Las mujeres ‘en’ y ‘ante’ el Tribunal Constitucional

El pasado 28 de noviembre la Red Feminista de Derecho Constitucional (RFDC) hacía público dos documentos: uno, de posicionamiento frente a la renovación parcial de las y los integrantes del Tribunal Constitucional y, otro más extenso, explicativo del anterior y en donde de forma pormenorizada da cuenta de la escasa presencia de mujeres como magistradas en el seno del Tribunal Constitucional durante estos años de andadura constitucional. Y es que hasta la fecha solo 5 mujeres han sido magistradas del máximo intérprete constitucional de un total de 60 personas. ¡Ojo!, pero nunca – de los 12 magistrados/as que conforman el citado tribunal – han formado parte del mismo órgano constitucional a la vez más de dos magistradas y solo una ha sido Presidenta (puede ampliarse información sobre las renovaciones parciales del TC aquí). En la misma línea la Asociación de Mujeres Juezas de España (AMJE) ha publicado “Por un Tribunal Constitucional Equilibrado” y ha lanzado una campaña para la recogida de firmas.

Desde la Red Feminista de Derecho Constitucional se habla de “anormalidad democrática”, de un cumplimiento parcial de la normativa en materia de igualdad y de falta de voluntad política. Desde la Asociación de Mujeres Juezas de España se habla de “techo de cristal” en las cúpulas de todos los poderes y más en aquellos en donde se toman “decisiones que mueven el mundo” y de falta de “equilibrio” en la representación de mujeres y hombres. Sin duda importantes referencias a tener en cuenta en un momento como el actual en donde la Constitución ha cumplido 38 años de vigencia y en donde desde ciertos sectores se habla de la necesidad de un cambio, una revisión y/o una reforma constitucional. Obviamente, una reforma, revisión y/o cambio constitucional que no puede permanecer ajena o ciega al género, esto es, a la sexuación de los sujetos de derechos y a sus impliaciones en la conformación socio/sexual de la realidad. Y es que la Democracia exige paridad en la representación y en la toma de decisiones en todas las esferas de interacción social y, por supuesto, en el ámbito constitucional (véase la Declaración de Atenas adoptada en la primera Cumbre Europea “Mujeres en el Poder”, 1992).

Llegados a este punto resulta de interés referenciar brevemente en este post cuál ha sido y cuál es la posición-situación de las mujeres ‘en y ante’ el Tribunal Constitucional (TC, en adelante). Una cuestión que no es menor teniendo en cuenta que es el articulador de la llamada Justicia Constitucional y que se ha erigido como el máximo intérprete constitucional con facultades tan amplias como, por ejemplo, la de poder expulsar de nuestro ordenamiento jurídico aquellas normas contrarias al texto constitucional en una suerte de legislador negativo. Pero es más, desde el punto de vista de la tutela de los derechos fundamentales y, por ende, del reconocimiento de la subjetividad jurídica y política de los sujetos, el TC se erige en la última instancia a nivel nacional capaz de garantizar y hacer plenamente efectivos los derechos y libertades con una incidencia directa en la vida de las personas y, por ende, en la vida de las mujeres en tanto que tales. De ahí la importancia de reflexionar sobre la posición-situación de las mujeres ‘en y ante’ el máximo intérprete constitucional. Y hablamos de ‘posición-situación en’ a fin de determinar cuál es el lugar que ocupan (y/o han ocupado) las mujeres dentro del TC (de poder o de no poder). Por su parte, hablamos de ‘posición-situación ante’ con la intención de plantear análisis más profundos desde la óptica jurídica/política/constitucional sobre el reconocimiento (o no) de la sexuación de los sujetos de derechos y sus implicaciones en materia de igualdad.

