La LOMCE y el zeitgeist

La LOMCE conecta con el “espíritu de la época” (zeitgeist), al entender la educación como un mercado. En el mercado, el precio contiene toda la información relevante sobre un producto. En educación, esta idea implica que los resultados de la reválida incluyen toda la información relevante sobre la vida de los centros educativos, y que el papel de las familias es elegir la mejor “mercancía”. Así, la transparencia informativa y la libertad de elección no solo son justas en una sociedad democrática, sino que producen un sistema educativo más eficiente, pues los malos centros se verán en la obligación de mejorar. El argumento es impecable en términos morales y de eficiencia. Pero es absolutamente  falso. Si triunfa una mentira así es porque la ideología neoliberal nos ha hecho creer que todo es convertible en mercado, y que los mercados son la institución que mejor encarna la libertad, la justicia y la eficiencia.

La investigación educativa nos dice desde hace medio siglo que la mayor parte de la diferencia entre centros educativos se debe al origen social del alumnado, no a las diferencias entre centros, por lo que las pruebas externas nos hablan más de la composición social del alumnado que de la calidad de las escuelas. Pero además, desde los años setenta Campbell se percató de que cuando empleamos un número para gestionar un proceso social, y tomamos decisiones a partir de ese número, se corrompe el proceso social. En educación esto supone que el profesorado dejará de lado los procesos educativos normales para entrenar al alumnado para superar las pruebas. Así, sin que lo diga la ley, los procesos lentos de aprendizaje en que se explora cómo mejorar la capacidad de cada estudiante se ven desplazados debido a que se transforman las aulas en autoescuelas en las que se enseñan los trucos para pasar una prueba. Lo que miden las pruebas podrá mejorar, a costa de que lo que miden cada vez es menos educación y más adiestramiento.

Por otra parte, a las familias se les da el mensaje de que la  libertad es libertad de elegir centro. Por un lado, esto supone que las familias de más recursos serán las que “más” elijan, aumentado así la desigualdad de oportunidades. Por otro lado, se orilla otra concepción de la libertad, la que consiste en participar activamente en la vida de los centros, día a día. De hecho, la LOMCE limita la libertad de las familias en beneficio de la dirección de los centros educativos.

No todo es negativo en la LOMCE. La introducción de la FP Básica supone una mejora sustancial, pues permite que quienes no obtengan el título de la ESO no abandonen los estudios. Pero esta mejora se aplica al tiempo que se eliminan otras medidas de apoyo educativo. El profesorado, ante la imposibilidad de gestionar la diversidad en las aulas, derivará a esta FP al alumnado más difícil, lo que supondrá su devaluación social. Además, será una herramienta de disciplinamiento: el que dé problemas, a la FP, como sucedía con la LGE (ley franquista).

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