Justicia Social: si (no) te consuelas es porque (no) quieres

Contagiada por el optimismo de quienes aseguran que España está saliendo de la crisis, estos días de atrás he revisado algunos indicadores sociales sobre nuestro país con la esperanza de poder contribuir también yo a reforzar ese entusiasmo. He elegido el Índice de Justicia Social Europeo que permite observar los datos en perspectiva comparada, tanto temporal, ya que abarca los años comprendidos entre 2008 y 2016, como respecto a otros países porque ordena a los Estados miembros de la UE de acuerdo con su progreso social*.

En el indicador global de Justicia Social no estamos del todo mal. Ocupamos el puesto 25 de 28, con una nota de 4,76 en una escala de 0 a 10. Podría ser peor, como le sucede a Bulgaria, Rumania y Grecia, que ocupan los últimos puestos. Al fin de al cabo, en el otro extremo, Suecia, Finlandia y Dinamarca no logran alcanzar la modesta nota de 8. Algunos países, especialmente Polonia, han logrado mejorar su posición. Es verdad que España no está entre ellos, pero solo hemos descendido siete décimas, y aunque en su caso es cuestión de centésimas, los nórdicos han caído también respecto a 2008, primer año en que se publicó el índice.

La primera de las seis áreas de política pública se refiere al mercado de trabajo. Seis países sobrepasan la calificación de 7. Aunque España se encuentra en el otro extremo con una calificación inferior al cuatro, no está sola. Le acompaña Grecia. Mientras que en Suecia el porcentaje de población empleada supera el 75 por ciento, en el caso de España no alcanza el 58 por ciento. Pero en nuestro país ha descendido su tasa de desempleo tanto en lo que se refiere a la población general como a los jóvenes hasta un 22 y 48 por ciento respectivamente. Y aunque Alemania está en un 4 y un 7, hay otros países que están peor que España. Bueno, en realidad solo uno.

Tampoco somos el primer país empezando por la cola en desempleo de larga duración y en la baja cualificación de nuestros desempleados. Somos el segundo. Aunque más de un 90 por ciento de los españoles en trabajos temporales quisiera tener un empleo de mejor calidad, también esto les pasa a algunos austriacos, hasta a un 9,5 por ciento de los ellos. Asimismo a pesar de que en España ha crecido el porcentaje de trabajadores pobres, siendo en la actualidad cuatro veces superior al finlandés, al menos esta gente tiene un trabajo. ¡Peor están los rumanos y los griegos!, que superan nuestros números.

Para no venirme abajo me pasé al capítulo de sanidad en el que no es difícil estar satisfecha. En el noveno puesto, España obtiene una calificación algo superior al 7 (Suecia alcanza un 8 mientras que Letonia, en último lugar, solo llega al 3.25). La percepción de que existen necesidades médicas no cubiertas (debido a que el tratamiento es caro, está lejos o es necesario esperar mucho tiempo) es pequeña en términos comparados y en el indicador de resultados sanitarios ocupamos la décima posición del ranking de países. Además, hay algo en lo que estamos mucho mejor que ¡los alemanes!: nuestra esperanza de vida sana es de 65 años, estamos en el quinto puesto, mientras que ellos están en el décimo quinto (56,5 años). Confío en que la dieta mediterránea y la calidad del sistema sanitario nacional conseguirán compensar el empeoramiento de la salud que sabemos que se produce debido a la precariedad laboral.

En el área educativa, 8 países, entre los que por ejemplo están Lituania, Estonia o Lituania obtienen una calificación superior al 7. España no encuentra entre ellos porque está en el otro extremo del ranking pero, aunque no alcanza el aprobado, nuevamente España no está sola. A pesar de que no hemos logrado disminuirlo, el peso del estatus socio-económico en los resultados escolares no es en España tan alto como en otros países. Lo que sí me llena de orgullo es que hemos logrado reducir el abandono escolar. Quizá algo menos el hecho de que España tiene el peor dato de toda la UE en este indicador y además nuestro gasto en educación preprimaria es comparativamente escaso.

En el área de cohesión social y no discriminación, la brecha entre países es de casi cuatro puntos. España ha empeorado casi seis décimas desde 2008 pero, oye, Rumania ha descendido más aún. Ocupamos un lugar intermedio, algo por debajo de la media de la Unión. Es verdad que el coeficiente Gini delata que nuestra desigualdad está entre las más altas de la UE (puesto 23), incluso por encima de Grecia y lo mismo ocurre con la ratio de Ni-nis, que sigue siendo muy elevada (22,2 por ciento frente a la de Holanda que es de un 7,2). Sin embargo, conseguimos posicionarnos en tercer lugar, en el cuanto a la presencia de mujeres en el Parlamento.

Existe una brecha muy llamativa en la capacidad de los países para prevenir la pobreza. Únicamente dos países, la República Checa y Suecia, superan el 7 mientras que Bulgaria solo alcanza una calificación de 1,18. Una gran noticia es en que nuestro país, el riesgo de pobreza en mayores de 65 es de alrededor de 14 por ciento, uno de los menores de la UE. El matiz viene después y confieso que aquí ha estado a punto de desinflarse el optimismo que he demostrado a lo largo de este artículo porque en el caso de los niños de entre 0 a 17 años, alcanzamos un doloroso 34 por ciento y no consigo que me consuele que Hungría, Grecia, Bulgaria y Rumania estén peor que nosotros.

Finalmente, con puntuaciones superiores a 7 en el área de la justicia intergeneracional, los países nórdicos obtienen las mejores notas gracias a su apuesta por las energías renovables (no tanto en emisiones de CO2), el gasto en investigación y mantienen niveles de deuda pública de alrededor del 45 por ciento del PIB. También han logrado un equilibrio entre las políticas para los mayores y las políticas de familia y género mediante la fiscalidad, el desarrollo de servicios públicos y permisos para padres y madres. En el caso particular de la política de familia, como era de esperar dada su trayectoria, Francia acompaña a Suecia en el primer puesto con la nota de Matrícula de Honor, un diez. España solo alcanza un 5, pero al menos es un punto más que los peores países que son Chipre, Hungría e Italia. La ratio de dependencia demográfica española, no es de las más altas de la UE en la actualidad. Aunque la verdad esto no es un gran desahogo porque España es uno de los Estados donde más ha crecido y es un país que parte con niveles de deuda elevados, un 99 por cien del PIB, para afrontar el incremento de los gastos.

Seguro que en el Índice de Justica Social de 2018 puntuaremos mejor. O puede que no. Las vigas que sostendrán nuestro futuro son endebles. Por alguna razón, no conseguimos asumir que la creación de empleo precario solo nos colocará a la cabeza de los países a los que no queremos parecernos y ni siquiera por mucho tiempo. Además, me cuesta creer que seamos tan miopes, invirtiendo tan poco en los jóvenes y niños. Ellos, como ponen de manifiesto los datos, concentran la mayor parte de los problemas y además van a heredar nuestra deuda. El gobierno ignora la necesidad de mejorar estas partidas. No me queda claro que el PSOE de la nueva época siga queriendo incluir en su nuevo programa los compromisos de lucha contra la pobreza infantil que sí adquirió en el anterior.

*Este índice se calcula a partir de 28 indicadores cuantitativos (procedentes de Eurostat y de las estadísticas de la UE sobre condiciones de Vida (EU-SILC)) y cualitativos (obtenidos mediante una encuesta a expertos) asociados con varias dimensiones: la prevención de la pobreza, la equidad en materia educativa, el acceso al mercado laboral, la cohesión social y la no discriminación social, la salud y lo que los autores denominan la justicia intergeneracional.

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