De Breitbart a la Casa Blanca

Después de la victoria electoral de Donald Trump hemos tenido ocasión de leer muchos análisis sobre las claves de su victoria y las causas de la derrota de su rival Hillary Clinton. La arrolladora personalidad del millonario ha eclipsado todo lo relacionado con su campaña, pero ahora, ya instalado en la Casa Blanca, hemos empezado a mirar con más detenimiento a quien estaba detrás de su estrategia electoral.

A lo largo de la campaña electoral se ha dicho que Trump carecía de estrategia, más allá del populismo y la crítica antiestablishment, y no tenía más programa electoral que su propia personalidad. Pero lo cierto es que ha sabido diferenciarse, primero, de sus rivales en las primarias republicanas y luego de su contrincante demócrata, con un estilo comunicativo que rompía radicalmente con la habitual estrategia de la clase política estadounidense. Antoni Gutiérrez Rubí defiende que “las formas son fondo” y no ha podido quedar más demostrado en la estrategia de Trump, marcada  por la teoría de la conspiración y la confusión, calificando a los medios tradicionales de ofrecer información sesgada -o, directamente, falsa-, y sembrando la creencia generalizada de que todo estaba arreglado o politizado; “envenenando” la red utilizando una dialéctica chabacana y poco democrática de constantes insultos, descalificaciones y barbaridades altisonantes; y la publicación de noticias completamente falsas y sensacionalistas para obtener un efecto burbuja que se desarrolla al margen de todo mecanismo de control; todo ello para contribuir a la confusión, donde quien pierde es la verdad, dejando elegir “su verdad” (posverdad) al espectador en función de sus simpatías.

En esta heterodoxa estrategia ha tenido un papel fundamental Steve Bannon. De 62 años, Bannon, que es conocido por su enfrentamiento con la élite del Partido Republicano y fomentar las teorías conspiratorias, es un ex oficial de la Armada, ex banquero de Goldman Sachs, ex inversionista en Hollywood, y ex director del portal de noticias de extrema derecha Breitbart News –del que hablaremos a continuación-. Famoso por su postura ultranacionalista y acusado de antisemitismo, Bannon se unió a la campaña el 17 de agosto para sustituir a Paul Manafort, el experto estratega de Washington que tuvo como misión reconvertir al republicano en un candidato de perfil más tradicional. La apuesta final por el director de Breitbart demostró que Trump no tenía ninguna intención de moderar su discurso y que, por el contrario, estaba dispuesto a ir todo lo lejos que hiciera falta. Así, Bannon se convirtió en jefe de estrategia y consejero principal del presidente electo de Estados Unidos.

Con Bannon como mano derecha de Trump, la estrategia de los “hechos alternativos” alcanzó su máximo esplendor. Para ello se sirvió fundamentalmente del portal de noticias que dirigió hasta que se incorporó a la campaña de Trump.  Breitbart News fue fundado en 2007 por su socio Andrew Breitbart sin que fuera un medio muy conocido (según un estudio de la Universidad de Vanderbilt, pasó de tener 32 millones de visitas en 2015 a 75 en 2016). En un principio, esta web era el canal favorito de los seguidores del Tea Party, el ala más conservador del partido republicano, ya que no se interesaban en ofrecer noticias objetivas, sino aquello que querían leer sus seguidores, en una especie de populismo periodístico donde se inventaban historias de fácil comprensión de los héroes conservadores frente a la odiada izquierda.

Según el Southern Poverty Law Center (SPLC), que monitoriza grupos de odio, Bannon hizo de Breitbart un recurso de base para los ultranacionalistas blancos y la ‘derecha alternativa’, un movimiento de extrema derecha asociado a la supremacía blanca, el antifeminismo, la islamofobia, la homofobia y el antisemitismo.

Breitbart se distinguió del resto de los medios conservadores de dos maneras muy significativas. Por un lado se convirtió en el portavoz de Trump, mientras otros periódicos conservadores más antiguos le declaraban la guerra; y, por otro, abrazó a la ‘derecha alternativa’, corriente que los conservadores tradicionales tienden a aborrecer. Así, Breitbart funcionó tanto como portavoz de la campaña de Trump definiendo el tono y discurso de su campaña (desagradable, con bastante aversión a la verdad contrastada y con pocas -sino ninguna- restricciones a la hora de hablar), y como perro de presa para sus enemigos, ya fueran los rivales demócratas o las críticas de otros conservadores como el presidente de la Cámara de los Representantes, Paul Ryan, el líder de la mayoría del Senado, Mitch McConnell, y el senador John McCain, que fueron muy críticos con Donald Trump.

Dentro de la estrategia de la confusión de Trump, Breitbart no tenía inconveniente alguno en difundir teorías de la conspiración, como que Planned Parenthood (una organización para la planificación familiar) tenía vínculos nazis o que la asistente de Clinton, Huma Abedin, era una espía de Arabia Saudí. La web ayudaba a caldear el ambiente de indignación que servía para justificar las promesas de Trump publicando historias misóginas y racistas; mostrando a las mujeres que luchan contra el acoso o los prejuicios sexistas como débiles e incompetentes; describiendo a las personas de color e inmigrantes como criminales por naturaleza, o relatando directamente bulos como la noticia sobre la supuesta celebración de musulmanes en Nueva Jersey tras los ataques del 11 de septiembre de 2001 (una información que Donald Trump compartió en su cuenta de Twitter).

