Fillon lo cambia todo

La segunda vuelta de las primarias de la derecha y del centro francés ha confirmado la movilización popular y el éxito interno del domingo pasado. Los dos discursos finales ilustran la carga emotiva vivida en menos de 15 días. El perdedor, Alain Juppé, favorito desde hacía más de 8 meses, se retira de la política después de 40 años de ‘segundón’. El ‘mejor de todos nosotros’ como lo describió Jacques Chirac, el último heredero del chiraquismo, no será Presidente: “luchad por una Francia apaciguada y reconciliada. Una Francia optimista, trabajad para dar un sentido a Europa. Tended la mano a los jóvenes europeos, vuestros hermanos” dijo en su discurso de concesión. El ganador, François Fillon, celebró compungido su rehabilitación simbólica después de ser el primer ministro sacrificado en el altar del hiperpresidencialismo inaugurado por Sarkozy en 2007. Un político humillado por los sondeos durante los últimos tres años, y por el propio expresidente, que le tildaba de simple ‘colaborador’. “Encarno los valores franceses y los compartiremos con aquellos venidos de fuera que quieran a Francia. Vamos a ser una nación soberana (…) La izquierda es el fracaso, la extrema derecha es la ruina, hablo de ganar a esos partidos, no a sus electores que también quiero llevar hacia adelante. (…) Voy a conseguir el desafío de decir la verdad. Nada puede parar a un pueblo que se erige para luchar por su futuro”, fueron algunas de las pistas que dio el que será candidato a la elección presidencial.

¿Por qué ganó el imprevisto Fillon? Probablemente ‘por una cuestión de percepción’, por retomar una expresión de Françoise Fressoz. A tres semanas del escrutinio Sarkozy se empeñó en presentar a Alain Juppé como el candidato ‘centrista’ de las primarias, como el ‘infiltrado’, el ‘tibio’. El apoyo que le brindó François Bayrou, presidente histórico del partido del centro, se convirtió en un regalo envenenado para Juppé. La estrategia cuajó. Al mismo tiempo, una parte de los conservadores rechazaron, como ya hicieron en la elección presidencial de 2012, el estilo arrogante de Nicolas Sarkozy. Fillon emergió de rebote como la conjunción de los dos polos, aunque solo fuera desde un punto de vista psicológico. Teniendo en cuenta que se trataba de un voto ‘entre miembros de una misma familia’, la facilidad para cambiar de opinión al último minuto también favoreció una volatilidad asumida. 

Además, Fillon hizo hincapié en dos temas que parecen movilizar más que nunca al electorado conservador francés: la encarnación del antagonismo más radical respecto a Hollande, y el orgullo hacia los valores de la derecha francesa (catolicismo, familia, soberanía nacional, pragmatismo internacional, y sobre todo, animadversión vehemente hacia ‘el islamismo radical’). No es casualidad que mientras los otros candidatos se centraban en publicar libros programáticos, Fillon se pasó el verano escribiendo ‘Vaincre le totalitarisme islamique’, donde dice cosas como: «¿cuántos más muertos deberemos todavía sufrir para darnos cuenta que ya no se trata de terrorismo, si no de una nueva forma de guerra mundial?”, o “entre la impotencia de la resignación y la escalada demagógica, escojo el combate total, ese que movilizará a todos los sectores de intervención del Estado desde la política exterior, la defensa, la seguridad y la justicia, la educación, la política urbanística, la cultura…”.

En ese sentido, Fillon lo cambia todo. Su victoria borra el futuro que parecía ya escrito de antemano con el candidato Juppé, considerado más capaz de reunificar los votos de la derecha, del centro, y de los decepcionados del gobierno actual. En el escenario 2017, Juppé aparecía como el mejor posicionado para la trama “todos contra Marine”. En los sondeos a todavía 6 meses de las elecciones, Juppé era el único político, de cualquier partido, que le ganaba la primera vuelta a Le Pen, y era el que le sacaba más distancia en la segunda. Fillon, en cambio, es una incógnita todavía por resolver, y supone un aviso más en la tendencia de confundir democracia con simple cálculo o predicción política.   

A nivel de programa, Fillon se ha comprometido a implementar medidas tan poco consensuales como: pagar más por la cobertura médica, 500.000 puestos de funcionarios menos, una reforma laboral rupturista, la eliminación del impuesto sobre la fortuna, condicionar ciertos derechos y ayudas sociales al absentismo recurrente o a delitos cometidos por los menores de la familia… A nivel internacional, aboga por el fin de las sanciones a Rusia, una redirección de Europa hacia una Europa de las Naciones, un directorio de gobernanza del euro formado por los jefes de estado, una disminución de las competencias de la Comisión, la defensa de los ‘intereses nacionales’ franceses, un soft Brexit con la firma de un convenio para relanzar las relaciones con el Reino Unido, triplicar el presupuesto de Frontex… En definitiva, “para defender nuestra civilización, hay que hablar con todos, Bachar Al-Assad, Putin, Trump o China”. Todo puede cambiar en los próximos meses, pero si Fillon no rebaja su tono abiertamente conservador en el plano social y sigue defendiendo un programa que considera él mismo ‘duro’, el candidato se inscribirá en la línea de lo que se ha visto en Europa con Nicolas Sarkozy o con Theresa May – flirteando abiertamente con el lenguaje y las tesis del UKIP -.

Mientras tanto, los interrogantes son múltiples: ¿hasta dónde irá François Fillon para hacerle la competencia al Front National?, ¿qué harán los centristas franceses con un candidato opuesto a avanzar en la integración europea?, ¿puede la izquierda lograr una movilización similar en las primarias alrededor de Hollande, Valls o Montebourg?, ¿cómo interpretarán los candidatos ‘outsiders’ como Emmanuel Macron el éxito de un Fillon que hasta 10 días antes del escrutinio iba cuarto y estaba descartado?

Este texto forma parte del ciclo de análisis que publicaremos con motivo de las elecciones presidenciales que se celebrarán en abril y mayo de 2017. Posts relacionados: El ‘sursaut’ de la derecha y el centro francés (noviembre 2016)

1 Comentario

  1. Eduardo
    Eduardo 12-04-2016

    El escenario de una segunda vuelta entre un ultraliberal (a Fillon lo desmenuzó bien Mélenchon el viernes en Burdeos) y la extrema derecha ( el FN ya es considerado por los editorialistas de El País como un “partido convencional”) es descorazonador. No hay lugar para el voto útil. Entre los socialistas, solo Montebourg parece mantener distancias con el liberalismo ubicuo, lo que hizo que también el diario El País le tachara de “populista infiltrado en un partido convencional”, después de la entrevista a Le Monde que le costó el puesto.

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