“Brasil ha perdido su imagen de país emergente fuerte”

En esta entrevista realizada por Conrado Arias, la Directora del Instituto de Mercados Emergentes de la Universidad de Cornell, en Nueva York, la profesora Lourdes Casanova confiesa estar desilusionada con el panorama político brasileño, y sus actuales perspectivas. Autora de The Political Economy of an Emerging Power, Lourdes Casanova cree que la búsqueda del “sueño brasileño” queda bloqueado por la falta de un liderazgo político que no esté implicado en la corrupción sistémica del país. “Para empezar, con un pequeño detalle: ¿Cómo puede Brasil tener un gobierno sin mujeres?”

El análisis sobre Brasil está en muchas de sus publicaciones. A nivel personal, ¿qué sentimientos le despiertan los últimos ocurridos en Brasil? En especial la destitución de la presidenta Rousseff.

Los sentimientos son de tristeza, por la situación en la que ha quedado el país: dividido, desilusionado con los políticos y sin esperanza en el futuro.

La gran pregunta del millón en Brasil ahora mismo: ¿La destitución de Dilma ha sido un golpe?

Está claro que fue muy bien organizada y que Dilma desestimó el poder de la oposición. A su vez, la oposición desestimó la fuerza de Dilma, que hasta el último momento defendió su posición. Fue una situación en la cual la corrupción estaba tan extendida que deslegitimó el proceso.

Usted ha escrito varios artículos sobre Brasil entre los países emergentes del mundo. ¿Cómo afectan los últimos hechos económicos y políticos en esa clasificación, como país emergente?

Brasil ha perdido su imagen de país emergente fuerte. Dicen que cuesta mucho conseguir una buena reputación, y que se puede perderla en un minuto. Esto es lo que ha sucedido a Brasil.

Brasil ha invertido mucho en tener un rol más protagonista, muchas veces en sinergia con otros países emergentes, en las Relaciones Internacionales. ¿Cómo cambia este posicionamiento con el nuevo gobierno de Michel Temer?

Para escribir mi libro The Political Economy of an Emerging Power: In search of the Brazil Dream, lancé una encuesta entre 100 personalidades del mundo de la política y de los negocios en el verano del 2013. No hubo consenso en esta cuestión. Cada respuesta era diferente: líder de Latinoamérica, líder de los emergentes, líder en las negociaciones con Estados Unidos o Europa… Esa falta de enfoque siempre ha sido problemática. Brasil no puede ser líder de todo, y necesita iniciar un debate y ser consecuente con su política.

Brasil empezó la década de 2000 como muchos otros países en América Latina, con presidencias que enfrentaban directamente las políticas de corte neoliberal que se consolidaron en el continente en los 1980s y 1990s. En la crisis actual, que parece igualmente golpear toda la región, ¿qué es coincidencia?

Las preferencias políticas de los ciudadanos cambian, se produce un cansancio y si que se constata que hay un giro a la derecha. La cuestión es saber qué políticas implementar y saber quién está interesado en invertir, en qué sectores y cuándo.

Está claro que en Brasil el factor externo tuvo gran influencia en la crisis actual. Pero internamente, ¿en qué cosas se puede decir que el Partido de los Trabajadores tuvo culpa?

El Partido de los Trabajadores no supo enfrentarse a los problemas de corrupción, y mantuvo una actitud de mirar hacia otro lado. Eso le costó muy caro.

Muchos de los defensores de la destitución de la presidenta Rousseff defienden que el Partido de los Trabajadores debilitó la fortaleza institucional del país. Acusan incluso al PT de haber sido uno de los partidos más corruptos de Brasil. ¿Comparte usted esta percepción?

Una vez oí decir que cuanto más rico es un país, más corrupción hay. Como Brasil creció mucho en la década de los 2000, hubo más corrupción. No es fácil medir la corrupción, ni saber quién fue más corrupto. Está claro que el sistema político actual brasileño, con tantos partidos políticos y sin claras mayorías, induce a la corrupción, como se ha podido comprobar en los últimos escándalos. Es aquello de que el que esté libre de culpa, que levante la mano.

¿Ve usted oportunidad para que las instituciones democráticas se restablezcan en Brasil?

Creo que el proceso será largo, porque no hay liderazgo político — y el que hay está implicado en casos de corrupción. Y, ¿quién se va a sacrificar cuando ha habido dos presidentes destituidos en 25 años? ¿Quién se atreve? Se necesita un gran debate, lograr el consenso de nuevo y ser muy valiente en las ideas y en los líderes. Para empezar, con un pequeño detalle: ¿Cómo puede Brasil tener un gobierno sin mujeres? Solamente 8 países de los casi 200 no tiene mujeres en el gobierno.

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