Otro elemento fundamental para la estrategia ganadora de Bannon y Trump fue Alt-Right o la ‘derecha alternativa’. Aunque su número es difícil de cuantificar, tienen una gran presencia en las redes sociales que utilizan para acosar a periodistas y provocar indignación, al más puro estilo troll de internet. La mayoría de miembros de esta ideología son descritos como jóvenes, adictos a las teorías conspirativas, antiestablishment y con gran capacidad de activismo en internet opuestos a la corrección política, el multiculturalismo y la inmigración frente al proteccionismo y el ultranacionalismo.

Hace años, el estandarte del conservadurismo eran las páginas de la revista National Review, fundada por William F. Buckley, líder intelectual de la derecha estadounidense. Pero falleció en 2008 y no había nadie para reemplazarlo. Estos son los años de la victoria de Barack Obama y un GOP en crisis, rechazado en las urnas. El proyecto conservador estaba fallando y Steve Bannon se dio cuenta de ello. Era el momento de Breitbart News que se abrió a una gran comunidad en línea que se veía demasiado radical para ser aceptada en la sociedad de la corrección política. Desde entonces Breitbart se convirtió en la plataforma de Alt-Right, siendo puerta de entrada a sus ideas racistas y escritores descarados, en una simbiosis perfecta, y tomaron a Donald Trump como su candidato.

Pero esta estrategia de la confusión no podría entenderse sin el papel fundamental que jugaron las redes sociales. Como explica muy bien Laura Teruel, Trump llevó a cabo un manejo impecable de los socialmedia hacia sus intereses. Según el Pew Research Center, el 44% de los adultos estadounidenses afirmaba haberse informado de la campaña electoral a través de los medios sociales y aquí el protagonista fue Trump, quien ponía enlaces a medios alternativos (Breitbart News) o afines (Fox News, Daily Mail) e incendiaba las redes sociales con comentarios populistas, demagogos y agresivos de tal forma que obtenía eco en todos los medios.

Trump era una máquina de generar titulares y audiencia para los medios de comunicación con sus declaraciones e insultos por Twitter (el 11% de sus tuits han sido insultos a oponentes, medios de comunicación o críticos republicanos con su campaña, según Schwartzmann y Johnson del Washington Post) por lo que copaba los medios con su mensaje sin necesidad de gastar enormes sumas de dinero en publicidad.

Además, hubo una explotación consciente de las debilidades de Facebook con el fin claro e inequívoco de distorsionar la campaña. Gracias al algoritmo EdgeRank Facebook filtra nuestro muro de noticias determinando qué publicaciones aparecerán en éste y en qué orden. Ésta fórmula matemática se basa principalmente en tres factores: afinidad (grado de interacción entre el usuario y el creador del contenido), peso (relevancia del contenido que publicamos) y tiempo (antigüedad de la publicación). Así, las fake news (noticias falsas) corrían sin ningún filtro entre grupos que tenían afinidad, retroalimentando las creencias y la polarización del espacio público de debate. La estrategia de publicar las noticias falsas, incendiarias y sensacionalistas de Breitbart News consiguió convertir esta red social en una cámara de espejos o de resonancia (‘echo chambers’) que no solo amplificó enormemente el mensaje de una manera completamente distinta a como lo hicieron los medios tradicionales, sino que, además, generaron una “normalización” que permitió a personas que antes no habrían expresado sus opiniones debido al miedo a ser criticados o a la corrección política (la famosa “espiral del silencio” de Noelle-Neumann) lo hicieran sin reservas ante la apariencia de que todo su entorno en la red pensaba de la misma manera.

Así llegamos a la que ha sido designada por el diccionario de Oxford como la palabra del año, posverdad, que alude a un concepto político en el que los hechos importan menos que las creencias. Las noticias difundidas por Breitbart News, aunque eran poco creíbles y tenían fuentes dudosas, a pesar de que fueron desmontadas por los medios de comunicación de prestigio, consiguieron calar en el imaginario colectivo de los norteamericanos y sirvieron para reforzar el frentismo que caracteriza a un sistema bipartidista.

Bajo la estrategia de la confusión, las noticias falsas y la polarización política que impuso Bannon, salieron ganando la mentira interesada, el bulo descalificador y los hechos sin verificar, poniendo en duda la credibilidad de la realidad. Y he aquí el verdadero riesgo de la nueva situación en la que nos encontramos: el peligro de construir el mundo con falsedades, “hechos alternativos”, con palabras y no con realidades.

Es curioso, pero fue Abraham Lincoln, el primer presidente del partido republicano, quien dijo aquello de “puedes engañar a todo el mundo algún tiempo, puedes engañar a algunos todo el tiempo, pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo”. Esperemos que así sea.

1 Comentario

  1. Agustín Orviz
    Agustín Orviz 02-20-2017

    Parece que la que se atribuye a Lincoln sobre el engaño masivo es de un tal Jacques Abbadie del siglo XVII http://quoteinvestigator.com/2013/12/11/cannot-fool/

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