras no se verá acorralado y le permitirá firmar una prórroga sin quita, que debería llegar más adelante. El peligro al que se enfrenta la Eurozona es que el PM griego decida volver al dracma. Sería un duro golpe para el proyecto europeo, y quién sabe el efecto que puede tener en Holanda y Francia. Y éstas dos amenazas sí son definitivas.

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