¿Se han rendido los holandeses ante el nacionalismo excluyente?

Holanda, el país fundador de la Unión Europea, tradicionalmente europeísta y con una arraigada tradición de liberalismo social y multiculturalismo, es noticia. Por primera vez en la historia es posible que el ganador de sus elecciones parlamentarias sea el islamófobo y euroescéptico Geert Wilders. Con un 15% de intención de voto y posición de outsider, parece poco probable que su Partido de la Libertad (Partij voor de Vrijheid – PVV) entre en una coalición de gobierno. Pero su discurso impregnado de nacionalismo excluyente ha marcado el tono de la actual campaña y su posición de líder en las encuestas ha suscitado un interés internacional, poco habitual para las elecciones de este pequeño país europeo. Entonces, ¿se han vuelto anti-europeístas y xenófobos los holandeses?

Preocupados por la inmigración, entre otros temas

No cabe duda que la inmigración destaca como uno de los temas más importantes para la opinión pública del país. Los resultados del Eurobarómetro más reciente muestran que los holandeses lo consideran el principal problema para la UE (56%) y el segundo problema más grave para el país (lo nombra un 34%, aunque su importancia ha disminuido en el último año), ambos por encima de la media europea. Sin embargo, la inmigración apenas aparece entre las cuestiones por las que se ven personalmente afectados (3%). A los ciudadanos holandeses les preocupa sobre todo la sanidad y el estado de bienestar: la cuestión más importante para el país y a nivel personal. La educación y el medio ambiente resultan igualmente muy relevantes. De hecho, alrededor de un 20% ve el medio ambiente como un asunto clave a nivel personal y para el país, de lo más alto en la UE, lo que coincide con el anticipado éxito del partido de los Verdes que el 15 de marzo espera multiplicar por cinco el número de escaños. Estos datos parecen coincidir con la opinión de algunos comentaristas que desde Holanda señalan que mientras que la islamofobia de Wilders llama la atención fuera del país, a los holandeses les emocionan principalmente los debates técnicos sobre las políticas de su estado de bienestar.

Esta interpretación se ve también reflejada en el hecho de que, a pesar de una campaña electoral marcada por el nacionalismo excluyente, a la que se ha rendido hasta el actual primer ministro Mark Rutte, Holanda sigue estando entre los países de la UE donde la aceptación de inmigración se ha mantenido más alta, en un contexto de fuerte declive en casi toda Europa. Actualmente, un 44% de los holandeses mantiene una visión favorable de los inmigrantes de fuera de la UE. Aunque esto equivale a que la mayoría de la población no los vea con buenos ojos, el nivel de aceptación está entre los más altos de la UE, por encima de la media europea y de los otros países con presencia del populismo de derecha radical y elecciones en este año clave para Europa: Francia y Alemania.

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A diferencia de la mayoría de los países europeos en los que hemos visto cambios negativos en la percepción de los inmigrantes, la opinión pública en Holanda apenas se vio afectada por la crisis de los refugiados si comparamos con los datos del 2014. Al mismo tiempo, hay un tipo de inmigración que los holandeses aprueban cada vez más – el 66% se muestra favorable hacia los inmigrantes de otros países de la Unión. Por tanto, aunque sí se aprecia la importancia de la cuestión migratoria para la UE y el país, sobre todo en los últimos dos años, no encontramos un fuerte declive de opinión sobre la misma a pesar de los esfuerzos de Wilders para movilizar la población en contra. En línea de lo que observan algunos analistas, parece que el incremento en el voto a PVV depende más de la importancia percibida de la cuestión de la inmigración, que de un cambio negativo en la opinión pública.

Euro-apatía en un país euro-optimista

La otra cuestión de interés aquí es el rechazo a la Unión Europea, el segundo elemento programático del PVV de Wilders. Holanda ha sido un país tradicionalmente muy europeísta – el porcentaje de la población que veía con buenos ojos ser miembro de la UE quedaba habitualmente unos 20% por encima de la media de la Unión y al principio de los años noventa llegó a situarse en el inimaginable hoy en día umbral de un 89% a favor. En la actualidad, a primera vista los holandeses ya no destacan como más euro-optimistas que los demás ciudadanos europeos – tan sólo un 33% declara tener una visión positiva, un 39% se mantiene agnóstico, y un 28%  tiene una opinión negativa sobre la UE, una imagen un poco más pesimista que la media del continente. Pero, como pasa en muchos países europeos, bajo esa aparente euro-apatía se esconde importante nivel de apoyo para las políticas europeas claves como, por ejemplo, la libre circulación de personas (84% a favor) y la moneda común (77% a favor). Mientras que esto puede indicar cierta confusión de los holandeses acerca de su apoyo o no a la integración, donde queda claro su persistente pro-europeísmo es cuando se les pregunta por la posibilidad de un “Nexit”: Holanda aparece como el país con mayor rechazo hacia una salida de su país de la UE (76%), muy por encima de todos los demás países fundadores. Asimismo, es el país donde el porcentaje de ciudadanos indecisos sobre esta cuestión es el más bajo de la UE lo que deja menos margen para una potencial movilización en contra.

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En resumen, dado que los holandeses se muestran ambivalentes en su imagen de la UE pero siguen manteniendo un importante nivel de apoyo a sus políticas claves y rechazan rotundamente un “Nexit”, podemos descartar la posibilidad de que el euroescepticismo fuerte se imponga en la opinión pública a corto plazo, a pesar de lo que anunciaban algunos analistas. Sin embargo, en el tema de la inmigración observamos más potencial para la movilización en un sentido negativo. Aunque el país se mantiene relativamente tolerante dentro de un panorama europeo de declive de la opinión sobre los inmigrantes, la mayoría de los holandeses ya ha dejado de tener una visión positiva de la inmigración de fuera de la UE y un tercio la consideran una cuestión que afecta al país de manera importante. Además, otro estudio reciente indica que más de un tercio tiene una visión negativa del islam, el tema central en el corto programa de PVV. La actual campaña de Geert Wilders refleja esta realidad: mientras que parece haber disminuido sus esfuerzos por promocionarse argumentando a favor de la salida de Holanda de la UE, sigue empeñado en convencer a los ciudadanos holandeses que la solución para la cuestión de la inmigración sería abandonar de una vez las políticas de multiculturalismo liberal y rendirse ante su visión de nacionalismo excluyente. El miércoles que viene sabremos hasta qué punto esto ha funcionado.

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