Desde el punto de vista de la posición-situación de las mujeres ‘en’ el TC los gráficos que siguen reflejan claramente cuál ha sido ésta. Una posición de absoluta infrarrepresentación por lo que cabe cuestionar que se cumpla con el “principio de presencia y/o composición equilibrada” en una de las más importantes instancias de toma de decisiones y, por tanto, de ejercicio pleno del ‘poder’. Y es que se observa como el primer TC (1980) estuvo formado por 11 magistrados y una sola magistrada (a propuesta del Senado). Esta situación se mantuvo hasta la tercera renovación parcial del TC (1989) en donde las mujeres desaparecen del máximo intérprete constitucional quedando constituido por 12 magistrados, situación que perdura hasta llegar a la sexta renovación parcial (1998) en donde una magistrada vuelve a formar parte del TC junto a 11 magistrados. En 2001 tuvo lugar la séptima renovación parcial entrando a formar parte del TC una nueva magistrada por lo que es, en este año, cuando se produce un hecho insólito y es que, por primera vez, dos magistradas forman parte del TC al mismo tiempo, situación que se ha mantenido desde ese año hasta el momento actual.
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Lo brevemente expuesto permite colegir, a vuela pluma, que: a) Sólo una mujer ha sido Presidenta del TC durante estos años; b) Nunca una mujer ha formado parte del TC – en las distintas renovaciones parciales – a propuesta del Consejo General del Poder Judicial ni del Gobierno; c) Sólo cinco mujeres de un total de 60 personas han formado parte del TC; d) Nunca el TC ha cumplido con el porcentaje 40%-60% del principio de presencia y/o composición equilibrada.

Desde el punto de vista de la ‘posición-situación’ de las mujeres ‘ante’ el TC cabe reseñar brevemente la evolución jurisprudencial en materia de igualdad constitucional. Una evolución que sigue siendo tímida desde el momento en que se observa que el marco de referencia normativo sigue siendo el varón y, por tanto, la abstracción de la sexuación de los sujetos de derechos es una realidad. Lejos de lo que cabría pensar, estas cuestiones no resultan anodinas en tanto en cuanto las mujeres, como sujetos jurídico/políticos, siguen (seguimos) instaladas en la ‘otredad’ constitucional con respecto al sujeto jurídico/universal. De ahí que la igualdad efectiva y real no se haya articulado – en sede constitucional – desde el reconocimiento de dos sujetos igualmente diferentes (sin necesidad de que uno sea el modelo del otro). El momento actual requiere de una redefinición del sujeto ‘persona’ y de una resignificación de la categoría ‘sexo’ como hecho biológico que implica diferencia mutua entre los sujetos sin necesidad de que exista un patrón de referencia al que haya que adaptarse o en el que haya que encajarse.

El TC, ante su próxima renovación parcial, tiene que incorporar a mujeres. No solo por mandato legal (véase la LO 3/2007, de 22 de marzo) sino por lo que ‘de simbólico’ tiene y porque la Justicia Constitucional necesita de la experiencia de las mujeres como sujetos sexuados que ocupan (y han ocupado) lugares y espacios. Obviamente, incorporar la experiencia de las mujeres a la hora de interpretar y aplicar el texto constitucional supone apostar por los conocimientos situados desde la esfera jurídico/político/constitucional.

Resultaría cuando menos sospechoso que los parlamentos autonómicos y el propio Senado hicieran caso omiso a esta demanda si a lo que se aspira es a una sociedad democrática avanzada. Máxime, estando pendientes algunas resoluciones del TC de mucho calado para la subjetividad jurídica y política de las mujeres. Piensese, por ejemplo, en el recurso de inconstitucionalidad contra la Ley Orgánica de Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción Voluntaria del embarazo (2010).

Llegados a este punto, y teniendo en cuenta las breves referencias a los conocimientos situados y a la necesidad de incorporar la experiencia de las mujeres en sede constitucional, solo cabe citar a la jurista Alda Facio cuando señala que “(…) para los hombres el embarazo o la interrupción del mismo es un problema abstracto porque nunca tendrán que enfrentar un aborto desde su propio cuerpo”. La rotundidad de la anterior afirmación permite aseverar que es esa falta de corporeidad sexual en el reconocimiento de la subjetividad jurídica y política de los sujetos la que determina que los derechos de las mujeres hayan sido aquéllos definidos por y para hombres. Y ahí estamos …

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