“La venganza de los deplorables”

The Economist Intelligence Unit (EIU) ha publicado la novena edición de su índice de calidad democrática de 167 Estados. Si hay que extraer alguna lección importante del informe de 2016 es que la calidad democrática ya no es sólo un problema de nuevas democracias o democracias en transición, sino que afecta a la mayoría de democracias en el mundo, incluyendo occidente.

A pesar de la falta de acuerdo en la definición de democracia, el uso de índices para medir su calidad y permitir estudios comparativos es muy común. La idea de que la democracia es un concepto dicotómico y de evidente clasificación ha quedado atrás. Complejas definiciones basadas en diferentes dimensiones de la vida política de un país son usadas para encontrar los matices de lo que realmente implica vivir en un país democrático.

El Democracy Index se extrae de cinco categorías: procesos electorales y pluralismo, libertades civiles, el funcionamiento del gobierno, participación política y cultura política; y clasifica diferentes estados en 4 grupos- democracias plenas, democracias imperfectas, regímenes híbridos y regímenes autoritarios. A diferencia de otros índices similares como el de Freedom House o Polity Project, el índice de EIU incluye medidas de participación política, cultura política o funcionamiento del gobierno. Así pues, lograr ser definido como una plena democracia en el Democracy Index implica un nivel de exigencia mayor.

De los 167 Estados incluidos, en 2016, 72 han experimentado una caída en su puntuación comparado con 2015 y solo 38 han experimentado una mejora. A nivel regional, los resultados de 2016 muestran un empeoramiento en Europa del este, América Latina, Oriente Medio y el Norte de África, África Subsahariana y Europa occidental.

Por primera vez, Estados Unidos ha sido relegado a democracia imperfecta y la situación global es poco positiva. De todos los Estados incluidos, 45% son considerados democracias, pero el número de democracias plenas ha caído de 20 a 19 con la caída de Estados Unidos dado el declive en la confianza en el funcionamiento de las instituciones públicas. El tema del informe de 2016 es la revuelta popular contra las élites políticas, desconectadas y poco receptivas a las demandas populares.

Tanto el resultado del referéndum de junio en el Reino Unido para abandonar la Unión Europea como las recientes elecciones en Estados Unidos con la victoria de Trump son interpretadas en el informe como síntomas de un fenómenos de desconfianza y desconexión mucho mayor que afecta a la mayoría de democracias maduras. A la espera de las elecciones en Francia y en Alemania, la preocupación por la desafección política sigue creciendo y amenaza con materializarse en una situación común en todo occidente.

El informe cuestiona si la movilización popular que ha caracterizado estos movimientos ha sido n triunfo o una amenaza para la democracia. Algunos apuntan a lo positivo de lograr la participación política de grupos generalmente desmovilizados y el potencial impacto positivo democrático en su participación política sostenida. Sin embargo, para muchos liberales el movimiento popular ha sido interpretado como una amenaza a la democracia liberal. En las últimas décadas las élites políticas han experimentado poca oposición a su visión y valores políticos. Según EIU las dos elecciones capturan las contradicciones a las que se enfrenta la democracia contemporánea.

Los eventos de este pasado año demuestran que tal consenso probablemente era solo una ilusión en época de bonanza económica. El informe apunta a las principales causas de las recientes movilizaciones populares. En primer lugar, la creciente falta de confianza en las instituciones políticas, en los últimos años en Estados Unidos ha sido significativa.

Según la encuesta Beyond Distrust de Pew Research Center el 74% de los americanos encuestados dicen que los representantes políticos ponen sus propios intereses antes de los intereses nacionales. De manera similar, una encuesta de YouGov en el Reino Unidos antes del referéndum reveló que el 81% de los votantes a favor del Brexit decían no confiar en los políticos británicos, comparado con un 67% de los votantes en contra del Brexit.

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Los resultados en otras regiones no son mucho más esperanzadores este año. Asia es la única región cuya puntuación ha mejorado de forma consistente en los últimos años y el informe no prevé un efecto dominó del gobierno populista de Duterte en Filipinas dado el rápido crecimiento económico en la región. De forma similar, América Latina también se ha vuelto resistente a los movimientos populistas después de los gobiernos populistas de izquierda establecidos durante la Guerra Fría y ha empezado una ola de establecimiento de gobiernos neo-liberales en Argentina, Perú y Brasil, adquiriendo una media regional de 6.37.

En Europa del Este, la decepción con el modelo de democracia liberal está muy latente y la regresión en su calidad democrática ha sido muy abrupta en los últimos años con 19 países perdiendo puntos y ningún país adquiere una puntuación suficientemente elevada para calificarse como plena democracia, con una media regional de 5.76 sobre 10. El debilitamiento de los procesos electorales en países como Macedonia, Montenegro y Kirguistán han llevado a expertos a cuestionarse la calidad incluso de la democracia formal. Asimismo, los gobiernos de Polonia y Hungría y sus medidas y políticas ponen en tela de juicio el compromiso democrático de algunos de los países más desarrollados de la región.

África Subsahariana se ha mantenido relativamente estable desde 2011 con una puntuación de 4.37 en 2016. La puntuación refleja una mejora en participación política, a costa de un deterioro en libertades civiles y funcionamiento del gobierno. Además, la baja calidad del proceso electoral refleja una gran carencia en términos de pluralismo. Hay mejoras significativas en Côte d’Ivoire, Capo Verde, Liberia y Tanzania, pero quedan eclipsadas por las caídas de Etiopía y Mozambique por la falta de capacidad de sus gobiernos de manejar crisis.

El Norte de África y Oriente Medio la situación política ha empeorado significativamente desde la Primavera Árabe en 2010 con una puntuación de 3.53 en 2016 comparada con 3.73 en 2012. La transición democrática de Túnez no ha conseguido estabilizarse y la situación económica y falta de oportunidades para los jóvenes llevando a un declive democrático, similar al de Algeria. Los conflictos en Libia y Siria, así como el gobierno autoritario en Egipto empeoran significativamente la posición de la región.

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Ante este contexto, cabe preguntarse, ¿por qué la democracia está en apuros? La mayoría apuntan a las graves consecuencias de la crisis económica y el crecimiento en desigualdad y pobreza que ha conllevado, así como la perdida de legitimidad de la clase política. Sin embargo, el informe apunta a causas más profundas y advierte que el advenimiento del populismo no va a desaparecer tan rápido como ha aparecido.

EIU apunta a la importancia de los jóvenes y la importancia que dan a las instituciones democráticas, evidenciando con datos de la World Values Survey que solo un tercio de las generaciones jóvenes hoy en día, o millenials, consideran vivir en una democracia algo esencial, en oposición a un 72% de generaciones mayores en Estados Unidos. Es posible que estemos experimentando un proceso de desconsolidación democrática según Roberto Sefan Foa, y no es algo que vaya a cambiar de una legislatura a otra, sobre todo sin mayor participación política de aquellos que comparten valores democráticos y creen en sus instituciones, además de una reforma entre las élites políticas.

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